14 de marzo de 2026

El asesinato de Kennedy

El asesinato de John Fitzgerald Kennedy puede que haya sido el mayor misterio del siglo XX, la teoría de la conspiración máxima. Sabéis muy bien cómo sucedió todo: el 22 de noviembre de 1963, el presidente de los EEUU se paseaba con su mujer en un Lincoln Continental descapotable por la Elm Street de Dallas, saludando a los muchos asistentes en una mañana soleada y espléndida, y de repente recibió un primer disparo en el cuello y un segundo que le hizo explotar la cabeza. Un fabricante de ropa llamado Abraham Zapruder grabó el famoso vídeo con su cámara doméstica Bell & Howell de 8 mm.

Enseguida se detuvo a un tal Lee Harvey Oswald, un pobre diablo que trabajaba en el depósito de libros desde el que, supuestamente, se habían realizado los disparos. Oswald aseguró desde el principio que él era "sólo un chivo expiatorio", pero no llegó a juicio. Dos días después, un tal Jack Ruby, mafiosillo propietario de un puticlub de allí de Dallas, le pegó un tiro a quemarropa durante un traslado policial muy mal custodiado.

A partir de ahí, se creó la llamada Comisión Warren para hacer un macrojuicio que llegase al fondo del asunto. Declaró todo el mundo, hubo fuerte seguimiento mediático y, diez meses después, se llegó a estas conclusiones:

  1. Lee Harvey Oswald había realizado tres disparos con un fusil Mannlicher-Carcano de cerrojo italiano con tradicional fama de poco fiable entre los militares. Entre cada disparo, habían transcurrido entre 5,6 y 8,3 segundos, accionando Oswald el cerrojo manualmente. El punto desde el que había disparado Oswald era una ventana del sexto piso del Texas School Book Depository, donde trabajaba. Ese punto estaba exactamente a 86 metros de la cabeza de Kennedy en el último disparo. Se hicieron pruebas con ese fusil con tiradores expertos del FBI y los Marines desde esa ventana y ninguno consiguió acertar.

  2. De los tres disparos, uno falló completamente, rebotó en la acera e hirió levemente a un transeúnte, el otro atravesó el cuello de Kennedy, cambió de dirección, penetró por la espalda del gobernador Connally, que iba sentado delante, le salió por el pecho, le atravesó la muñeca derecha y terminó alojándose en su muslo izquierdo. El supuesto proyectil apareció después en una camilla del hospital prácticamente intacto, sin apenas deformación, como recién salido de fábrica. Ésta fue la célebre "bala mágica", catalogada como la pieza CE 399.

  3. Tras los disparos, Oswald escondió el rifle detrás de unas cajas en el sexto piso, bajó cuatro tramos de escaleras y fue encontrado por un policía y el encargado del edificio en la segunda planta tomándose tranquilamente una Coca-Cola, sin jadear y sin mostrar signos de agitación. Todo en aproximadamente noventa segundos.

  4. La autopsia de Kennedy, llena de irregularidades, se dio por correcta. El cerebro se extrajo y luego se perdió. Las fotos publicadas mostraban un cráneo prácticamente intacto cuando en televisión se vio cómo estallaba en pedazos. Los médicos que lo atendieron en un primer momento hablaron de "herida de salida masiva en la zona occipital", es decir, la zona trasera, pero se dio por buena la versión del único tirador y el disparo por detrás. Las notas originales de la autopsia desaparecieron y el patólogo jefe, un tal Humes, declaró haberlas quemado en la chimenea de su casa.

  5. El mafiosillo Jack Ruby, con antecedentes de contacto con la mafia de Chicago, había matado a Oswald actuando en solitario y movido por "la pena que sentía por Jackie Kennedy".

  6. En conclusión, Oswald y Ruby fueron dos lobos solitarios que no conocían a nadie.

A partir de 1975, cuando por fin la revista Life, que había adquirido el día después del asesinato la cinta grabada por Abraham Zapruder por 150.000 dólares, decidió darla a conocer, el escándalo fue tan grande que al año siguiente la Cámara de Representantes creó el House Select Committee on Assassinations (HSCA), un comité especial que tuvo como misión reabrir las investigaciones de los asesinatos de John F. Kennedy y Martin Luther King. Este comité trabajó con bastante más seriedad y en su investigación incluyó el análisis acústico de la grabación del dictáfono policial de la plaza Dealey, pruebas balísticas, testimonios de nuevos testigos y revisión de las conexiones de Oswald y Ruby con la inteligencia y el crimen organizado. En 1979 se publicaron sus conclusiones: Kennedy fue "probablemente asesinado como resultado de una conspiración", y hubo con alta probabilidad al menos cuatro disparos, procediendo uno de ellos del grassy knoll, el montículo de hierba que estaba delante de Kennedy en su lado derecho, no detrás.

Aparte de esto, en los años posteriores al asesinato, todos los testigos fueron muriendo en circunstancias violentas o inusuales (accidentes de tráfico, suicidios, disparos en supuestos atracos) antes de que pudiesen declarar ante el HSCA. Siete altos cargos del FBI que habrían sido llamados a declarar murieron en un período de seis meses. Alguien hizo un cálculo matemático y concluyó que la posibilidad de que esto ocurriese de manera no intencionada era de una entre cien mil billones.

Aquí detallo las muertes, para que se vean claras:

  1. Louis Nichols (junio 1977) — Ex número tres del FBI, responsable de la investigación del asesinato de JFK. Causa oficial: infarto.
  2. Regis Kennedy (junio 1977) — Agente del FBI que confiscó películas domésticas grabadas durante el asesinato. Causa oficial: infarto.
  3. James Cadigan (agosto 1977) — Experto en documentos del FBI, con acceso a pruebas documentales clave del caso. Causa oficial: caída en su domicilio.
  4. Alan H. Belmont (agosto 1977) — Asistente especial de J. Edgar Hoover y enlace del FBI con la Comisión Warren. Causa oficial: "causas naturales" sin especificar.
  5. J. M. English (octubre 1977) — Director del Laboratorio de Ciencias Forenses del FBI, donde se analizaron el rifle y la pistola atribuidos a Oswald. Causa oficial: infarto.
  6. Donald Kaylor (octubre 1977) — Químico especialista en huellas dactilares del FBI, vinculado al análisis de la huella de Oswald supuestamente encontrada en el rifle. Causa oficial: infarto.
  7. William Sullivan (noviembre 1977) — Director de la División 5 (contrainteligencia) del FBI, figura central en las operaciones encubiertas de la agencia. Causa oficial: disparo de un cazador cerca de su casa en New Hampshire, catalogado como "accidente de caza".

Cuatro de los siete murieron de infarto antes de ir a declarar. En ninguno de los casos hubo una autopsia mínimamente seria, el médico de cabecera certificaba la muerte y se enterraba.

Entonces, la Comisión Warren sólo aceptó disparos desde el depósito de libros. Ved aquí un pequeño diagrama de la posición desde la que supuestamente se le disparó a Kennedy:

En esta captura de Google Maps podéis ver la visión trasera del coche de Kennedy, se supone que las balas llegaron desde la última planta del edificio de más a la izquierda. Esto está justo a las espaldas de Kennedy:

Y en esta captura podéis ver la valla de madera en la grassy knoll desde la que se discute si se hizo el último disparo. Esto está delante de Kennedy a su derecha:

Quien quiera comprobar esto por sí mismo, puede introducir la geoposición 32.77908294290025, -96.80862041022846 en Google Maps y darle al "Street View".

Y ahora vamos a ver los fotogramas de la grabación de Abraham Zapruder:

En este primer fotograma, puede verse cómo se produce una explosión en la parte frontal de su cabeza. El polvillo anaranjado que suelta parece que es una mezcla de la carga explosiva de la bala y la pulverización de la sangre, la piel y el cráneo de Kennedy. Es obvio que la bala no era una bala normal, como la que se dispara a un ciervo.

En el segundo fotograma, se puede ver que le falta ya una parte de la cabeza:

En el tercer fotograma, se puede ver que Kennedy es empujado hacia atrás:

Es por esto que, tras publicarse este vídeo, se reabrió el caso y se concluyó que tenía que haber dos tiradores. Ved vosotros el vídeo remasterizado.

El problema fue que la HSCA no pudo señalar de manera concluyente a ningún culpable. Se hablaba de la mafia, de exiliados cubanos, de la Unión Soviética, del deep state e incluso del vicepresidente Johnson.

En 1991, Oliver Stone hizo la película JFK, que sugería la tesis de la conspiración del deep state. Fue una película muy taquillera y con tres Oscar, y se dice que contribuyó a que se aprobara al año siguiente la JFK Assassination Records Collection Act, la ley que obligó al gobierno federal a desclasificar progresivamente los documentos relacionados con el caso.

En 1995, el afamado periodista Norman Mailer publicó un tocho de casi mil páginas titulado Oswald's Tale: An American Mystery, que investigaba muy a fondo la vida de Lee Harvey Oswald. Yo leí en su momento el libro en la traducción de Anagrama y me pareció muy bien escrito pero poco valiente. La conclusión a la que llegó Mailer fue que era cierto que Oswald había actuado solo, y eso no me convenció en absoluto.

El tema de Kennedy siguió siempre presente en la cultura popular estadounidense. Se construyó una narrativa que idealizaba al personaje, se lo veía como un gran idealista que quiso hacer cambios sociales y fue martirizado en plan Jesucristo.

A partir de ahí, vino el bombazo real, que pasó prácticamente inadvertido. En 1994 se grabó este documental, que muestra una entrevista con un tal James Files, un tipo de Chicago que cumplía condena por haberle disparado a un policía. Files en el vídeo cuenta su vida a las órdenes de Charles Nicoletti, Johnny Roselli y Sam Giancana en los años 60 en Chicago. También cuenta su experiencia en el ejército, sus contactos con la CIA y cómo fue uno de los dos encargados de dispararle a Kennedy dentro de todo el operativo del asesinato. Files no se guarda nada, lo explica todo con detalle.

Por supuesto, enseguida saltaron los "escépticos", los que piden una prueba más fehaciente, los que prefieren el "sentido común" de las obvias mentiras oficiales. El FBI desautorizó las confesiones de Files, se suponía que no era más que un mitómano con ganas de protagonismo.

Pero Files, a mi entender, es el único que ha ofrecido hasta ahora una versión realmente coherente de lo que ocurrió.

Quién quería matar a Kennedy:

Lo primero que hay que entender del asesinato de Kennedy es que el desencadenante fue el fracaso del intento de invasión de Cuba por parte de algunos exiliados cubanos que habían sido entrenados por la CIA como guerrilleros. La operación se llevó en principio en secreto, pero el plan incluía un desembarco en la Bahía de los Cochinos y un apoyo aéreo posterior. Kennedy se encontró el plan ya diseñado por su antecesor Eisenhower, y en un principio lo autorizó pero luego, en pleno desembarco y cuando ya habían empezado los tiros, canceló el apoyo aéreo y dejó vendidos a los suyos. Estuvieron tres días intentando resistir, pero Fidel acabó matando a 114 y capturando a más de 1.100.

Dice Files:

Así que yo nunca había soportado a Kennedy desde que nos dejó tirados. No nos dio la potencia de fuego y yo sentía que nos habían traicionado. Pero en ese momento nunca había considerado siquiera matar a nadie por esa situación. Pero cuando Charles Nicoletti me dijo que íbamos a "hacerle un favor a mi amigo", yo pensé que se referían a alguien de la zona, y le dije: "¿Por qué? ¿Qué demonios hizo?". Y él se rio y dijo: "No, a él no. Vamos a hacerlo con John F. Kennedy, el presidente". Me quedé un poco impactado al principio, pero dije: "Oye, estupendo, me da igual". Estaba dispuesto a hacer cualquier cosa que él quisiera.

[...]

Sentí eso desde hacía mucho tiempo, pero mis razones eran específicamente por Bahía de Cochinos. Muchos otros cubanos y yo sentíamos lo mismo, porque nos sentíamos traicionados por John F. Kennedy. Teníamos tropas aerotransportadas esperando para entrar, teníamos buques de guerra listos, y no recibieron apoyo alguno. Fueron masacrados, fueron a prisión, fueron capturados, asesinados, torturados. Eso fue porque el señor Kennedy, el presidente, no dio su palabra de actuar. Lo único que tenía que hacer era dar la autorización y el asunto cubano se acababa. Era nuestro. Pero dio marcha atrás en la promesa. Tenía el poder de decir sí o no, y dijo que no. Se echó atrás.

Lo que Files probablemente no sabía o no quiso mencionar fue que había otros motivos:

La mafia de Chicago tenía un problema con Kennedy. Sam Giancana, el jefe supremo, había contribuido decisivamente a su campaña electoral, supuestamente a través del padre, Joseph Kennedy, que tenía vínculos con el contrabando de alcohol desde los tiempos de la Ley Seca. La mafia esperaba que un presidente "amigo" les dejara operar tranquilos. Ocurrió exactamente lo contrario: Kennedy nombró a su hermano Robert fiscal general, y Bobby Kennedy lanzó una ofensiva sin precedentes contra el crimen organizado. Las investigaciones y procesamientos contra la mafia se multiplicaron durante su mandato. Tipos muy chungos como Giancana, Santos Trafficante (Florida) y Carlos Marcello (Nueva Orleans) se sintieron gravemente traicionados.

El otro problema de Kennedy era Allen Dulles, el director de la CIA durante la fallida invasión de la Bahía de los Cochinos. Kennedy lo culpó del fiasco y lo destituyó a él, al subdirector Charles Cabell y al director de operaciones Richard Bisell. Parece que Kennedy dijo la frase: "Hay que hacer pedazos la CIA y esparcirla al viento". Dulles había dirigido la CIA durante una década y tenía muy tupidas redes clientelares y un ascendente sobre casi todos los directivos. Parece que Dulles siguió siendo un director en la sombra tras su destitución y maquinó para que a Kennedy se le disparase. Lo cierto es que, cuando Johnson sustituyó al recién finado, nombró al mismo Dulles como miembro de la Comisión Warren.

Kennedy tenía también problemas con todo su Estado Mayor. Los generales lo consideraban blando frente a la URSS y Cuba, y lo presionaban para una intervención militar directa. Además, en los meses previos, había firmado la orden NSAM 263, que iniciaba la retirada gradual de asesores militares de Vietnam y anticipaba ya la asunción de la derrota, lo que cancelaría enormes contratos del complejo militar industrial. También se iba a ver a los nazis y les decía: "Ich bin ein Berliner".

De modo que el estado profundo comenzó a pensar en una eliminación de Kennedy que fuese ejecutada por uno de sus colaboradores más habituales, la mafia de Chicago. Sam Giancana ordenó directamente la muerte de Kennedy y se la encargó a su mejor sicario, Charles Nicoletti, apodado "Chuckie el Mecanógrafo", aunque sus máquinas eran de tecla única. Nicoletti había sido miembro fundador del Forty-Two Gang, la cantera de la que salieron Giancana, "Mad Sam" DeStefano, Sam "Teets" Battaglia y otros futuros pesos pesados del Outfit de Chicago.

La planificación:

James Files era en aquel tiempo un chaval de veintipocos años que colaboraba con Giancana en tareas menores. Lo reclutaron cuando lo vieron en una carrera ilegal de coches en un polígono industrial y lo usaban de espía y conductor, pero también era bueno disparando.

Files se desplazó desde Chicago a Dallas una semana antes para inspeccionar el terreno y contactar con Oswald, que era colaborador de la CIA:

Lee Harvey Oswald sabía que yo estaba allí, pero nunca le dije por qué estaba allí. Simplemente se presentó y le dijeron que se quedara conmigo y me ayudara en lo que pudiera. Lee Harvey Oswald y yo nunca discutimos el asesinato de John F. Kennedy. Yo no discutí eso con nadie, porque mi parte en aquel momento no incluía participar en el asesinato propiamente dicho. Todo lo que hice fue llevar el coche, llevar las armas, limpiar las armas, calibrar las miras, asegurarme de que todo funcionaba correctamente, y conocer la zona que rodeaba Dealey Plaza hasta las autopistas y carreteras locales que pudieran usarse como punto de extracción para salir de Dallas en caso de que algo saliera mal. En ese punto no tenía ninguna participación en el asesinato más allá de hacer mi pequeño trabajo.

Luego llegó Nicoletti:

Desde allí aparcamos el coche. Esa mañana había estado lloviznando, era una mañana fresca. Aparqué el coche al lado del edificio del Depósito de Libros de Texas. El señor Nicoletti y yo nos bajamos y caminamos arriba y abajo por toda la zona de Dealey Plaza. Cubrimos cada esquina, pasamos junto a los edificios, inspeccionamos varias cosas, y simplemente hablábamos de manera casual sobre una cosa u otra, el tiempo y demás.

Nicoletti tenía pensado disparar desde el depósito de libros, cuyo acceso sería facilitado por Oswald, que había conseguido allí un empleo dos semanas antes. Pero no vio claro disparar él solo:

Sobre las 10:30, el señor Nicoletti me preguntó cómo me sentiría apoyándolo y cubriéndole las espaldas en esto. Me dijo que yo no dispararía a menos que fuera extremadamente necesario. Le dije al señor Nicoletti que sería un honor hacer cualquier cosa para respaldarlo.

Me preguntó: "Si fueras a estar aquí fuera, ¿dónde te posicionarías en Dealey Plaza?". Y le dije: "Bueno, he estado observándolo todo, y por lo que he caminado y la semana que llevo aquí, creo que elegiría allí arriba, detrás del árbol, detrás de esa valla en la loma elevada, junto a la loma de hierba". Me preguntó: "¿Por qué allí?". Le dije: "Bueno, tengo el patio de maniobras del ferrocarril detrás, hay un aparcamiento, tengo un lugar donde puedo esconder lo que necesite, y puedo pasar por un trabajador del patio ferroviario por el momento hasta que llegue el momento. Nadie me prestaría mucha atención".

[...]

Entonces, alrededor de las 11:10, me preguntó qué arma elegiría usar allí. Le dije que me gustaría usar la Fireball. Me dijo: "¿Por qué esa? Solo tienes un disparo". Le respondí: "Un disparo es todo lo que voy a tener de todos modos si espero hasta el último momento para disparar, y puede que ni siquiera dispare. Y es fácil de ocultar, la puedo llevar en un maletín y nadie me prestará atención. Es más fácil irme de allí". Y eso fue exactamente lo que hicimos.

De modo que fueron dos los tiradores: el primero Chuckie the Typewriter, un tipo conocido por tirar siempre pequeñas ráfagas rápidas, el segundo James Files, en aquel tiempo llamado James Sutton, un tipo que se lo jugaba todo a una sola bala.

El arma de Files, que él nombra como la Fireball, era la Remington XP-100 "Fireball", una pistola de cerrojo de un solo tiro, con un cañón de 10,5 pulgadas y culata de plástico. Realmente, era una mezcla de fusil y pistola, sólo medía 42 cm. de largo y pesaba 1,7 kg. Tenía cerrojo manual como un fusil, mira telescópica y la potencia de un arma larga en un formato que cabía en un maletín. Estaba hecha para medias distancias, ahí era letal. Según el relato de Files, el arma se la dio el agente de la CIA David Atlee Phillips y no estaba a la venta, era un prototipo. Files usó una bala rellena de mercurio líquido, lo que le dio el efecto explosivo. Aquí la podéis ver.

La ejecución:

El plan de Files y Nicoletti era bien sencillo: cada uno iría a su lugar, dispararían y luego se reunirían en el punto en el que Files tenía aparcado su coche. Había también una tercera persona que haría de apoyo logístico y cobertura. Luego, Files los llevaría a un lugar de las afueras en el que ellos tenían otro coche, y de ahí cada uno volvería por su cuenta a Chicago. Las instrucciones de Nicoletti eran claras: él dispararía primero, y Files sólo debía intervenir si Kennedy seguía vivo más allá de la señal de entrada en la autopista 35E. Files no sabía nada de cómo pretendía Nicoletti dejar un fusil en el depósito de libros para que implicaran luego a Oswald. Lo más probable es que el fusil que realmente se usó no fuese el que allí se encontró, sino otro mejor que Nicoletti llevó consigo, porque Files recuerda que al subir al coche luego llevaba el fusil.

Poco antes del mediodía volvimos al vehículo. Saqué el maletín, le di la vuelta a mi chaqueta y volví al patio del ferrocarril. Aseguré el maletín y luego anduve por allí. Bajé al césped, observé las cosas. Nadie me prestó atención. La gente se iba congregando.

Poco antes de que llegara la caravana, volví arriba y empecé a posicionarme mejor para poder alcanzar el maletín. Sabía que una vez que abriera el maletín y sacara el arma, nadie estaría mirándome. La caravana estaría haciendo su primer giro, y no tendría que sacar la Fireball del maletín hasta que aproximadamente hicieran el giro en Elm Street. Tendría tiempo de sobra.

En ese momento, cuando empezaron a avanzar por Elm Street, comenzaron a sonar disparos desde atrás, y yo supuse que era el señor Nicoletti porque él era quien estaba en el edificio. Sabía que Johnny Roselli estaba allí. Recuerdo los disparos sonando, y aunque el presidente estaba siendo alcanzado por las balas, yo lo consideraba un fallo porque sabía que íbamos a por un disparo en la cabeza, y sabía que le habían dado en el cuerpo pero no sabía en qué parte.

Vi el cuerpo sacudirse, vi el cuerpo sacudirse de nuevo. Oí otro disparo que falló. Se suponía que no debíamos alcanzar a nadie más que al señor Kennedy. Supongo que el gobernador Connally fue alcanzado por una de las balas. En ese momento yo ni siquiera estaba seguro, porque mantenía a Kennedy lo mejor que podía en la mira de la Fireball.

Cuando llegó al punto en el que pensé que sería mi última oportunidad de tiro, apunté al lado izquierdo de la cabeza, porque si esperaba más, Jacqueline habría estado en la línea de fuego, y me habían dado instrucciones de que no le pasara nada a ella.

En ese momento pensé que esta era mi última oportunidad para un disparo, y todavía no le habían dado en la cabeza. Así que cuando disparé esa bala, el señor Nicoletti y yo habíamos disparado aproximadamente al mismo tiempo. La cabeza empezó a ir hacia adelante y luego fue hacia atrás. Lo que yo diría es que su bala impactó aproximadamente una milésima de segundo antes que la mía. Quizás eso fue lo que empezó a empujar la cabeza hacia adelante, lo que hizo que yo fallara en el ojo izquierdo y entrara por el lado izquierdo de la sien.

En ese momento, a través de la mira, presencié cómo toda la materia y el cráneo salían despedidos hacia la parte trasera de la limusina. Todo el mundo que estaba viendo la televisión vio a Jackie Kennedy arrastrarse hacia atrás para recogerlo.

Puede verse en este relato el motivo por el que Nicoletti esperó a disparar hasta que el coche hubiese pasado, que es algo que siempre extrañó a los investigadores. El plan era tener a Kennedy en fuego cruzado.

La escapatoria:

Observé todo eso, volví, puse la Fireball de nuevo en el maletín y lo cerré. Me quité la chaqueta, la volví del revés de modo que en vez de un aspecto de camisa de cuadros tuviera el aspecto gris de una chaqueta de vestir, más o menos. Me puse una gorra en la cabeza y me fui caminando con el maletín. [...] Tenía una Colt 45 dentro del bolsillo en el lado izquierdo, mi maletín en la mano derecha, y estaba preparado para abrirme paso a tiros si llegaba el caso.

[...]

Cuando salía de Dealey Plaza, nadie intentó detenerme. Había dos agentes de policía a probablemente 6 u 8 metros de mí que habían sido detenidos por alguien que se hacía pasar por agente del Servicio Secreto. Podía oír parte de la conversación. No miré hacia atrás por encima de mi hombro. No corrí. No me quedé parado. Simplemente mantuve un paso natural y procedí a salir, como un hombre de negocios que se va después de almorzar.

[...]

Iban a salir por la puerta y guardar sus... bueno, Johnny Roselli no llevaba arma. Charles Nicoletti era quien llevó el rifle, y lo guardó de nuevo en el maletero del vehículo. Y yo sabía que estaba en el maletero porque todavía estaba allí cuando llegué al motel y lo saqué, porque el plan era que él volviera y pusiera lo suyo en el maletero, yo tendría el maletín y lo deslizaría bajo el volante. Johnny Roselli estaba sentado en el asiento trasero, Charles Nicoletti estaba sentado en el asiento del copiloto delantero derecho. Abrí la puerta del Chevrolet, me subí y arranqué.

[...]

Volví al hotel, entré en el aparcamiento, aparqué el vehículo, lo aseguré, fui a la habitación que ya tenía alquilada, la que había ocupado toda la semana. En ese punto entré para limpiarme: me desnudé, me duché. Usé la cera caliente para eliminar cualquier residuo de los poros de la piel. Cuando terminé con los detalles que tenía que hacer, esperé hasta el anochecer. Luego salí, saqué todas las armas enfundadas, las llevé a la habitación, las limpié, las aseguré, y más tarde, después de medianoche, cuando no había actividad, volví a salir, quité el asiento trasero del coche y puse las armas de vuelta detrás del asiento, donde teníamos un compartimento para ellas. Volví a entrar, me fui a dormir, esperé hasta el amanecer. Luego conduje desde allí hasta la parte sur de Illinois, por la vieja Ruta 66, pasé la noche allí, y conduje el resto del camino al día siguiente hasta Chicago. Me habían dado instrucciones al principio, cuando fui a Texas, de no conducir de noche, no ser parado por ningún agente de policía, no exceder la velocidad y viajar solo durante las horas de luz, para que no hubiera preguntas. Y yo siempre fui bueno siguiendo órdenes. Usé el mismo procedimiento de vuelta a casa.

Lee Harvey Oswald:

Oswald fue el chivo expiatorio, el pardillo. Es cierto que colaboraba para la CIA, pero los que dirigían operaciones decidieron que era hora de quitarlo de en medio. No sé si desconfiaban de alguna forma de él, o simplemente era un bobo fácilmente sacrificable. Pienso que el empleo en el depósito de libros ya se lo consiguieron con ese propósito.

Conocí a Lee Harvey Oswald a principios del 63. Estábamos transportando armas por allí. Lo conocí a través de David Atlee Phillips [agente de la CIA]. Lee Harvey Oswald y yo no fuimos amigos en ese momento; nos hicimos más amigos cuando estuvimos en Dallas juntos. Pero lo conocí en Nueva Orleans y en las afueras de Nueva Orleans, en un pueblecito que creo que se llamaba Clinton. Habían estado llevando unas subametralladoras semiautomáticas del calibre 45, fabricadas creo que por Knoxville Arms en esa época. [...] Lee Harvey Oswald tenía el mismo controlador que yo: David Atlee Phillips. Porque David Atlee Phillips me lo presentó. [...] Tuve participación con la CIA, sí. [...] La CIA... alguien en organizaciones gubernamentales tuvo una participación importante, porque suministraron identificaciones del Servicio Secreto para diferentes personas. No sé quién las usó, pero vi las identificaciones ese día, la mañana del asesinato. David Atlee Phillips me había dado la Remington Fireball en aquel entonces, pero no específicamente para Kennedy. Me había dado esa arma y había sido usada antes del asesinato de John F. Kennedy, cuando habíamos hecho otros trabajos. Creo que la había usado dos veces antes; Kennedy habría sido la tercera.

[...]

Chuck me dijo que Lee Harvey Oswald iba a enseñarme la zona, y por eso alguien se puso en contacto con Lee Harvey Oswald y le dijo dónde estaba yo, en el hotel de Mesquite. Se presentó el segundo día que llevaba en la ciudad. Pero, como digo, Lee Harvey Oswald y yo nunca discutimos nada sobre el asesinato, aunque supongo que ambos sabíamos lo que estaba pasando, pero nunca lo discutimos.

[...]

Creo que su papel fue plantar evidencia para despistar a todos. Y no creo que Lee Harvey Oswald tuviera la menor sospecha de que su vida estaba en peligro.

Parece que había ya previamente un plan para matar a Oswald sin que pudiese hablar mucho. El plan no pasaba por Jack Ruby, sino por otro sicario llegado de Chicago que debía actuar ese mismo día. Lo que dice Files es que ese sicario falló, fue detenido por el policía llamado J.D. Tippit y lo mató. De esa muerte se consideró también culpable a Oswald:

El hombre que mató a J.D. Tippit estaba vivo hace tres años. No he hablado con él en los últimos tres años. Pero Lee Harvey Oswald no mató a J.D. Tippit, porque el hombre que mató al agente de policía esa tarde pasó por mi hotel y me dijo: "Las cosas se complicaron hoy. Maté a un policía". Y mi respuesta fue: "Bueno, hiciste lo que tenías que hacer". Y se fue poco después.

[...]

La persona a la que me refiero ahora no formaba parte del equipo para asesinar a John F. Kennedy. Hasta donde sé, su trabajo habría sido matar a Lee Harvey Oswald, según entendí sin hacer preguntas directas, porque no quería saber lo que nadie más estaba haciendo. Todo lo que quería saber era cuál era mi asignación, lo que yo tenía que hacer. Cuanto menos supiera de otras personas, mejor para mí, porque no quería que mucha gente supiera quién era yo o qué estaba haciendo.

Una vez que el primer plan falló, usaron a Jack Ruby, mafioso de medio pelo con locales de juego y puticlubs que había hecho recados para Al Capone y luego tenía alguna cosita con los Giancana, Marcello y Trafficante. Johnny Roselli, el mafioso con más y mejores contactos con la CIA, contó esto años más tarde a la prensa.

La desclasificación de 2025:

A partir de esta última desclasificación que ha hecho Trump, se ha confirmado que, antes del 22 de noviembre de 1963, la CIA tenía un expediente de 181 páginas sobre Oswald y que al menos 35 oficiales de la agencia produjeron esos informes. Tres unidades de contrainteligencia le siguieron la pista desde su deserción a la Unión Soviética en 1959 y su aparición en Dallas en 1963. Otro dato interesante que revelan los archivos es que Oswald visitó la embajada soviética en Ciudad de México semanas antes del asesinato y se reunió con un agente de alto rango de la KGB. También ha quedado demostrada la relación de Oswald con la mafia de Chicago para intentar asesinar a Fidel Castro. Otra información revelada es que la CIA participó en el secuestro y asesinato de Trujillo y otros líderes de terceros países. Entonces, no queda claro de manera fehaciente y notarial que la CIA organizó el asesinato de Kennedy, pero sí que queda claro que estaba siguiendo a Oswald, que tenía contacto con él y que los agentes llamados a declarar, sobre todo Allen Dulles, mintieron a la Comisión Warren.

Mi conclusión:

A mí me queda claro que Files tiene una alta credibilidad, por el nivel de detalle que da y por ser la única versión que realmente encaja con todos los detalles que se han conocido. Se han hecho muchas conjeturas, pero nunca se ha dado una versión completa y coherente del caso.

Por tanto, el resumen de lo que ocurrió es muy fácil de hacer:

  1. Las políticas de Kennedy acerca de la Guerra de Vietnam, la destitución de poderosos directivos de la CIA, la persecución de la mafia y la traición al exilio cubano en Bahía de los Cochinos llevaron al estado profundo norteamericano a planear el asesinato de Kennedy, de la misma forma que habían hecho con otros líderes políticos en otros países.

  2. El modus operandi de la CIA en estos casos nunca era disparar directamente, sino que usaban sus redes clientelares de las mafias de las varias ciudades. Esas mafias habían ido creciendo durante el siglo XX al calor de la protección y la permisividad del estado profundo.

  3. Se encargó el trabajo a la mafia de Chicago, liderada por Sam Giancana.

  4. Sam Giancana eligió al sicario suyo de mayor confianza, que era Charles Nicoletti. Nicoletti eligió al joven James Files como tirador de apoyo.

  5. La CIA dio información sobre los movimientos de Kennedy, produjo documentación falsa para permitir dar cobertura a los tiradores y, muy probablemente, influyó en la desprotección que tenía Kennedy ese día.

  6. Sí que hubo dos tiradores, uno en el edificio de libros (Charles Nicoletti) y el otro en el "montículo de hierba" (James Files). Los dos escaparon y nunca fueron condenados.

  7. Se usó a Lee Harvey Oswald como chivo expiatorio para cargarle toda la culpa y enseguida matarlo para que no hablase.

  8. Las "teorías de la conspiración" han tenido razón desde un primer momento, y todos esos bobos que se empeñan en creer y propagar las mentiras oficiales son la mejor ayuda para que estados profundos, mafias y políticos corruptos sigan en sus actividades.

  9. Y no he hablado hoy de OVNIs, pero otro día lo haré.