8 de abril de 2002
La pérdida del glamour
Hubo un tiempo en que todo lo que tuviera que ver con internet tenía un halo de prestigio y de glamour. Jóvenes empresarios que montaban start-up, flasheros con "mucho futuro", consultorías con gran potencial de crecimiento. Todos ellos descorbatados y con nula capacidad de ventas y de gestión.

Había una "erótica" de internet que hacía que todo lo relacionado con ella fuera atractivo. Ligar por internet, escribir en internet, conocer gente de muchos países, tener una página web personal, todo se relacionaba con un alto nivel cultural.

Ese glamour es historia ya. Hace tiempo, leí a un norteamericano que decía algo como "hoy en día, ir a trabajar sin corbata en Nueva York es sinónimo de ser un completo fracasado", refiriéndose a los empleados de las punto com. En aquel momento me pareció exagerado, en España todavía se vivía esa especie de farándula tecnológica de los gurús sin afeitar. Pero a día de hoy parece que aquel sentimiento de los americanos ha llegado ya a España. A veces oigo hablar a los periodistas acerca de internet y es raro oir nada bueno. No cuento ya lo que dicen los empresarios.

He leído este viernes en El Mundo un lamentable artículo sobre los "blogs" o "bitácoras", en donde se decía que eran la prensa del futuro, porque bla, bla, bla. Nada más alejado de la realidad. Los periodistas ignoran internet porque es un canal de difusión de información extremadamente limitado:

La lectura es más difícil, el lector lee un 30% más lento, lo que le hace perder tiempo, y se cansa más la vista.

Además, entre página y página hay que esperar a que se descargue, cosa que no hay que hacer con un periódico de papel.

Al mismo tiempo, la posición de lectura es mucho más incómoda, puesto que hay que estar sentado en una silla, que precisamente es la misma postura que empleamos para trabajar, con lo que los problemas de espalda y el aburrimiento se agravan.

Tampoco puedo llevarme el "blog" para leerlo en el autobús o en casa de mis padres.

Todo esto da para una nueva columna, pero lo digo ahora para que se tenga presente.

El hecho de que los suplementos digitales de los periódicos tengan un nivel tan bajo no es nada extraño, teniendo en cuenta que allí sólo han entrado periodistas jóvenes con muy poca experiencia. Por no tener, ni siquiera tienen experiencia navegando internet, y los artículos se basan en un par de enlaces sacados de Google o a saber de dónde.

Los empresarios ven en internet, no solamente una trampa para perder dinero al invertir, sino una lacra que en su empresa hace perder productividad. Las visitas a MTX se duplican entre semana y en horas de trabajo. Eso sólo puede significar que la gente está navegando mi página web cuando tendría que estar trabajando. Por supuesto, es posible que algo de la información de esta página sirva para utilizarla en el trabajo, pero tengo la sensación de que eso no es así.

Creo que ha quedado claro que los negocios del futuro no son ni vender ropa por correo ni libros en formato electrónico. La gente quiere tocar el producto antes de comprarlo y poder pedir explicaciones a quien se lo vende. Y quieren pagar en metálico y no andar pensando por las noches si les van a vaciar la cuenta corriente. Tampoco quiere quedarse sin vista leyendo en una pantalla (sobre todo si ya se ha pasado el día entero en una oficina leyendo en una pantalla), cuando el verdadero precio de un libro es el tiempo empleado en leerlo, no las dos mil pesetas que cuesta.

Ahora que se ha visto que no hay futuro, y que lo único que puede funcionar es currar como un negro, como hacemos todos, parece que trabajar en internet ya no es tan "enrollado". Las empresas de internet son sinónimo de precariedad. No hay dinero, no hay mercado, sólo hay una especie de resistencia numantina de algunos que van a acabar en la calle después de haber sido explotados.

Ligar por internet, aquello que antes parecía tan tecnológico y futurista, ha quedado como una actividad marginal, de niñatos salidos o de mujeres insociables. Los chats han dado demasiados quebraderos de cabeza y decepciones, y allí sólo quedan los desinformados o los que se acostumbran a las humillaciones (una vez conocí a una chica de Madrid que era tan fea que el 80% de las citas que tenía a través del chat acababan en estampida del chico, tras excusas baratas, pero a ella le daba igual y seguía entrando al chat y quedando con chicos. Como yo soy bastante preguntón y perspicaz, enseguida me di cuenta de que su físico no era muy agradable, que digamos).

Escribir en internet, aquello que a mí mismo me parecía el nuevo canal del futuro, que derribaría la anquilosada literatura española y la vergüenza de la prensa sumisa, no ha resultado más que una especie de catarsis para almas en pena. Nadie parece tener la más mínima intención de aprender a poner las comas, todo el mundo cuenta su anodina vida con una tranquilidad total. Otros se dedican a recoger enlaces que ven en otras páginas web (lo cual me parece útil pero poco interesante). Hay quien presume de escribir mal, y aún hay otros que parecen no darse cuenta de lo mal que escriben. A todo esto, hay un montón de buenos escritores que ignoran completamente la web. Al principio pensaba que se trataba de desconocimiento del nuevo medio, pero ahora mismo tengo claro que los buenos escritores tienen la mala costumbre de cobrar por escribir o de publicar en medios de prestigio. Y la web carece hoy en día de prestigio y de rentabilidad económica. Y me parece que las cosas van a seguir así durante bastante tiempo.

Los proveedores han ayudado también lo suyo a esa pérdida del glamour. Acuciados por las deudas, han buscado por todos los medios incrementar el número de visitas, rebajando el nivel de sus contenidos. En Terra, con suerte, se pueden encontrar artículos dignos de la revista Mía, pero poco más. Además, en su cruzada por captar conexiones ADSL, retrasan el tiempo de conexión de las antiguas tarifas planas, de forma que después del marcado hay que esperar un minuto exacto hasta que se puede navegar.

La web no funciona como elemento de socialización. Tampoco funciona como soporte de transmisión de textos de calidad, no digamos ya como soporte multimedia. Pero, sobre todo, la web no funciona como negocio.

No funcionan los bancos on line porque sin oficinas no se pueden tener clientes. La gente necesita poder contarle sus problemas con sus palabras a un cajero que puede ayudarles. No quieren correr el riesgo de equivocarse en algo o de perder una contraseña y encontrarse la cuenta vacía. Al banco se va a ingresar cheques o a meter dinero, no veo cómo se pueda hacer eso por internet.

No funcionan las tiendas virtuales porque ir de compras es ya un placer en sí mismo. Y además, cuando se compra se adquiere algo físico, y eso debe enviarse por correo, con lo que se retrasa la entrega y se corren riesgos que no son necesarios. Las tiendas seguirán siendo como son y habrá dependientes que nos aconsejarán y nos explicarán en qué consisten los productos.

No funcionan los vendedores de contenidos porque el soporte sigue siendo un ordenador de sobremesa, y eso es muy limitado, no puede valer para todo. Un discman es una cosa, un libro otra, y un televisor otra. No podemos integrarlo todo en un mismo cacharro, que además se concibió para introducir información, más que para extraerla. Además, las espaldas del consumidor particular están ya muy cargadas, y lo último que le apetece después de llegar de trabajar es gastarse dinero en el ordenador, por más interesante que sea lo que le tienes que decir. Quizá vea la tele en algún programa gratuito o responda algunos mails (cada vez menos, porque no se le saca el sentido a tanto tráfico de mensajes), pero no va a gastarse dinero. Si hay que pagar, irá al cine, al fútbol o a algún restaurante.

Supongo que habrá algún listo que diga que eso se solucionará con la televisión interactiva y el "pay per view", pero que se vaya desengañando, no habrá "pay per view" más que para los ricos y los bares, porque el consumidor medio quiere que ese contenido tenga un valor añadido, que es el de la socialización, tanto en el fútbol como en los toros como en el cine. De hecho, las televisiones de pago en España ya empiezan a tener el cierre detrás de la oreja, como si de vulgares punto coms se tratara.

La informática es para las empresas, no para la gente particular en sus casas. No necesito un ordenador de medio millón para que me encienda la tostadora cuando me despierto, porque eso me lo hago yo, y no quiero entretenerme en la cama y que se me queme la casa. Creo que el chiste de Greenspun tenía mucha razón en ese sentido.

La web es algo mucho más limitado de lo que parece. Ya se ha quedado sin esa imagen idílica de futuro. Este territorio parece que empieza a tener mapas, y muestran un continente helado, como la Antártida. No hay nada ahí, solamente un "contestador automático textual", que es como les explicaba yo a mis alumnas el concepto de página web.

16:16:00 ---------------------  

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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