25 de agosto de 2001
El gurú del patinete
He estado leyendo un artículo sobre el fracaso de Teknoland. Me han parecido muy interesantes y significativas dos cosas:

Sus fundadores vienen del mundo de la publicidad, pero acabaron siendo una "asesoría estratégica". Parece increíble que los publicistas sean asesores económicos con esa alegría. Que yo sepa, una página web es un proyecto económico global, no sólo un proyecto de "marketing". A no ser que se tenga la idea de tener como clientes a los mismos inversores, sin mirar la rentabilidad del negocio sino la capacidad de atraer capitales.

Resumiendo: los publicistas es mejor que quiten sus manos de la web. Muchas gracias.

Por otra parte, es importante, aunque no me ha sorprendido nada, que fue una de las empresas de esas que yo llamo de "los ositos amorosos", sin jerarquías, con comidas colectivas, masajes gratis, paredes decoradas como la habitación de un adolescente, etc. La empresa de los hijos de papá.
Voy a contar una cosa que no he contado todavía en Internet: al principio de buscar trabajo en Internet, sobre el mes de febrero de este año, me apunté en Infojobs a una oferta de empleo de Antena 3. Buscaban a un diseñador web que dominara HTML y JavaScript.

Me había olvidado ya de la oferta (porque me apuntaba a decenas) cuando me llamó una administrativa de allí para decirme que iban a hacerme una prueba de selección. Me explicó cómo llegar a San Sebastián de los Reyes (yo no tenía ni idea) y me dijo que la prueba sería a las once de la mañana.

Me levanté a las cuatro de la mañana y emprendí el viaje desde mi pueblo hacia Madrid. Justo al entrar en La Mancha amaneció. Atravesé toda la meseta castellana, bajo cero como estaba, pensando en por qué Antena 3 estaría interesada en mí.

Cuando llegué me pasaron por un detector de metales y me pidieron que esperara a que bajara a buscarme el encargado de entrevistarme.

Por lo menos veinte minutos estuve esperando, hasta que llegó un tipín de poco más de metro sesenta, con pulseritas de colorines y botas de montañista. Su acento madrileño me recordaba a las series de Telecinco (nunca había hablado con nadie de Madrid), pero pareció bastante simpático.

En sus oficinas tenían la calefacción a tope, se paseaban por allí en manga corta, las paredes estaban llenas de pósters con creaciones gráficas de lo más raro que se pueda pensar, a cada paso había estanterías con revistas de diseño (parecía que estaban suscritos a todo lo que se publicaba sobre el tema) y no había aparentemente ningún despacho, sólo un gran espacio con mesas dispersas sin mucho orden. Él tenía una mesa un poco aparte de las demás, con un caos de papeles y juguetitos. Detrás había un patinete de aluminio (la moda de aquellos meses) colgado de la pared.

Nunca había visto nada igual. Parecía el cuarto de juego de los niños ricos. Me pregunté si utilizaría el patinete para buscar la inspiración circulando por los pasillos.

Lo primero que hizo fue mirar mi currículum, después de buscarlo durante dos minutos entre su caos de papeles, y exclamar: "¡eres filólogo!", poniendo los ojos como platos.

Me di cuenta de que me habían hecho ir desde Alicante a Madrid sin haberse leído mi currículum. Pero no tuve tiempo de pensar mucho, porque me dio un boli viejo, que se pegaba al folio, y me pidió que rellenara el test. Me explicó que "si no sabía alguna, que me la saltara, que no pasaba nada". No entendí qué era lo que "podía pasar", puesto que ya sabía que no iba a conseguir el trabajo.

Luego me sentaron en un ordenador y abrieron una imagen en Photoshop, con unas trece capas, y me pidieron que añadiera eventos a unas partes de la imagen. Se trataba de hacer unos rótulos que dieran la sensación de iluminarse al paso del ratón.

Todavía no sé lo que quería aquel chavalote. Me levanté y le dije que no sabía hacerlo. Él me contestó que "montara la imagen sin eventos". Pero yo, que no he sido nunca muy dado a dejarme tomar por imbécil, le dije que así sí que sabía hacerlo, que no se preocupara, y recogí mis cosas y me dirigí a la salida.

Antes de despedirnos me aconsejó que buscara trabajo de maquetador y de escritor, y no de diseñador. Supongo que fue un arrebato de sinceridad por la pena que le di.

Mientras bajaba por la autovía en dirección a Valencia iba pensando en que aquello no podía traer nada bueno. Aquella gente vendía una imagen amable, pero trataba a las personas con una superioridad inaceptable. Me costó diez mil pelas el viajecito y ni tan siquiera me explicaron en qué iba a consistir exactamente el trabajo antes de ir.

Aquel mundo infantiloide no me atrajo nada, la gente que allí había, aislada de la realidad, no podía traer nada bueno a la web. Estaba claro que no había lugar para alguien de mis características, ni escribiendo ni haciendo nada, porque su "mundo perfecto" no era el sitio donde yo me había criado. Yo soy hijo del espíritu crítico, del trabajo duro y riguroso, y de eso no había nada en Antena 3 Interactiva.

No sé si en Teknoland hacían lo mismo, o si en otros sitios aún lo hacen. Pero personas adormecidas por una calefacción demasiado fuerte, con su jefe vestido de "pintas" y paseando en patinete, no puede llegar a tener ideas que funcionen en el mundo real. Aquella gente era víctima clara del ensueño tecnológico, pensaba que había encontrado por fin el lugar donde las cosas eran fáciles, sencillas y placenteras, donde no había invierno, ni carencias económicas, ni fracasos (me dijo que "si me equivocaba no pasaba nada").

No sé si el "gurú del patinete" sigue aún en Antena 3, pero estoy seguro de que se trata de uno de los últimos especímenes de una especie en vías de extinción. Los futuros gurús irán en traje, leerán montones de libros y en las paredes de su despacho tendrán calendarios y mapas, no pósters de imágenes retocadas.

17:29:00 ---------------------  

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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