26 de enero de 2019
Michel Houellebecq: Serotonina
Acabo de terminar Serotonina, de Houellebecq, y me ha parecido un libro magnífico. Hay quien dice que su mejor libro es Plataforma, para mí es Las partículas elementales, por razones que luego explicaré, pero Serotonina, por composición y calidad de estilo, me parece que está al nivel de los mejores suyos.

Si yo tuviese que envidiar una carrera literaria, sería la de Houellebecq. No le he conocido un libro malo, es un best seller brutal en todo el mundo y su influencia intelectual es cada vez mayor. Sus enemigos siguen, y seguirán, esperando infructuosamente su declive, pero es innegable que no hay un escritor como él en el mundo y que es un autor que ha marcado todo el primer cuarto del XXI.

De entrada, la edición de Anagrama demuestra que la sinvergüenza de Silvia Sesé lo ha publicado de mala gana. Un libro de Houellebecq es una máquina de imprimir billetes, y veo venir que esos billetes acabarán financiando las promociones de la Fallarás y Sara Mesa. Houellebecq tendría que dar orden a su agente de cambiar de editorial en España, una distribución con Alfaguara sería más aconsejable. Anagrama ha puesto en la cubierta un globo pinchado, no sé si para simbolizar la trayectoria literaria de Andrés Barba, y en la contracubierta ha escrito con cierta sorna: "Francia se hunde, la Unión Europea se hunde, la vida sin rumbo de Florent-Claude se hunde. El amor es una entelequia. El sexo es una catástrofe. La cultura -ni siquiera Proust o Thomas Mann- no es una tabla de salvación". A mí me parece que no es muy exagerado opinar que quien ha escrito ese texto no ha leído la novela o la ha leído en diagonal sin entenderla. A esta actitud se han sumado también todo tipo de reseñistas que han censurado los contenidos del libro desde la ética y la moral y "lo que podemos soportar". Después del #metoo, en esta nueva era, ya no cabe un escritor como Houellebecq. Ahora mismo figura como el segundo libro más vendido en las librerías después de Cómo hacer que te pasen cosas buenas, de Marián Rojas.

Aunque muchos de los reseñistas no han entendido de qué va este libro, para mí está muy claro. Es un relato sobre las rupturas amorosas. El protagonista comienza con una ruptura con su actual pareja, por culpa de unos vídeos pornográficos, y va rememorando sus anteriores relaciones fracasadas e incluso haciendo algo siempre desaconsejable como es encontrarse personalmente con algunas de ellas. Houellebecq describe con su frialdad naturalista el declive físico, el ajeno y el propio. También hay una visita a un antiguo amigo llamado Aymeric, también destrozado y arruinado por su divorcio, que va a una manifestación de agricultores y se suicida. Con esto de los chalecos amarillos, hay quien ha querido destacar este pequeño pasaje del libro como "premonitorio", un poco como ocurrió con Sumision, pero yo creo que toda la estructura del libro gira alrededor de las relaciones rotas y las tonterías y estupideces que provocaron esas rupturas. Aparece un Houellebecq sorprendente, muy alejado ya del Houellebecq triunfante de 42 años que publicó Las partículas elementales y que usaba el narrador omnisciente como una apisonadora de progres. El Houellebecq de Serotonina muestra nostalgia y ternura, habla cándidamente del amor, y presenta un final conciliador, en el que el protagonista por fin encuentra la pastillita del autoengaño y abraza la fe cristiana:
En realidad, Dios se ocupa de nosotros, piensa en nosotros a cada instante y nos da instrucciones a veces muy concretas. Esos arrebatos de amor que nos embargan el pecho hasta cortarnos la respiración, esas iluminaciones, esos éxtasis, inexplicables si se considera nuestra naturaleza biológica, nuestra condición de simples primates, son signos extremadamente claros.
Y en el párrafo anterior da la clave de todo el libro:
Yo podría haber hecho feliz a una mujer. Bueno, a dos: ya he dicho a cuáles. Todo estaba claro, sumamente claro, desde el principio; pero no lo tuvimos en cuenta. ¿Cedimos a ilusiones de libertad individual, de vida abierta, de posibilidades infinitas? Es posible, eran ideas propias del espíritu de la época; no las formalizamos, nos faltaban las ganas; nos conformamos con adaptarnos a ellas, con dejar que nos destruyeran; y luego, durante mucho tiempo, con padecerlas.
¿Estamos ante un Houellebecq ya otoñal, que avanza hacia un espiritualismo parecido al de Galdós? Ciertamente, ha perdido casi todo el hilo narrativo, tiende a divagar y fragmentar más, como le ocurrió también al Baroja anciano, pero Houellebecq, aun en esa ancianidad prematura, mantiene las dos cualidades que lo han hecho grande: la elegancia del estilo y la lucidez intelectual.

Para mí Houellebecq es el Zola del siglo XXI. Yo no sé si os habéis fijado en que después de la eclosión del naturalismo en la literatura europea comenzaron a crecer los movimientos obreros que marcaron todo el siglo XX. Cuando se explica esto en las facultades de historia siempre se achaca el proceso al Manifiesto Comunista, de 1848, pero hasta que los obreros no vieron, a través de los ojos de Zola, su verdadera situación no hubo un cambio real. En el caso de Houellebecq, a partir de Las partículas elementales se inicia una corrosión irreversible del mundo progre que cristaliza en los movimientos de la Derecha Alternativa que están dando vuelcos políticos en todas las potencias occidentales. Este cambio de paradigma marcará todo el siglo XXI y Houellebecq es sin duda el escritor más influyente del primer cuarto del siglo.

15:33:11 ---------------------  

El País de Loix (Alberto Noguera)
El relato de mis vivencias en el Mundo Igualitario y la sociedad de los andróginos.
Comprar por 3,52€ en Amazon.


© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


Leer los archivos

Entradas destacadas:
Pepito Relámpago - Pepita Nuncabaja - Seis meses en meetic - Etapas de la burbuja