8 de diciembre de 2016
¿Quién escribió "Miserias de la guerra"?
Cuando murió Pío Baroja en 1956, toda su obra quedó en manos de su sobrino, Julio Caro Baroja, quien resucitó la editorial Caro Raggio (fundada por su padre) y mantuvo en el mercado toda la obra barojiana. Cuando se le preguntaba acerca de unos supuestos manuscritos barojianos relativos a la Guerra Civil, respondía que había unas "obras crepusculares e inacabadas". Luego, en 1987, afirmó que tenía el propósito de "darlas a la luz con un estudio sobre las mismas".

Pero Julio Caro Baroja murió en 1995 y los originales no se habían publicado. Luego, en 2006, estando ya a cargo del legado barojiano el sobrino de Julio Caro Baroja (Pío Caro Baroja, quien creo que no llegó ni a conocer a Baroja), apareció una novela de más de 300 páginas, editada y comentada por el escritor Miguel Sánchez Ostiz. Esta edición tiene la letra pequeña y su extensión es superior a los clásicos barojianos (La busca, Zalacaín el aventurero, El árbol de la ciencia, El escuadrón del Brigante, Las inquietudes de Shanti Andía, entre muchas otras). Es decir, que un autor que siempre tendió a los libros más bien ligeros, con doscientas y pocas páginas, escribió al final de su vida una novela más gruesa y pesada. Esto contrastaría con otras obras de la misma época, por ejemplo los volúmenes de sus memorias, que se iban aligerando conforme sus energías se le iban acabando.

Pero además, en la obra aparece un estilo que a mí no me recuerda en nada a Baroja. Por ejemplo, en la página 174 (edición original de Caro Raggio), se dice:
Una de las propagandas más eficaces del enemigo consistía en hacer hablar por un altavoz a los que pasaban a su lado, quienes llamaban por sus nombres a los que hasta hacía poco habían sido sus camaradas, elogiando las comidas que les daban, cosa que hacía mucha mella entre los que sentían la escasez de alimentación, que fue aumentando en el lado rojo, hasta el final de la guerra, alcanzando la miseria absoluta.
No he visto nunca a Baroja escribir un párrafo tan largo ni meter esa cantidad de subordinadas. Tampoco le reconozco hablando así en abstracto, sin poner ejemplos ni buscar esa palabra certera y económica que tanto lo caracterizó.

En otros párrafos de la novela, sí que veo al Baroja que yo conozco (p. 179):
Manolito era primo de Mercedes, joven esquinado y descontento, a quien cortaron la carrera. Se había preparado para ser diplomático. Ya con la Revolución era imposible y tendría que esperar a que acabara este período de guerra y de fusilamientos. Había ido a ver a su prima a la pensión y le había ofendido ver la bandera inglesa en la puerta.
Entonces, me gustaría saber qué es lo que realmente hicieron Sánchez Ostiz y el sobrino-nieto de Baroja. Me suena a que pudo ser verdad lo que dijo Julio Caro Baroja, en cuanto a la fragmentariedad e inconclusión de los manuscritos, y a que alguien después, viendo la oportunidad comercial (que no llegó luego a ser tanta), tras el éxito de Soldados de Salamina y la pequeña moda que surgió, decidió recopilar aquello, ponerle "pegamento" y rellenar con alguna parrafada tipo Wikipedia. Y no se preocupó ni siquiera de intentar imitar el estilo de Baroja.

Un año antes, en 2005, había aparecido un volumen memorialístico titulado La Guerra Civil en la frontera que recopilaba textos dispersos de Baroja, escritos durante la contienda. Algunos de estos textos se escribieron como artículos y se publicaron inmediatamente en periódicos de Argentina (y con ellos Baroja financió su manutención en el exilio), mientras que otros aparentan ser una especie de dietario en el que Baroja iba acumulando material que luego tal vez pretendía utilizar para otros fines. Aquí sí que aparece el estilo inconfundible de Baroja, la sinceridad insobornable y la total independencia de criterio. Habiendo leído yo los siete tomos de los Campos de Max Aub y otras mediocridades (porque fueron mi campo de especialización en el doctorado) puedo decir que con este tomito de menos de doscientas páginas no hace falta nada más para comprender lo que ocurrió en la Guerra Civil. Debió el sobrino-nieto publicar lo que tenía, y no andar buscando el best seller. ¿No heredó el caserón de Itzea en el que pasa los veranos a sus anchas? Pues que no toque más las narices.

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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