11 de mayo de 2016
En el aniversario de Umbral
Hoy cumpliría 84 años Francisco Umbral. Hace unas semanas que vengo reflexionando sobre este escritor, a raíz de mi sueño, y he descubierto que la memoria me fallaba con respecto a él. Hacía casi veinte años que no leía un libro suyo. Pedí en Amazon La noche que llegué al Café Gijón y lo he leído con gran placer. O yo me he acostumbrado a la mierda de ahora, o Umbral es mucho mejor de lo que yo recordaba.

Mucho se le criticó y mucho se le odió, pero fue un chaval que no tuvo ni colegio, que pasó hambre en Valladolid, y que llegó a conseguir todos los premios de la literatura en castellano, casi sin excepción.

Yo a Umbral lo descubrí a los catorce años, justo después que a Cela. He sido un lector de sus libros, no tanto de sus columnas. Tal vez las columnas son lo que ha distorsionado la fama de Umbral. Allá en los primeros noventa yo leí Memorias borbónicas, Las ánimas del purgatorio, Memorias de un niño de derechas, Trilogía de Madrid y La década roja (el libro preferido de Mercedes Milá). Ya unos años más tarde compré Valle-Inclán, los botines blancos de piqué y El socialista sentimental. Todos estos libros ahora están descatalogados, es imposible encontrarlos más que de segunda mano.

Recuerdo que en aquella época yo leí Galíndez, de Vázquez-Montalbán, novela recomendada por toda la intelectualidad de izquierdas. Allí había un personaje que Vázquez-Montalbán describía como un "hombre cúbico". Unos días después, en el libro de Umbral sobre Valle-Inclán, se describía a Galdós como un hombre "encorpachado". Y dije: esa es la palabra que Vázquez-Montalbán necesitaba pero no conocía.

Y es que el lenguaje de Umbral era muy superior al de todos los escritores de su época. Era certero y preciso, no dudaba, tenía una pincelada suelta y rápida como Velázquez. Así como era un hombre inseguro en muchos aspectos, escribiendo era el escritor más seguro que yo he conocido. Era la fortaleza de su ego y la hiriente sinceridad lo que atraía de sus libros. Umbral sabía muy bien, igual que Cervantes, que al lector se le engancha más por el lenguaje que por la intriga. Él decía "con la técnica de la rosa y el látigo". Yo acababa un libro y enseguida empezaba el otro, hasta que en la facultad empezaron a obligarme a tragar todo tipo de paja vanguardista y ya no me quedó tiempo. En esto, se parecía a su denostado Baroja, y se diferenciaba mucho de su admirado Pla (cobardica como él solo). Para mí, sin ninguna duda, es la mejor prosa del siglo XX. Sólo ese "novelocentrismo" tan español y las rivalidades periodísticas han impedido, de momento, que se le reconozca en su justa medida.

A fecha de hoy, el estilo de Umbral, ligero, fluido, de sintaxis suelta, con zarpazos líricos pero no recargado, es el referente de nuestras letras. Y el estilo del Nobel Cela, que tanto me admiró en su momento, ha quedado desfasado por espeso, cerrado y pesado. Ya no se escribe apretando al máximo el lenguaje, ya no se pretende perfeccionar una obra de orfebrería. Ahora prima la comunicación.
"Más tarde pasamos unos cuantos meses en otra pensión más remetida en el corazón vecinal de Argüelles, pensión más oscura, húmeda y económica, y cuando por fin vivimos en pensiones diferentes sin vernos ya apenas, todavía quedábamos de vez en cuando en alguna cafetería, y él llegaba con su vespa sucia, ruidosa y vieja, y yo me montaba atrás y nos íbamos a la verbena de Tetuán de las Victorias o a las Vistillas, metiendo ruido con la moto, a bailar con las mises de barrio, comer churros, tirar al blanco y, sobre todo, viajar por la noche vacía y suave del verano madrileño, gustando la velocidad y bebiendo el aire".
Casi todo el mundo recuerda al Umbral viejo y cascarrabias que había ido a hablar de su libro, pero yo recordaría hoy al Umbral de 40 años, el que acababa de publicar tres de sus obras capitales: Mortal y rosa, Las ninfas y La noche que llegué al Café Gijón:



Aquí está la respuesta al origen de su estilo en el minuto 22:00:
"Con la técnica de la rosa y el látigo, conteniendo siempre el lirismo y con una carga de realismo, con una carga de intención y poniéndole siempre al puro mensaje un excipiente de lirismo. Creo que mis cuerdas fundamentales son dos: la ironía y el lirismo, porque esto no es un problema de estilo sino que es un problema de ser, a mí me va más el pensamiento lírico, el pensamiento irónico, que el llamado pensamiento lógico. Yo antes decía: entre el estilismo y el terrorismo".


16:22:08 ---------------------  

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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