16 de marzo de 2016
Lo que Rivera puede aprender de Trump
Parece que, mientras unos ladran, Trump sigue cabalgando. La que llaman "retórica populista" parece que sigue convenciendo a la gente: tanto dinero debemos, tanto déficit comercial hay con China, tantos empleos están deslocalizados, tanto paro ha ocultado la administración Obama, tanto nos cuestan las guerras, el lobby farmacéutico, los crímenes de inmigrantes ilegales. Y para calmar el populismo sacan la moral, la ética y los grandes principios unos tíos que van al mitin de otro a hacerlo callar, boicotearlo para manipular el resultado y que no pare nunca el dinero de los demás de ir hacia sus bolsillos.

Pero nada de eso va a funcionar, porque quienes arman el barullo en esos mítines son votantes del otro partido, son el electorado de Obama, y eso sólo puede hacer que Trump merezca más respeto por parte de las bases republicanas.

Trump va bien porque se ha atrevido a levantar el velo progre, hecho de tabús y silencios, de cosas que no se pueden decir y cosas de las que no se puede hablar. Porque esas cosas, si se dicen y se comentan, dejan en evidencia las dogmáticas progres, que básicamente ofenden al sentido común.

Y por eso cuando empezó a hablar en las primarias estoy convencido de que la mayoría de los inútiles periodistas y politólogos que tenemos debió mirar para otro lado, creyendo que se la iba a pegar.

Y cuando no se la pegó, rápidamente recurrieron a las socorridas etiquetas de "extrema derecha", "xenófobo", "populista", etc. Pero esas etiquetas no han surtido ningún efecto porque a él sencillamente le dan igual. Todo es no tener miedo del qué dirán.

La corriente de superación de lo progre está instalándose ya por todo Occidente: en Alemania, la gente de Alternativa para Alemania está tomando ya posiciones cada vez más relevantes, a falta de un verdadero líder; en Francia, la señora Le Pen obligó al Partido Socialista a retirarse de las elecciones regionales para dejar ganar al centro-derecha; en el Reino Unido, Cameron (uno de los políticos más inteligentes de nuestra época) está ya desplazándose para tapar el hueco a su derecha, empezando por el referendum de pertenencia al euro.

Pero en España seguimos con el miedo a decir lo que realmente pensamos. ¿Cómo puede un tío que va a unas elecciones a decir que hay demasiados inmigrantes ser tachado de racista y xenófobo cuando en todas las encuestas el 95% de los españoles anónimamente opina que hay demasiados inmigrantes? Claramente, hay unos pocos moralistas que nos están haciendo callar a todos. Esa barrera psicológica es la que se está rompiendo en Europa pero no en España.

Y a mí me gustaría que Rivera fuese el Trump español. Pero para eso tiene que aprender de Trump a hacer política sin miedo:
  1. Mantener sus afirmaciones:
    Cuando estábamos a dos semanas de las elecciones, algún periodista "independiente" filtró la gran bomba: en el programa de Ciudadanos se pretende eliminar el "agravante" de género en los casos de violencia doméstica. Y cuando yo pensaba que se iba por fin a abrir ese debate, se cagó en los calzoncillos Rivera, empezó a tirar balones fuera y acabó con un hundimiento de cara a las urnas. Pedir la igualdad ante la ley le daba vergüenza al señor Rivera. A Trump todavía no lo he visto echarse atrás en ninguna afirmación, por más que carguen contra él desde todos los mass mierda. La propuesta suya del muro con México no sólo la mantiene hasta hoy sino que cada vez que le amenazan desde México él responde: "el muro acaba de crecer diez pies".

  2. Agresividad:
    Trump es el político más odiado entre las filas del partido rival, mientras que va arrasando en el bando propio. Rivera a fecha de hoy es el político mejor valorado por el conjunto del electorado, y eso significa que es un blando. Los intentos de quedar bien con todos y estar en el centro suelen acabar en política con muchas palmaditas en la espalda y pocos votos. Hay que dar leña y no parar hasta noquear al rival, como pasó ayer con Little Rubio.

  3. Concreción:
    Si hay algo que caracteriza a Trump, es su habilidad para hablar de medidas concretas. A esto le ayuda su CI de 150 puntos. Se le ha reprochado que cambia de opinión, pero eso sólo significa que es sincero. Todos cambiamos de opinión. El tema del muro con México es repetido una y otra vez en cada mitin. ¿Pero cuál es la propuesta estrella de Rivera? No ha planteado nada concreto y tangible a lo que agarrarse, ha puesto ahí su carita de bueno y ha dicho: "bueno, mira, yo no soy corrupto, pago pensión alimenticia, soy muy buena persona y quiero que me votéis". Esto es vieja política.
El hartazgo de los españoles por el bipartidismo es tal que un partido de línea dura, con propuestas valientes y un líder con solidez y agresividad se abriría camino fácilmente, mucho mejor que los bolivarianos de Podemos, completamente pasados de moda.

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
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