10 de julio de 2015
Brasil III
A las famosas dunas de Diogo no se puede acceder en coche. Hay que cruzar un río por un puente peatonal. Aunque veáis en la foto el cielo plomizo y las tablas mojadas, la temperatura siempre estaba de los 30º para arriba. Se agradecía el mojarse. Yo creo que si hubiese hecho sol no hubiese terminado la excursión.



Al final del puentecillo te encuentras ya con la arena, que es de una calidad excepcional. Es tan fina que a veces parece harina, tiene un tacto esponjoso. En este caso no quemaba, por eso he dicho la suerte de que no hiciese sol.

Me quité los zapatos y ya fui todo el camino descalzo.



Son unas dunas grandes y completamente blancas. Poco a poco han ido germinando algunos matorrales en este clima de lluvias estacionales.






Está esto tan lejos de todo que te puedes creer un Robinson Crusoe por unas horas. Puedes quedarte si quieres en pelotas, allí no hay absolutamente nada ni nadie.



Si llega a salir el sol ese tropical, que achicharra ya la piel conduciendo el coche, no sé cómo hubiésemos soportado todo el reflejo en esa arena blanca.










Al final del camino se llega a la playa. Es una playa también alejada de toda población. Aquello no tiene ningún dueño. Igual uno se hace una barraca, como deja la canoa para pescar de vez en cuándo algún vermelho para hacerse una muqueca o sacarse unas perras.





Puedes hartarte de caminar, que vas a tener sitio para poner la toalla. Hasta Venezuela, todo es playa.



Hay algunos que se compran un bughi y circulan por ahí. Otros se conforman con un quad. También está la guardia costera, que a veces pasa con el Patrol, aunque eso lo hace más en la zona de Praia do Forte porque es donde desovan las tortugas.



También es posible que alguno de los terrenos tenga dueño, porque tiene unas vallas ahí puestas. Falta saber qué uso le da, porque está todo yermo.



Volvimos sobre nuestros pasos con el bochorno que no cesaba. Estuve duchándome tres veces al día todo el viaje.



Pero hay también que tener cuidado con ciertas cosas. En esa especie de cactus que puede almacenar agua embalsada en sus hojas durante semanas, se cría la mosca del dengue. Había en esos días epidemia en el país, aunque más por la zona de Sao Paulo. 229 muertes llevaban a mediados de mayo, con 300 infectados por cada 100.000 habitantes de media en todos los estados.



Pero yo no me acordé del dengue y seguí el consejo del cartelito: "llévese sólo buenos recuerdos". La verdad es que es difícil olvidar este lugar. Pondría estas dunas y la cima de La Bonnette como los dos lugares más acojonantes que yo he visitado.



Y luego salimos de vuelta al Brasil real. A la jeta generalizada y al Estado laxo, que no alcanza a hacer cumplir sus leyes.

Esto que se ve aquí es una urbanización que ha montado cualquier cacique o mafioso sin papel alguno. La luz, el agua corriente, las calles, la seguridad, todo es una autoorganización, una pequeña ciudad-paraestado. Un tío hace guardia en la puerta, la gente entra y sale acreditándose en plan condominio, algunos con coches nuevos. Allí dentro todo son normas y normativas que lógicamente se podrán saltar a base de propinas. El único problema es que eso no debería estar allí, eso legalmente no existe.



Pero una vez que la policía detecta estas urbanizaciones irregulares, ¿creéis que vienen a tirarlas abajo? Estamos en la era de Lula. Si en Río de Janeiro les han puesto un teleférico para entrar y salir de la favela, aquí con un cartel sobra:



"La asociación de residentes de la Urbanización Jardín Imbassaí no se responsabiliza por la compra-venta de parcelas e inmuebles en situación irregular". Es decir, que si compras no te olvides de votar Dilma Rousseff si no quieres que aparezca un tío con una pala y acabe con el poblado. Si os fijáis en la foto, a la derecha arriba se ha construído uno su chalet de dos plantas en la misma duna. Igual en cinco años tiene la casa diez metros más adelante. También hay quien denuncia que las constructoras roban la arena blanca para emplearla en construcciones muy lejos de allí. Yo creo que la ciudadanía se va a concienciar y va a reaccionar ante esto, apresurándose a robar más rápido que ellos.

Y este cacao, este kilombo no fue nada comparado con lo que aún me faltaba por ver: mi visita a Feira de Santana, ciudad con una media de 61 homicidios por 100.000 habitantes cada año, más del doble que en Medellín. Esto lo explicaré en la siguiente entrada.

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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