30 de noviembre de 2014
Los hombres que pegaban a las mujeres
Anteayer me encontré con un articulillo en el periódico El Mundo que me pareció completamente acojonante. Yo ya venía sospechando desde hace tiempo que algo muy sucio se mueve por detrás de tanto bombardeo mediático con el tema de la violencia doméstica.

Resume en este artículo todo el problema la psicóloga Luisa Nieto Corominas en una sola frase: "el perfil del hombre maltratador es el del hombre machista". Nada más y nada menos. Y luego añade algo más:
"El hombre machista es el resultado de todas las relaciones que se han mantenido históricamente basadas en unos roles y unos estereotipos de género que hacen que la conducta sexista se mantenga a lo largo de todo el ciclo vital".
Por lo que deducimos que la violencia comienza por los "estereotipos de género" sin ninguna otra causa.

Esta psicóloga trabaja en una fundación que recibe fondos públicos para tratar a hombres condenados por "violencia machista". La mayoría de ellos mandaron un wasap ejerciendo coacción sobre su pareja o ex pareja. Y ahí cayeron en el ámbito de aplicación de la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de diciembre, que en su artículo 172.2 especifica:
El que de modo leve coaccione a quien sea o haya sido su esposa, o mujer que esté o haya estado ligada a él por una análoga relación de afectividad, aun sin convivencia, será castigado con la pena de prisión de seis meses a un año o de trabajos en beneficio de la comunidad de treinta y uno a ochenta días.
Al no tener antecedentes penales, no deben ingresar en prisión, pero en todo caso están obligados a seguir una terapia de rehabilitación. Y esta terapia la da Luisa Nieto con la orientación doctrinal que ha se ha expuesto arriba.

Entonces, ¿dónde se origina este reduccionismo feminista que dificulta la resolución de este problema? Para mí hace años que está claro que la violencia doméstica está siendo instrumentalizada por el feminismo radical para conseguir imponer su doctrina política a toda la sociedad. A las mujeres a través del miedo, a los hombres a través de todo el aparato represor del Estado.

Nada más hay que leer en el artículo que he citado la solución final que propone esta feminista:
Es clave que desde la infancia se establezca una educación en valores, en derechos humanos y en igualdad entre hombres y mujeres, que no haya diferenciación de roles y estereotipos entre niños y niñas.
Meter aún más la zarpa a la educación, el viejo sueño feminista de cambiar el mundo cambiando la mente de los niños (educándolos para una sociedad que no existe, desintegrándolos socialmente, como cualquiera puede comprobar a diario).

¿Existe un problema de maltrato y de hostias a las mujeres en España? Pues sí, creo que existe. A pesar de que hay otros muchos problemas como la precariedad laboral o las dificultades para tener hijos, pienso que el número de mujeres que viven con miedo de sus parejas o ex parejas es mayor de lo que creemos.

No creo, como opina el juez Serrano, que la violencia de género sea bidireccional. Creo que si en 2013 hubo 48 muertas y 26 muertos por sus parejas, me temo que las primeras lo fueron por la violencia del hombre, mientras que los segundos lo fueron por su propia violencia que se les acabó volviendo en contra. No he visto nunca, no he oído hablar de mujeres que dan hostias a sus maridos, y mucho menos de persecuciones, amenazas o acosos después de una ruptura. Sí que he visto y oído hablar de lengüecitas largas, de egoísmos, cuernos y manipulaciones, pero nada que no se pudiese resolver dejando sencillamente la relación.

Otra cosa sería hablar de la violencia emocional, verbal, sexual o incluso física de las mujeres hacia sus hijos. Ahí es donde creo que está el gran tabú o la gran zona oscura de la maldad femenina en la que nadie se atreve a entrar. Pero eso sería tema de otro artículo.

De momento lo que tengo claro es que el feminismo no tiene, ni de lejos, como premisa el acabar con los malos tratos a las mujeres. Son su principal negocio, los desean y los celebran. Si acaban esas muertes, gran parte de su poder habrá desaparecido. Por eso se apresuran a sacar tajada en materia legal y educativa. En mi opinión el feminismo sólo mejora la vida de la mujer lesbiana, dentro o fuera del armario, no de la mujer heterosexual. Una mujer en sus cabales, bien follada y con los chakras abiertos, no tiende a ser feminista. Su prioridad está en el amor y la familia, no en los "estereotipos de género" y otras sandeces.

El tema del maltrato de género se resume básicamente en la dependencia emocional, que es el lazo adictivo que impide que se rompa una relación tóxica y a todas luces insatisfactoria. Sólo a través de la dependencia emocional una mujer permanece al lado de quien la maltrata. Por consiguiente, si se evita la dependencia emocional se evitará cualquier tipo de maltrato, no sólo el punible legalmente sino muchos otros que son legales y tan dañinos o más.

Este tema de la dependencia quien lo ha tratado muy bien en España es la psicóloga Silvia Congost, a través de libros y también realizando terapias a muchas mujeres. Congost trabaja siempre desde el perdón y partiendo de la premisa de que para que se produzca una relación tóxica hacen falta dos enfermos, no sólo uno. Puede verse una explicación de un caso concreto en este vídeo:


En el minuto 43 dice: "si no perdonas, no te liberas".

También hay que tener en cuenta otra cuestión: en el minuto 54:40 la paciente refiere que ahora mismo tiene otra relación. El público queda muy alegre de ese final feliz, pero las cosas pueden no ser tan sencillas. Una mujer dependiente emocional va a repetir los mismos patrones de conducta una y otra vez mientras no reciba una terapia de largo plazo:
Un clavo no quita a otro clavo: cambiar de pareja sólo hace que profundizar en el problema que no era realmente la persona que se ha dejado, sino la propia necesidad afectiva, que no tiene inconveniente alguno en dirigirse a otro objetivo, incluso sin que haya la menor atracción, como sucede en las "relaciones de transición" que a menudo se producen en este problema.
Tal vez esta chica del vídeo siga cambiando una y otra vez de pareja, sin apenas tiempo de soltería, hasta que encuentre a otro compañero ideal hierático, narcisista y psicópata, del que se adiccionará, y se volverá a empezar el ciclo:
Fase 1: El inicio de la relación suele caracterizarse por un estado de euforia.

Fase 2: se caracteriza por la subordinación, sumisión e idealización hacia el otro, que se convierte en el centro de todo

Fase 3: se produce el deterioro de la relación con un desequilibrio extremo. El tiempo ha ido aumentando el malestar, las emociones de amenaza (temor constante a la pérdida), la obsesión, los comportamientos de control excesivo y la constante necesidad del otro.

Fase 4: aparecen relaciones de transición, para evitar la soledad.

Fase 5: se vuelve a iniciar el ciclo. Otra persona con el perfil adecuado, es decir, a la cual poder idealizar, es encontrada para formar otra relación desequilibrada.
Tipología del maltratador:
Aunque entendamos que las mujeres pueden evitar verse inmersas en este tipo de relaciones, también es importante conocer la psicología de los maltratadores para no caer en el reduccionismo feminista del que ya he hablado. Cuanto mejor se conozcan estos perfiles, mejor se podrán identificar las relaciones que van a derivar en tóxicas y se podrán abortar lo antes posible. Por las múltiples referencias que he tenido a través de mi trabajo y de mi vida personal, yo establecería tres tipos de hombres maltratadores:
  1. El maltratador por dependencia emocional:
    Éste es el caso más numeroso con diferencia. Es el individuo que persigue incansablemente a la mujer, que tiene sucesivas relacioncillas con sus respectivas rupturas. No es un hombre que "no ama a las mujeres", como decía el artículo, sino que las ama demasiado. Por carencias afectivas de su infancia, quedó con hambre crónica de afecto. Es exactamente lo mismo que la mujer dependiente emocional, sólo que por las diferencias biológicas esto no se traduce en una sumisión sino al contrario, en un cuadro posesivo y celotípico que va creciendo progresivamente hasta convertir la relación en una angustia continua y en un rosario de rupturas y reconciliaciones.

    El maltratador por dependencia emocional se identifica muy sencillamente en que tras sus explosiones de furia posesiva inmediatamente después plantea una fase de "luna de miel" en la que todo parece ser perfecto y estar arreglado. Esto será transitorio, hasta que el excesivo apego vuelva a despertar el fantasma de los celos y se vuelva a producir otra explosión más.

    Este personajillo es tratable a través de terapia de largo plazo para aprender a desapegarse, a tener vida propia y a no convertir a la mujer en todo su universo.

    Pero mientras no esté en tratamiento, no es aconsejable como pareja. En el momento en el que monte la escenita de los celos y después venga con el ramo de flores a vender la "luna de miel" hay que cortar esa relación.

  2. El maltratador por narcisismo:
    Este tipo de individuo es como el poema aquel de Quevedo:
    ¿Miras este gigante corpulento
    que con soberbia y gravedad camina?
    Pues por de dentro es trapos y fajina,
    y un ganapán le sirve de cimiento.
    Está convencido de su superioridad con respecto al resto de seres humanos y de que merece la adoración incondicional. Es el gran Führer de las mujeres, ese caballeroso y educado profesional de éxito que pontifica urbi et orbe sobre toda materia habida y por haber. Puede salir con varias mujeres sanas que se lo quitarán pronto de encima, pero antes o después tocará con una dependiente emocional y ahí se producirá la simbiosis: él le aportará a ella la figura totémica en la que verter su fanatismo amoroso, y ella le aportará a él la admiración incondicional que tanto necesita.

    Estas relaciones son las más tóxicas y dañinas que existen, si bien son las que menos denuncias por malos tratos generan. El narcisista se mantiene siempre bajo control, sabe hasta dónde puede llegar y la línea que no debe cruzar. Es frío, calculador, carece de empatía. No necesita dar hostias, sólo con un wasap a base de "ahora te respondo", "ahora no te respondo", "ahora estoy en línea pero no te escribo", "ahora doble check azul", "ahora última conexión reciente y no reciente" es capaz de destrozar psicológicamente a su pareja. Nunca meará fuera de tiesto, siempre mantendrá la buena cara y el prestigio de puertas afuera, no se le verá perseguir ni arrastrarse, sabrá hacer que lo persiga y se arrastre la mujer, explotará su dependencia explorando los resquicios legales con técnicas dignas de Goebbels. Nunca reconocerá error alguno, estará siempre cargado de razones, pero nunca dejará de sentir un íntimo placer al hundir la autoestima de su mujer.

    Este tipo de individuos son difíciles de detectar al principio de las relaciones. Los primeros meses parecen perfectos, el novio ideal. Luego van sacando sus perversas características.

    En el momento en el que aparezcan, dentro de la relación aparentemente buena, las palabritas venenosas tipo "estás gorda", "no hables de lo que no sabes", "te crees lista" y otros excrementos mentales que pueda decir "por tu bien", es hora de ir pensando en dejar esa relación si se puede. Las manipulaciones de wasap, las llamadas a la ex, los flirteos u otras tácticas con las que va desgastando pero haciendo creer a su mujer que es ella la malpensada son otra señal inequívoca.

  3. El maltratador por complejo de inferioridad:
    A este tipo de individuo lo inflaban a collejas de pequeño, las chicas de la discoteca se volvían a poner las bragas cuando él se sacaba el cilindrín, los del bar se ríen de él con el palillo en la boca y en el trabajo otros tíos más jóvenes mandan de él. Tiene miedo de que las mujeres lo vuelvan a humillar y busca a una sumisa por naturaleza, la del rinconcito del pub que bajaba la miradita. Ahí se convierte en un caballeroso pretendiente y cuando la tiene bien amarradita empieza con insultitos, desprecios, pronto viene la bofetada y al final la hostia ya abierta.

    Éste es el tipo de relación en la que sale el vecino en la tele y dice "nadie lo diría, no habíamos oído ni visto nada". Se da en aquellas mujeres que después de cuarenta años de matrimonio se divorcia él y de repente se pone ella a contar los años y años de malos tratos sufridos. Tantos años y años y años que nadie cree que ella no estuviese a gusto.

    Básicamente, estas relaciones son de sadomasoquismo. La simbiosis se produce también aquí entre uno que disfruta dando las hostias y la otra que disfruta recibiéndolas. Pueden ser relaciones extremadamente largas, y si se rompen es porque el hombre se cansa de su mujer felpudo. Una mujer que practicaba la sumisión y el sadomasoquismo me dijo una vez: "sé que es altamente destructivo, pero es como una adicción".

    El mito del macho castigador que ha difundido el libro 50 sombras de Grey es más bien falso. El BDSM se nutre de los frikis collejeables como los "amos" y de directivos de empresas que van a que les ponga la mujer el tacón en la espalda.

    Para evitar este tipo de relaciones la mujer debe iniciar una psicoterapia que resuelva el conflicto interior que lleva a esa necesidad de ser degradada. Si se trata de una práctica estrictamente sexual, no pasa nada. Si es algo que hiere su psicología, seguramente haya cabos sin atar en su infancia que tendrán que tratarse. Y mientras tanto, cortar la relación tóxica inmediatamente.


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