10 de julio de 2014
Jenaro lo lleva claro
Se ha quedado mucha gente sorprendida por el falseamiento de cuentas de Gowex. A mí lo que me sorprendió fue que se hubiesen algunos escandalizado. Pensaba que las empresas de internet tenían permiso para falsearlo todo.

Creo que algunos sabéis que yo probé suerte con una estártap llamada GIMAD que se enmarcaba en el sector de las citas por internet. Una de las primeras cosas que hice fue pedir consejo a Martín Varsavsky, tal vez el mayor experto en internet de España. Le pregunté sobre las necesidades de financiación de este tipo de proyectos y también le comenté que veía mal la práctica generalizada de crear perfiles falsos de mujeres para hacer pagar a los hombres.

No me respondió Varsavsky sino un colaborador suyo llamado Pol Tarragó. Sobre el asunto de los perfiles falsos dijo lo siguiente:
"Veo que dices que no quieres crear perfiles falsos de mujeres. Te costará mucho crecer, mucho! O los hombres empiezan a hablar y llega a las mujeres o haces campañas de marketing para mujeres. Casi todas las empresas de dating lo han hecho antes".
¿Qué es lo que todas las empresas ya han hecho antes? ¿Crear perfiles falsos y cobrar por estafar dinero y defraudar los sentimientos de la gente? Pues sí, eso parece.

Ya unos años antes recuerdo que tenía yo otra web del mismo tipo llamada nuevosamigos.net y me encontré por primera vez con el problema: un capullo cualquiera se metió en mi blog y estuvo explicando que había creado otra web del mismo tipo, que ni tan siquiera tenía chat, y proclamó directamente que ya tenía 30.000 usuarios activos. A mí me estaba costando un montón llegar a los 1.500. Miré en su base de datos, busqué mujeres en Pedreguer y casualmente había más mujeres de Pedreguer apuntadas allí que en Meetic. Ninguna tenía foto.

Otra ocasión recuerdo en la que entrevisté en Madrid a un gurú de la época de las punto com. Era el año 2002 creo recordar. En aquel tiempo aún no las llamaban estártap, eran "empresas tecnológicas". Dijo literalmente: "nos va muy bien". Dos semanas después, concurso de acreedores.

Las empresas de internet, como práctica general, mienten. Mienten por sistema, como estrategia de negocio, falsean sus cifras, usan scripts para descargar sus apps, mienten a los periodistas, a los empleados, a los clientes, a los inversores, mienten como Zapatero cuando gobernaba. Y esto lo hacen tanto en España como en EEUU.

Titulares que se encuentran en blogs o incluso en prensa escrita son simples mentiras que los periodistas tragan: "hemos llegado al millón de descargas", "tenemos dos millones de usuarios activos", "el 90% de nuestros clientes repiten compra", "no hemos gastado nada en publicidad".

Es tan grave el problema de las mentiras que incluso un emprendedor de éxito como Eric Ries, creador del movimiento Lean Startup, llegó en una conferencia a decir, refiriéndose a los discursos que soltaban sus compañeros en los "eventos" que organizaban: "¿en algún momento han dejado de mentir?".

La estrategia empresarial tanto de Jenaro García como de muchos de los cretinos estártap que nos estamos tragando actualmente en España se resume en la frase "fake it till you make it", que vendría a traducirse por "falsea tu éxito hasta que lo conviertas en realidad". Los gurús del marketing digital, los expertos en redes sociales y otro tipo de enteradillos básicamente se dedican a eso: a mentir. Se ha generado un ambientillo de capullos infantiloides que van escupiendo en sus twitter todo tipo de sandeces, que van poniendo sus fotitos en Punta Cana, que van cantando sus glorias propias, que van a poner Power Point en una conferencia, que van regalando frases tipo Paulo Coelho y que básicamente sólo parasitan la economía. Y a esto se une la incapacidad, tanto para el público como para el Gobierno, de diferenciar entre una empresa que vende flores con el carrito Prestashop y una empresa que genera algoritmos de reconocimiento de voz, por poner dos ejemplos. Y así ha medrado toda una fauna que ni sabe programar y que se pasa todo el día comiendo cacahuetes por aquí y por allá, una marabunta de jenaros y jenarillos que ha poblado Madrid y Barcelona.

El error de Jenaro no estuvo en el falseamiento de cifras sino en haberse metido en un nivel demasiado alto. Si hubiese seguido volando por debajo del radar, al margen de mercados bursátiles, todas sus mentiras hubiesen sido tan rentables como las de los demás, y él tal vez hubiese podido pegar el pelotacito vendiendo su Gowex a Movistar o Deutsche Telekom. Los inversores, encantados. Pero ahora lo lleva bastante claro, es decir que lo van a juzgar y se va a dar cuenta de que la empresa es un juego "de mayores". Al accionista no se le paga en gominolas y discursos de Eduard Punset. Se va a ir seguramente al trullo y todos los demás mentirosos saldrán corriendo a decir que se trata de un hecho aislado, o que el descubrimiento del fraude demuestra la gran limpieza de ese sector tecnológico. En España ya se sabe que casi toda la economía es 100% limpia. No hace falta investigar nada más.

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"Mirar el río hecho de tiempo y agua
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