30 de marzo de 2014
Volver a Greenwich
Como todos los años, se repite la misma discusión: ¿deberíamos volver al horario de Greenwich? El problema es que cada año me encuentro argumentos más peregrinos y me sorprendo hasta yo, que ya no tengo la más mínima confianza en este pueblo de vagos e incompetentes: "sería deprimente que se hiciese de noche antes", "con este horario nos queda tiempo para hacernos unas cañas", "el turismo no vendría si se hace de noche antes", "es genial que las tardes sean más luminosas".

Aquí el debate no es si se hace de noche antes, porque siempre se hace de noche a la misma hora. Aquí la cuestión es si vale la pena levantarse una hora antes y entrar a trabajar una hora antes. De entrada, todo aquello que haga España y que no hagan los demás países me parece que muy inteligente no puede ser, pero levantarse tan pronto es un evidente error. Aquí no se duerme ni una mierda, por eso van todos con mala leche y a base de cafés, por eso no hay capacidad de abstracción.

Dicen que no producimos ciencia y que nuestros ingenieros son mediocres. Desde nuestra más tierna infancia nos arrancan de la cama de noche cerrada a las 7:00 de la mañana, cuando en Inglaterra son aún las 6:00 y a los niños aún les quedan dos horas de sueño. Luego ponemos el fútbol hasta las 12:00 de la noche y aquí no duerme ni Dios a base de cervezas, euforias, cohetes y celebraciones. Somos en Europa los últimos que nos vamos a la cama y los primeros que nos levantamos, y de ahí viene la mala leche, el tabaco, los cafés y el demasiado comer.

Un horario normal en Inglaterra es el típico nine to five. Lo hacen todo seguido y se comen un sandwich a las 12:00 conforme trabajan. Así lo hacía yo cuando estuve allí y siempre me sobraban mínimo dos horas para hacer lo que quisiera, lo primero ir a cenar.

Ese horario es igual que si en España trabajásemos de 10:00 a 18:00. Entonces, con levantarte a las 8:00 sobraría tiempo para desayunar como es debido y llegar al trabajo bien dormido y sin hacer de Fittipaldi. Un empleado bien dormido y bien desayunado produce más y mejor, lo que viene a dar en beneficio para la empresa y después en mejor sueldo para él. Ése es el factor más importante, con mucha diferencia, del problema de los horarios españoles. Luego ya la "conciliación" o las cañas son sólo formas de organizarse, no problema del horario.

Yo me levanto siempre a las 6:00 porque entro a las 8:00. A partir de mayo me acuesto prácticamente de día, el mes de junio ya ceno con gafas de sol puestas porque a este moderno piso no se le ocurrió al lumbreras del arquitecto ponerle persianas en los ventanales. Si dejo que me entre sol a los ojos, luego me cuesta demasiado dormirme. Al final, siempre arrastro falta de sueño, por lo antinatural de ese horario. La persona no quiere dormir hasta que no es de noche, y todos los listos que quieren ahorrar electricidad considerando al ser humano como un robot se han quedado anclados al maquinismo del siglo XX. Y los otros que sólo piensan en lo que van a hacer después del trabajo, lo que merecen es que los pongan los lunes al sol y que disfruten de la luz. No hay nada más importante que vayas a hacer durante la semana que tu trabajo, y debes entrar desde el minuto uno en perfectas condiciones, para estar las ocho horas en plena productividad.

El horario español básicamente es lo siguiente:
  1. Se levanta antes de la madrugada, con el cuerpo como si le hubiesen dado una paliza.

  2. Como no le entra ni la comida, se bebe un café con leche y sale disparado con el corazón en la boca.

  3. Conduce como Ayrton Senna por rotondas y pasos de cebra, para ir a aparcar a una acera mirando como fugitivo por si hay policías cerca.

  4. Trabaja dos horas con los ojos alucinados y la mala leche en el cuerpo. Si es funcionario, ladra a todo aquel que se acerque, si no lo es va mascando la bilis y el odio y pensando en la revolución.

  5. A las once es cuando llega el anhelado momento del desayuno, ya se le ha abierto el estómago: bocadillo, café, tostadas, lo que pille.

  6. Ahí el cerebro recibe por fin la glucosa y con el estimulante engaña al cuerpo. Tiene dos horitas de productividad.

  7. Hora de comer, descanso de dos horas. Se baja al mesón con sus compañeros, a hablar todos a la vez y comentar el partido de anoche, anteanoche, o el de mañana, pasado mañana, lo que toque. Algunos pueden conducir hasta su casa y comer con su familia, y ésos son los que fuerzan a los demás a semejante corte de dos horas.

  8. Se tiran unos al asiento de su coche y otros a su sofá a dormir veinte minutos de siesta porque el efecto de los cafés de las once ha declinado ya y los ojos se quieren cerrar.

  9. Vuelve a trabajar con el cocido en la barriga, la siesta mal interrumpida, el calor y el sopor que le cierra los ojos. Son las tres de la tarde.

  10. A las cinco pilla otro café más, de máquina, de bar o de lo que pueda. Ahí tiene otras dos horitas de productividad.

  11. Sale a las siete maldiciendo al jefe, al país, a la empresa, cagándose en la casta política, en los empresarios y en Francisco Franco.

  12. Corre como fiera para llegar al centro de la ciudad a comprar dos calzoncillos, luego intenta acercarse a la academia de inglés y acaba tomando cañas con los amigos en plena euforia.

  13. Llega a casa a las nueve, pero no tiene tampoco prisa, no cenará antes de las diez, hora a la que empieza el partido del siglo de esta semana.

  14. Cerveza y chorizo en mano, contempla las vicisitudes de los jugadores en plena euforia y éxtasis, lanzando alaridos bereberes a cada gol, cuando no saliendo al patio a tirar cohetes a las once de la noche.

  15. Gran partidazo, ahora sí que podrá reírse de sus compañeros, ahora sí que se va a joder el cabrón de su jefe. Se lava los dientes y se tira en la cama a la una de la mañana, hasta que el pitido del despertador vuelva a taladrarle los tímpanos. Qué cabrona y qué mala es su empresa que no le quiere pagar más, a ver si pronto viene la suya y puede apedrearlos a todos.
Señores, aquí hay dos opciones: el sistema anglosajón de nine to five o el sistema alemán que tiene una hora para comer.

Adaptándolo a la dislocación horaria española, sería lo siguiente:

Sistema anglosajón: De diez a seis de la tarde ininterrumpidamente.

Sistema alemán: De nueve a una, comer de una a dos sin salir del edificio, y de dos a seis.

Todos los inventos de entrar antes para tener luego la tarde larga sólo demuestran que el interés está en lo que se hace fuera del trabajo y no en trabajar lo mejor posible. Entonces, luego que no se quejen si cobran poco. Y todos esos que defienden que los niños del colegio entren una hora antes y hagan jornada intensiva sólo me demuestran que aquí el becerro de oro son las cañas del bar, y ante ese objetivo pierden totalmente el sentido común.

Tardes más cortas es lo que le hace falta a este país, menos gilipolleces harán por ahí. Y dormir más, y dejar de hacer ruidos antes.

¿Volver a Greenwich? Por supuesto, no nos teníamos que haber marchado. ¿Qué cojones hacemos con una hora que no nos corresponde? ¿Para qué tanto madrugar si sabemos que luego no se saben ir a acostar? Si no se racionalizan los horarios, la productividad no se puede incrementar más. Pero como esto sólo pasa una vez al año, no creo que lo arreglen nunca, lo irán pasando y pasando hasta el año siguiente por los siglos de los siglos.

09:51:37 ---------------------  

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
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y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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