21 de marzo de 2014
El punto de colisión
El proceso catalán me está preocupando cada vez más. Conforme los dos astados van acercándose al punto de colisión, el que primero pise en falso recibirá un mortal testarazo. Para mí el Estado central tiene en su mano un arma muy poderosa, que es la Constitución y el ejército que la respalda. Cataluña, por su parte, tiene la ventaja de que puede elegir la estrategia que más le convenga.

Pero Cataluña no sé si está jugando bien sus cartas. Las afirmaciones de Mas son cada vez más enigmáticas, esperaba yo que fuese directamente a las elecciones plebiscitarias, pero ese irracional empeño en un referendum ilegal e imposible me suena mucho a Junqueras, que es más tozudo que un cabestro. Si se comete el grave error de intentar celebrar una consulta ya ilegalizada por el Tribunal Constitucional, se abrirá la puerta a una inmediata suspensión de la autonomía catalana, y a partir de ahí ya las elecciones plebiscitarias no serán posibles.

Junqueras cree, como un mediocre jugador de ajedrez, que ya ha vislumbrado todas las jugadas hasta el mate del contrario. Pero cualquier buen jugador sabe que en una combinación se tienen que tener muy en cuenta las jugadas intermedias, que son las que va nuestro rival a hacer legítimamente en defensa de sus intereses. Y Rajoy tiene una jugada intermedia que puede ser demoledora.

Junqueras piensa esta secuencia de acontecimientos:
  1. Convocatoria del referendum.

  2. Intervención de la Guardia Civil para impedirlo.

  3. Manifestaciones masivas en Barcelona.

  4. Convocatoria de elecciones plebiscitarias.

  5. Victoria en esas elecciones.

  6. Declaración de independencia.
Pero Rajoy hará una jugada intermedia y toda la combinación de Junqueras será agua de borrajas:
  1. Convocatoria del referendum.

  2. Intervención de la Guardia Civil para impedirlo.

  3. Supresión de la autonomía catalana fundamentada y de acuerdo a derecho según el punto anterior.

  4. Manifestaciones masivas en Barcelona.

  5. Punto y final. Las autonomías que no existen no pueden convocar elecciones.
Y a partir de aquí, con Junqueras y Mas inhabilitados de por vida o incluso en la cárcel, los consejeros son relevados de inmediato, lo mismo que el mando de los Mossos. Y esto, lógicamente, llevaría a las calles llenas, las banderas por todas partes, las camisetas amarillas, las muchachas con las tetas saltando, tres que se suben uno encima del otro, cogidos de la mano de aquí hasta Sebastopol. Pero lamentablemente nada de lo que ocurriese sería algo que no hubiese ocurrido ya. Y el efecto sería el mismo, es decir ninguno. Los catalanes no tienen huevecillos.

En Ucrania, el líder de la oposición era Vitali Klitschko, vigente campeón de los Pesos Pesados con un 87.23% de KO. En Cataluña la ANC está comandada por una abuelita que llora en los discursos y dice "astic amusiunada". Señores: ante la porra el garrote, ante la pelota de goma la botella de gasolina, ante el fusil otro fusil, y si no vayan abriendo el culo. Lean la Historia.

En Cataluña, o se hacen las elecciones plebiscitarias antes de que Rajoy pueda dar el golpe de mano, o no van a tener nada que hacer. Después de esas elecciones, se puede preparar la independencia con toda tranquilidad, sabiendo que el obstáculo plebiscitario está salvado sin que el Gobierno central haya podido mover pieza. Y a partir de ahí la primera ilegalidad se produce con la independencia ya declarada, lo que te convierte teóricamente en un país soberano con derecho a usar la fuerza en tu defensa. Esa sería una correcta elección del punto de colisión.

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
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y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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