7 de diciembre de 2013
La quinta del 40
Ayer estuve mirando los nombres de los 7 magníficos, los padres de la Patria constitucional. Es decir, los siete ponentes de la Constitución que se aprobó hizo ayer 35 años.

De los siete, cuatro han nacido en 1940. Otro más, que es Gregorio Peces Barba, es del 38. Y todavía otro más, que es Alfonso Guerra y que también andaba por allí, es también del 40.

Entre ellos me interesa más la figura de Miquel Roca. Fue allí a negociar, a chocar manos, a pactar... Le dejaron ser ponente y luego uno de los firmantes de los Pactos de la Moncloa. Vio cómo a vascos y navarros les daban un nivel más alto de autonomía, incluido concierto fiscal, y aceptó salir de allí como una autonomía más, igual que Murcia o Cantabria. ¿Tantas ganas había de hacerse la foto? ¿O es que entonces ya mamoneaba como lacayo de infantas y otros borbones?

Qué gran quinta, qué gran cosecha de prohombres. Qué bonito que es resetear el país y poner tú todas las Tablas de la Ley para que nadie luego las pueda cambiar. Así pasen cinco siglos más.

Esta generación, que nació en el primer año de la posguerra en un país devastado, vivió la primera parte de su vida bajo el Franquismo, pero luego el régimen del 78 se lo hicieron exactamente a su medida. Pisitos, deudas, populismos, plazas "en propiedad", huelguecillas, paguitas, no han dado para más. Heredaron la octava potencia industrial del mundo y dejan un erial con una enorme deuda que va cargada a nuestras espaldas. Mientras tanto, las pensiones no han perdido ni un ápice de poder adquisitivo, la crisis provocada por ellos no va con ellos.

La Constitución salió a imagen y semejanza de esta generación: mucho aparato retórico, poco contenido real, cosas a medio hacer y una absoluta ignorancia de la economía.

Ha tenido que ser Ángela Merkel hace poco la que por fin ha metido un artículo relativo al límite de endeudamiento de las administraciones. A ninguno de esos sabios se le ocurrió prever algún tipo de coto al gasto público, hasta la misma quiebra y la intervención alemana. ¿Con qué legitimidad nos han cargado a nuestras espaldas todos sus gastos y pensiones?

Otra cosa que no se contempló, porque no hacía falta, era la separación de poderes. Actualmente los políticos eligen a los jueces que los han de juzgar. Y además, disfrutan de la condición de aforados, cosa que está muy limitada en los demás países europeos.

Pero sobre todo la Constitución del 78 se distingue por la invención de las autonomías. Se supone que son más que una provincia pero menos que un Estado federado. Y de sus competencias ya "se hablará más adelante". El título VIII de la Constitución es la expresión de la cobardía, la precipitación y la confusión mental con la que se operaba en aquellos tiempos. Ahí se nota la huella de Suárez, otro héroe de cartulina.

Las autonomías se han quedado en negociación continua y sin verdaderos mecanismos de control ni de gasto ni de chanchullos. Yo gasto por aquí, pero luego te pido el dinero a ti. Tú tienes esto atribuido, pero yo lo voy a hacer por mi cuenta también y coloco a algunos más. Ojo no me digas nada, que saco la bandera. Y cada legislatura, a negociar otra vez.

La Constitución del 78 y el proceso de Transición para mí se resume en el lema de Enrique Tierno Galván: "¡el que no esté colocao que se coloque!". Y a partir de ahí, les sudaba la polla todo lo demás.

Una Constitución que no establece restricción al gasto público, que no separa los tres poderes y que no resuelve la organización territorial, ¿para qué cojones sirve?

El que no esté colocao que se coloque.



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"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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