29 de diciembre de 2012
Krugman es el Anticristo
Vivimos una época decadente y tal vez terminal en Occidente en la que los máximos dirigentes son felones y traidores que no quieren aceptar las recesiones cíclicas del capitalismo y usan la droga de la deuda para pasarlas hacia adelante, creando destrucciones económicas de una magnitud desconocida. Los dos grandes sinvergüenzas inventores de este modo de actuar han sido George Bush y José María Aznar. Con la desgracia para nosotros de que han sido sucedidos por dos indigentes mentales incapaces de comprender los problemas que subyacen y que se han aferrado a un optimismo pueril y necio que acaba convirtiéndose en un suicidio.

Estoy leyendo hoy artículos periodísticos que son delictivos, que deberían llevar a la cárcel a quienes los escriben. No voy a poner enlace, no tienen un gran interés. Básicamente vienen a decir: "es indignante que por no ponerse los políticos de acuerdo tengamos que tragar una recesión, con lo fácil que sería llegar a un acuerdo y seguir tan felices". Los miserables que escriben esto no pueden desconocer lo que es la deuda pública, no puedo creer que hablen desde la ignorancia. Hablan desde la sinvergonzonería del que se aprovecha de la ignorancia de la gente para llevarlos a la adicción al crédito y a su futura ruina. Los mismos que escriben eso hoy, hace cinco años negaban la posibilidad de una burbuja inmobiliaria en España y vendían la idea-fuerza del "suave aterrizaje".

El llamado "precipicio fiscal" norteamericano no es más que el fin de unas medidas de gasto público que se concibieron como transitorias, en la idea de que estimularían la economía de tal manera que al quitarlas no se notaría nada su ausencia. El hecho de que reconozcan todos que la economía va a decrecer si se retira el estímulo significa que el estímulo fue un grave error y que nunca se debió haber aprobado. La teoría del estímulo económico a través del gasto público no ha funcionado nunca, lo que hace ese supuesto estímulo es generar un gasto privado que hace crecer en falso el sector servicios, distorsionando la realidad económica, atrayendo inversiones y recursos humanos a un sector servicios interno que antes o después tendrá que volver a su tamaño normal.

Como España es uno de los países que en la historia de la Humanidad más intensa y prolongadamente se ha visto sometido a estos aportes artificiales de capital, sabemos los que hemos sido observadores del proceso lo que realmente ocurre por debajo del dinero falso: la economía, que es como un gran ecosistema, se va adaptando y acostumbrando al crédito y al dinero público, nacen muchas pequeñas empresas basadas en una capacidad de gasto de los ciudadanos que no se va a poder mantener, otras empresas van abandonando sus exportaciones y derivan sus ventas a la comodidad del mercado interno, otros negocios simplemente disfrutan y se dejan llevar sin buscar caminos nuevos. Cuanto más tiempo se prolonga el estímulo, mayor es el daño causado en el tejido empresarial.

El precipicio fiscal por el que va a caer EEUU el martes tiene sus orígenes hace más de una década. Cuando en la primavera del año 2000 se pinchó la burbuja tecnológica y se hundió el Nasdaq, hubo algunos que creyeron que era posible evitar las consecuencias creando otras burbujas mayores y pasando el problema hacia adelante. Entre ellos destacaba el que yo llamo el Nerón estadounidense, el Anticristo económico: Paul Krugman. Este miserable personaje dijo literalmente en el New York Times el 2 de agosto de 2002 lo siguiente: "Alan Greenspan needs to create a housing bubble to replace the Nasdaq bubble" ("Alan Greenspan [presidente de la Reserva Federal] necesita crear una burbuja inmobiliaria para reemplazar la burbuja del Nasdaq").

Antes, en 2001, ya había soltado una de sus grandes perlas:
Siempre he creído que una burbuja especulativa no tiene por qué llevar a una recesión mientras los tipos de interés se rebajen lo suficientemente rápido como para estimular inversiones alternativas.
¿Quién no quiere creer a Krugman? Nadie quiere meterse en una crisis. Las enseñanzas de Milton Friedman o Hyman Minsky eran viejos artefactos desfasados. Por fin se había encontrado la forma de no pasar por las crisis, de no pagar por los errores económicos.

Y George Bush, con su mediocre cerebro erosionado por años de abuso del alcohol, al que Bobby Fischer llamó después retrasado mental, creyó a Krugman y se puso manos a la obra. Cada bajada de tipos que ordenaba Alan Greenspan en la FED era celebrada con inmenso alborozo por toda la prensa mundial, qué bonito y qué fácil es ganar el dinero. La burbuja inmobiliaria estadounidense fue incluso anterior a la española, y pinchó también antes, en algún momento de 2007. Se organizó un merdé con sub-prime, Lehmann Brothers y un chorro de mandangas. A partir de ahí, quemado el cartucho del endeudamiento privado, ya sólo quedaba ir al gasto público.

Tan pronto como en enero de 2008 Bush se ve obligado a aprobar un paquete de estímulo que tuvo que consensuar con los demócratas. Espoleados por Krugman, los demócratas pidieron gastar mucho más dinero, pero al final la cosa se queda en 150.000 millones, básicamente desgravaciones. "El objetivo es poner dinero en las manos de las familias estadounidenses de ingresos medios lo antes posible", dijo el secretario del Tesoro Henry Paulson.

Que la gente gaste, las empresas vendan lo más posible y podamos salir enseguida de esta pesadilla.

Lógicamente, Krugman se quejó en sus artículos del escaso volumen del paquete: "Existe la posibilidad de que vayamos a lamentar mucho que no hayamos conseguido un plan de estímulo serio".

Pero no tuvo que lamentar mucho, porque su admirador Obama, tan pronto como un mes después de jurar con risas nerviosas su cargo, aprobó un paquete de 787.000 millones, algo más de los 500.000 que había pedido Krugman. Este paquete ya no fue en plan rebajas de impuestos sino al estilo europeo, intervención directa con subsidios, empleos públicos y obras de infraestructura. Creó directamente 700.000 empleos en la construcción de obra pública. 275.000 millones fueron directamente a emplear gente.

Pero el grueso del gasto público de Obama no ha estado en ese paquete, sino en expansión monetaria. Ha creado más de un billón de dólares de la nada para ir pagando las facturas de esa gran mentira en la que está montado. Cabalga todo el país hacia el precipicio, olvidando las ideas de libertad económica y de no intervencionismo estatal que los hicieron grandes. En doce años han pasado de ser el referente económico mundial a un país adicto a la deuda que huye de sus problemas metiéndose en un agujero cada vez mayor.

La situación a fecha de hoy se resume fácilmente en el gráfico de USDebtClock.org: la deuda pública federal pasa de 16 billones de dólares, más otro billón de los estados. Tocan a 52.000 dólares por ciudadano, o 142.000 por contribuyente, mucho más que en España. El Estado federal ingresa por impuestos 2,4 billones pero gasta un billón más, que financia pidiendo créditos a China y con expansión monetaria. En cuanto a la deuda privada, cada familia norteamericana debe 694.000 dólares, cada ciudadano debe 50.000 dólares en créditos personales, 41.400 en hipotecas, 2.900 en créditos de estudios y 2.700 en tarjetas de crédito.

Ahora lo último que he leído de Krugman es que pide subir el tipo marginal máximo del IRPF al 91%. ¿Acabada la burbuja crediticia y el gasto público desbocado llega la confiscación directa? Krugman es el quinto jinete del Apocalipsis, las siete plagas de Egipto, el Obamageddon. Su influencia en el partido demócrata norteamericano ha sido fortísima, lo que ha llevado también a Europa a seguir muchas de sus recetas, con el resultado catastrófico que estamos viendo. La mortal combinación de burbuja ladrillil pepera más tipos en el BCE del 2% aplastó vilmente a España. Considero a Krugman uno de los máximos responsables.

Y ahora en EEUU puede que haya precipicio fiscal en enero, pero en el momento en el que se deje sentir en la economía el síndrome de abstinencia, se apresurarán a aprobar otro paquete aún mayor antes de que empiecen las protestas callejeras. Tal vez sí que lleguen al IRPF confiscatorio y puede que hasta la hiperinflación. La reelección de Obama marca el camino al agujero. El país es un zombie económico como lo fue la Unión Soviética durante toda la década de los 80.

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