3 de noviembre de 2012
Sangre y arena
Sobre los sucesos del Madrid Arena, aparte del negocio de los carroñeros de siempre, no están apareciendo informaciones que aclaren bien lo ocurrido.
  1. Un empresario, en su codicia e inconsciencia, sigue vendiendo entradas cuando ya ha completado el aforo. Además, no controla qué objetos entran en una sala cerrada en la que van a estar vendiendo alcohol a mayores y menores sin control alguno.

  2. Unos gamberros lanzan cohetes y bengalas dentro de un recinto cerrado.

  3. Una manada de cabestros empuja y salta por encima de sus semejantes sin más motivo que su propio miedo, pisoteando a los más débiles.

  4. Un ayuntamiento que cobra el alquiler de un recinto pero que no dispone absolutamente ninguna medida de control para los tres hechos anteriores.
Entonces, aparte de que siempre me ha parecido que cogerse la cogorza el día de Todos los Santos es chabacano y de mal gusto, lo primero que quiero saber son los nombres de quienes tiraron las bengalas y quienes se creyeron con derecho, con pánico o sin él, de pisotear a las muchachas que se encontraban por delante. Quede claro que una masa puede estar todo lo apretada que quiera, como esa de "rodea el Congreso", pero para que se pisotee a las mujeres hace falta que alguien las pisotee. Hay que pedir indemnizaciones a los organizadores y al Ayuntamiento, por supuesto, pero responsabilidades a los cafres también.

Entonces, dicho lo anterior me gustaría, ya que la alcaldesa que pusieron ahí de rebote y recomendación no se caracteriza por su inteligencia, proponer algunas medidas para que esta sea la última vez que ocurre semejante despropósito:
  1. Cuando alguien organiza una macrofiesta debe pagar un canon al Ayuntamiento por la vigilancia del aforo del recinto. Quiero decir que con ese canon se pagará a los cuatro o cinco empleados municipales que vigilarán que se dejen de vender entradas cuando el aforo esté completo.

  2. Nadie puede pasar a ninguna macrofiesta si no va provisto de DNI, es mayor de 18 años y demuestra que no lleva ni armas blancas, ni artefactos pirotécnicos, ni bengalas, ni otros artilugios. Porque si hubiesen intentado entrar con una botellita de JB, el portero sí que hubiese saltado como fiera, porque se puede vender un cubata menos.

  3. Tanto en macrofiestas como en fiestas más pequeñas como en pubs, pafetos y demás tugurios, cualquier usuario debe tener derecho a devolver la entrada, recibir su dinero y salir si considera que el hacinamiento es excesivo. Esto se completa con una campaña informativa en institutos, universidades y demás medios para indicar a los jóvenes, sobre todo las chicas, que no se expongan a multitudes enfervorecidas cuando haya alcohol de por medio y sobre todo el recinto sea cerrado.

  4. Las normas aplicables a las actividades masivas no pueden ser las mismas cuando se va a mezclar el uso y abuso de una droga tan potente como el alcohol con la música satánica y estridente. Las alteraciones de conciencia son bastante graves. Este tipo de desgracias siempre han ocurrido en discotecas por esa razón.


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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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