11 de noviembre de 2012
Batallitas de la tía Enriqueta
Ese alcornoque llamado Enrique Dans ha vuelto a soltar otro de sus eructos. Que si la llegada de la imprenta abarató los libros de papel gracias a que no se impidió la reproducción como se está intentando impedir ahora con la defensa de los derechos de autor en internet. Hace tiempo ya que pienso que este oscuro personaje es una de las personas menos inteligentes de las que se dedican a hablar de internet. Un gurú que no sabe ni el HTML y que en su vida ha tenido empresa alguna, un productor de farfolla cuyo único motivo de popularidad es la defensa de la rapiña del talento ajeno mediante unos programas prohibidos ya en todo el mundo. Y no es que haya ido por ahí dando conferencias y cobrando lo que los escritores no van a cobrar, es que se siente cargado de razones y va reproduciendo citas inventándose películas. Se cree esta persona víctima de la Inquisición, de la persecución ideológica, y pone como ejemplo la gran libertad que supuso la reproductibilidad de los libros con la máquina de Gutemberg.

La realidad es que la aparición de la imprenta permitió a algunos escritores emanciparse de los nobles a través de los derechos de autor, que por supuesto que los tenían. El problema fue que esos derechos se cobraban una sola vez, al facilitar el original para imprimir. Y luego el impresor debía comercializar la primera tirada rápidamente antes de que empezaran a surgir las copias piratas. Esto, por ejemplo, fue lo que llevó a Cervantes a ganar una suma muy modesta por el Quijote cuando su libro se vendió como rosquillas a uno y otro lado del Atlántico.

La cosa en España fue lógicamente un caos de mangantes y no se pudo poner coto a desmanes. Lo único que se podía controlar mejor era el teatro, por eso Lope de Vega sí que facturaba buenas cantidades, obviamente merced a una producción de comedias continua.

En la prosa, el primer escritor profesional, caído ya el imperio español, fue Walter Scott, que por cierto nació el 14 de agosto, el mismo día que yo. En Inglaterra habían establecido ya unos controles de las tiradas editoriales, y ese aporte de dinero fue la mejor forma de captar talento para un género olvidado y arrinconado como era el de la prosa de ficción. Ahí surgieron en Francia Sthendal, Balzac, Víctor Hugo, Eugenio Sue. A su rueda salieron en otros países Dickens, Galdós, Tolstoi, gente que cobraba por cada libro vendido y podía dedicarse en cuerpo y alma a elaborar unos relatos que conformaron la gran novela del siglo XIX, una época de esplendor literario que el mundo nunca había conocido. Y todos ellos, con el riñón bien cubierto, siempre reconocieron el magisterio de Cervantes como inventor del género, el primer novelista de la historia, aquel viejo soldado que murió ignorado y pobre por haber cometido el pecado de nacer en la patria de Enrique Dans.

22:10:44 ---------------------  

2016 en Denia (Alberto Noguera)
El implacable retrato del desencanto y la corrosión de las ilusiones en la España de principios de siglo.
Comprar por 3,59€ en Amazon.


© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


Leer los archivos

Entradas destacadas:
Pepito Relámpago - Pepita Nuncabaja - Seis meses en meetic - Etapas de la burbuja