7 de mayo de 2012
Requiem por el euro
Los resultados de las elecciones griegas no sorprenden a nadie, pero sí que firman el certificado de defunción del euro. Esto de la degradación y descomposición de las democracias burguesas parece que sigue un camino de tres grados:
  1. Primero se activa el turno de partidos, cambio previsible y programado que el régimen digiere con total facilidad. En este lugar están España y Francia. "Vamos a probar con el otro a ver qué hace". El voto útil.

  2. Después ya, cuando se ve que ningún voto a esos dos partidos es útil, empieza a dispersarse el voto. Ahí todavía cabría la coalición entre los dos partidos del turno, si bien esto no es más que un motivo para dispersar más el voto. En este lugar podría hallarse Grecia si hubiesen conseguido estos dos partidos tres escaños más, o si todavía acaban haciendo como los madrileños cuando metieron a Tamayo y Sáez.

  3. El tercer grado es ya el descontrol. Ni los dos partidos del turno juntos pueden gobernar, los otros partidos son comunistas o nazis, a cuál más necio e ignorante. Propuestas raras, líderes descerebrados, promesas de café para todos.
Llegados a ese punto, creo que lo mejor, antes de tener que sacar al ejército, es meter tecnócratas en los dos partidos burgueses, forzar la repetición de las elecciones y hacer el pucherazo. Intentar mantener la "coherencia democrática" con esta gente sólo llevará al totalitarismo, experiencia ya vivida en la República de Weimar.

Otra cosa es el euro. La sábana europea se está rajando por los cuatro costados y ninguno deja de tirar. La pregunta es: ¿la sábana sin romperse ha podido en algún momento cubrir a todos? La respuesta es no. El euro no vale para todos, o bien los alemanes aceptan pasarse toda la vida pagando por los países más pobres, como hace Cataluña con Extremadura, o bien los países más pobres aceptan un destino mucho peor que el del Tercer Mundo, que es la despoblación y la combustión de su economía "como un braserillo" (como dice Julio Anguita).

Como no se han disuelto las diferencias nacionales, como para los ciudadanos la identidad de cada país se sigue manteniendo, no va a ser posible convencer a nadie. Los políticos partidarios del euro se irán marchando y entrarán otros que habrán ido ganando votos con el discurso antieuropeo. Hollande en Francia gastará, tirará de deuda, pero al final se tendrá que largar también cuando se vaya agotando el crédito. Entonces entrará Le Pen con un discurso tal vez más radical que el que tiene ahora. En Alemania también se pondrá cualquier tecnócrata y dirá que el euro sale caro a Alemania. Y ahí se acabará el invento más disparatado del siglo XX, países soberanos que deciden meterse en una única moneda no se sabe con qué fin.

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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