21 de marzo de 2012
Steve Jobs
No he sido nunca un gran admirador de Jobs. Cuando murió quería escribir una nota pero no tuve al final tiempo. Ahora he descubierto mucho más de él a través de una web que se llama Folklore.org, en la que todos los antiguos empleados van contando anécdotas en una especie de mural. No sé yo si al final lo van a canonizar, pero leyendo entre líneas lo que dicen los empleados me parece que no.

De entrada, hablemos claro: Jobs nunca supo programar. No es que lo hiciese mal, no: literalmente no sabía programar. La revolución informática suya fue estrictamente en el departamento de marketing, Jobs fue un empresario comercial.

Escribe Andy Hertzfeld:
Bill Gates and Steve Jobs were born in the same year and shared a similar vision for the potential of personal computers. Each one thought he was smarter than the other one, but Steve generally treated Bill as someone who was slightly inferior, especially in matters of taste and style. Bill looked down on Steve because he couldn't actually program.
Es decir, que Jobs veía a Gates como un frikillo al que estafaría, y Gates veía a Jobs como un mero comercial cancamusero.

Por eso, cuando me encuentro como el otro día en la televisión a una maestra de escuela diciendo que Jobs fue uno de los grandes genios de la informática, pienso que la afirmación es cierta sólo para los que no saben nada de informática.

Jobs no inventó absolutamente nada: el ordenador personal lo inventó Steve Wozniak y lo tenía completamente desarrollado cuando se asoció con Jobs. El sistema del ratón lo inventan, como todos sabemos, en Xerox Park. Los smartphones los tiene bien desarrollados e implantados Blackberry cuando llega el amiguito con el suyo. Las tabletas eran un fracaso hasta que sale una con una manzanita detrás y todo el mundo se tira allí a ver "el futuro".

Me acuerdo también de una famosa entrevista en la que le hablan de la fortuna que tiene y él responde: "I didn't do it for the money". Pero luego leyendo las historias de sus empleados se ve que era un Domine Cabra que rascaba hasta el céntimo y que si veía que el empleado estaba pasándoselo bien se hacía el remolón para aumentarle sus 20.000 dólares anuales, cuando él se había hecho ya de los más ricos de Estados Unidos.

En otra historia de Hertzfeld llamada Real Artists Ship se explica cómo tenía a sus empleados en turnos de 80 horas semanales mientras él andaba por Nueva York tomando Martinis con Andy Warhol o buscando a Mick Jagger para regalarle un cacharro. La retórica jobsiana arranca de aquella época californiana que hablaba de "cambiar el mundo", "romper con lo establecido", etc. Así fue apartando a Wozniak lo antes posible y conformó su empresa como una pequeña secta en la que llenaba la cabeza de los programadores, bastante jóvenes todos, de rollos baratos, se reunía con ellos tumbados en el suelo y tirados en sofás y desplegaba su farfolla a propios y extraños.

Este discurso New Age y de pantalón vaquero se mezcló luego con la imagen de injusticia por el éxito de Windows. Pobre Apple, que inventa las cosas y luego se las copian. Cobrando lo que cobraban, no creo que la mitad del cambio mundial se hubiese llevado a cabo. Cuando se inundan los países de ordenadores personales es cuando se llenan las casas de clónicos asiáticos con Windows instalado. Pero luego resurge Apple con una idea parecida a la de los coches Volkswagen, que no te venden sólo el coche sino la idea de que eres ese poquito más que los demás.



A Jobs se le adelanta Microsoft porque él es tan codicioso que no quiere vender licencias de su sistema operativo. Y por eso y algunas cositas más acaba siendo despedido de su propia empresa. Pero no le quito el mérito que tiene en la manipulación de la gente, en eso tiene un talento casi mesiánico. En una de sus últimas entrevistas le preguntaron por el Apple TV y dijo: "ahí no se puede ganar dinero". Muerto él, sale a la luz su último plan: un televisor completo marca Apple con su sistema operativo y contenidos de pago. Mentía más que hablaba.

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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