9 de septiembre de 2009
Scotland Road Trip IV
El séptimo día de mi viaje me levanté tempranillo en el Inchbae, me duché sin gastar mucha agua, usé el retrete con el botón grande y bajé a desayunar. No había nadie por allí, estuve en el pub, en el merendero, en el restaurante.



Decían que servían el desayuno a las ocho, el sol estaba ya saliendo, y no había allí ni una tostada.

Salí y paseé un poco por el jardín. La etapa del día era más que interesante: subir por Ullapool hasta el extremo noroeste en Durness, y luego bordear toda la costa norte hasta Thurso y John O'Groats, extremo más septentrional de la isla británica. Luego bajar y dormir en Inverness.

Para todo esto, necesitaba un desayuno fuerte, pero allí sólo había pájaros piando. Volví al comedor y oí a alguien en la cocina. Esperé y salió una mujer gorda con un moño anticuado. Le dije si allí se comía o qué, y me señaló el reloj, eran las siete de la mañana. Había puesto yo el móvil en hora restándole una de la del GPS, pero el cabroncete GPS se ve que actualiza automáticamente el horario allí donde está.

Me metí en la habitación, hice el equipaje para estar ya preparado y salí a pasear otra vez. Cuando quise volver, vi que me había dejado las llaves dentro, y por no pedirle a la cocinera que me abriese (y me tomara ya por el tonto del pueblo), me metí en la "residents lounge".



El tema de los olores es algo que Escocia debería de tomar en serio. Estuve en el sofá verde viendo la televisión. Cuando se hizo la hora del desayuno me fui para allá y me jalé el huevo revuelto, la panceta, las habichuelas y el té con leche. Como nuevo, pagué y pedí que me abriesen para coger el equipaje. Cena, habitación una noche, Ale y desayuno, 52 libras.

Cuando estaba montándome a la moto vi otra vez a la señora y le pregunté si el solecito se mantendría. Me dijo que posiblemente tuviese suerte. Era buena gente aquella mujer, no sé si algunos escoceses se las echan de anglosajones y hasta hablan con su acento por algún motivo.

Salí dirección norte y a los tres kilómetros ya venían las nubes negras. Paré y me puse todo el equipo impermeable. Luego seguí hacia Ullapool.

Este pueblo tiene un puertecillo que supongo que sirve para llevar el pescado para abajo o para moverse cuando las carreteras están nevadas.





En la gasolinera atendía una muchacha gorda sin sujetador y con un escote que dejaba ver hasta los pezones. Unas tetas tampoco ni grandes ni bien formadas, menuda cerda.

Me tiré por la carreterita y empezó ya el territorio inhóspito. No te cruzabas con nadie. Ya aquello es tundra pura.



Hay unas rutas de senderismo bastante buenas, y hasta refugios de madera para comer sin mojarse.



Despoblación y casas abandonadas, corre bastante el viento. No llovía nada, pero el mono impermeable no me lo quité, del frío que hacía.







La carretera está en bastante buen estado y las curvas son suaves.



Iba yo bastante tranquilo, luego vi que un par de BMWs de esas de trail intentaban seguirme y empecé a tumbar un poco más y a trazar bien. Las trail se quedaron en nada, no hay cojones de seguir a la T-Max en curvas. Luego tuve que parar para ponerme el tubo de goretex en el cuello, porque me estaba entrando frío, y ya se fueron delante.

Cuando se acaba la carretera buena, entras en este caminal de cabra. La única conexión por tierra que tienen esos pueblos del norte.



En Durness hacía un día espléndido. Se habían juntado algunos turistas.



Y playa la tienen buena. A ver quién se quiere dar un baño.



Esta zona da una sensación rara. El aislamiento debe de ser total en invierno, el viento no para, el mar se tiene que poner bravo. En cambio, la gente parecía feliz, no sé si por ser el único día de sol del año o porque es así. A mí, que me gusta lo agreste, no me gustaría vivir allí.

La carretera en esta zona es un camino de doble sentido con un solo carril, con algunas zonas para apartarse. Se hace un poco coñazo circular así, había uno con una moto que tira a apartarse hacia su derecha y casi me da, creo que era italiano. Las ovejas se pasan el día tiradas en el asfalto, que es donde más calor hay. Si te descuidas, le puedes dar un trompazo a una.

Pasas por algún pueblo y en la tienda pone: "comida, periódicos, fotocopias, gasolina". A mí aún me duraba el depósito y pensé que llegaría hasta Thurso.

Luego se pone la carretera buena y puedes darle. Lo que hay allí al fondo es una cabina de teléfonos, la recaudación tiene que ser bestial:



Tenía que parar a comer y decidí dejarme de fast food. Paré en el Halladale Inn, cerca ya de Thurso. Me pedí un bestial fish and chips con una pinta. Me atendió una muchacha muy guapa, tenía la piel de un blanco inmaculado, no de ese amarillo vainilla que suele predominar. Estaban allí los del pueblo tan contentos con su día de sol, tomándose unas pintas. Salí luego y estaban las ovejas rodeando la moto. Quería pasar el Marcial de allí con su Range Rover y pegó un alarido para apartarlas.

En Escocia lo que ocurre es que no hay verano. Se queda la cosa en una primavera lluviosa y fresca en la que a ratos se asoma el sol.



Ya acabando agosto, de vuelta al invierno.

En Thurso eché gasolina y me estuvieron unos muchachos preguntando cuánto había tardado en llegar desde España. Les expliqué el proceso, incluido el ferry, y creo que se quedaron con las ganas de hacerlo ellos pero al revés, yendo a bañarse a Benidorm.

Y me faltaba John O'Groats. Sí amigos, la T-Max estuvo allí.



Pero había algo que faltaba. ¿Dónde estaban las vacas peludas? Unos kilómetros al sur, aquí sí que son los coños rubios.



Esta raza supongo que será mixta, para carne y leche, resistente a las heladas y las ventiscas. Pero también parece que se está dejando de utilizar, porque predominan las vacas normales.

Estaba yo contento, sólo me faltaba bajar hasta Inverness, encontrar el Premier Inn, cenar bien y acostarme. En un pueblecillo estuve hablando con unos moteros franceses, que había estado uno en Parcent. Seguí luego camino adelantando a todo quisque porque no quería que se me hiciese muy tarde.

Llegué a Inverness a buena hora y decidí no dar muchas vueltas. Pregunté a un chaval que salía de su casa y le pasó la cuestión a uno que salía detrás. Era un cachas de esos fibroso, con el polo ajustado de Salvamento Marítimo. Me dijo que mejor que andar con indicaciones me iba a dibujar un mapa. Se metió dentro y estuvo más de diez minutos. Salió luego con un mapa a lápiz con las rotondas, los cruces y los bucles dibujados. Hay que ir para comprobar lo buenazos que pueden llegar a ser los escoceses. Seguí sus flechas y allí estaba el Premier Inn, con unos niños atrancando la puerta y gritando. Su padre les riñó en español mesetario, of course.

El hotel estaba lleno y yo no conocía otro hotel por allí. Se me ocurrió una idea genial: una tía que salía de hablar en la recepción se subió a un taxi. Seguramente le habían dicho que estaba lleno y el taxista la llevaría a otro hotel de similares características. Así que seguí al taxi.

Después de vueltas y más vueltas, tocando la autopista, saliendo por el bucle, cuarenta rotondas, se mete en un pueblecito y baja en una casa particular. Y yo no tengo ni puta idea de dónde estoy.

Pregunto para ver cómo volveré a Inverness, veo una indicación de hotel, me meto por el camino, hay una casita blanca con el tejado empinado. La puerta un poco rara. Entro y hay allí un tío con una camisa y una falda escocesa, todo totalmente negro. Aquello es una iglesia. Me dice que me indicará el camino, desde fuera.

El tipo es simpático y me está contando las diferencias con los ingleses, el origen céltico de Escocia, cosa que explica las similitudes con los irlandeses e incluso con los españoles. Me dice que cerca hay un Bed & Breakfast y que él puede llamar para reservar. Le digo que mejor salgo y busco yo, que luego me costará también encontrar lo reservado. Me dice que ante todo busque en Inverness, que no salga dirección sur porque la zona está vacía.

De acuerdo, vuelvo a Inverness y me doy cuenta de que estoy hasta los cojones del pueblo ese. Dos veces he estado y todo problemas. Cojo la autovía en dirección sur y a tomar por culo.

A los pocos kilómetros veo una señal que pone B&B, tan bien situada que por más que pegue el frenazo me paso del cruce. Estoy yo solo pero es doble carril. Son sólo unos metros, intento tirar para atrás sin dar la vuelta pero hay cuesta y no avanzo. Subo la moto al jardín lateral, hago un poco de off road y me meto en el camino de piedra.

Es una casa más bien pequeña, con dos o tres habitaciones. La tía es de esas que se las da de lista. El marido le dice que me dé la habitación doble, entiendo que a precio de simple. Ella en su inteligencia me enseña una habitación llena de ropa y de trastos, que es la simple, con camas cochambrosas. Quiere por eso 31 libras. Luego me enseña la doble pero me pide 62 libras, a ver qué decido. Decido buscar un sitio mejor, y se lo digo así directamente. Y que el marido luego le eche la bronca.

Salgo a la autopista vacía y es de noche ya. No me he parado a pensar todavía en que a la moto no le queda gasolina para llegar a Perth, que sería el siguiente pueblo grande. Y por allí no hay gasolineras 24 horas.

Da igual, yo tiro y me quiero meter luego en un pueblo que lo indica con el dibujito de una cama. Avanzo por la carretera y ni veo el pueblo ni veo una mierda. Una carretera hecha polvo por dentro de la montaña.

Vuelvo a la autovía y ahora sí me doy cuenta de que la gasolina no va a durar. El tío de la falda negra ya lo dijo. Zoquete, cabezón y alcornoque es poco.

Me meto en la siguiente salida, que pone Carrbridge a tres millas. Me quedo a dormir aunque sea con las vacas peludas.

Nada más llego al pueblo, hay un caserón de piedra que pone Carrbridge Hotel. Entro y me dan habitación. Para llegar, hay que ir por un pasillo enmoquetado cuyo olor oscila entre el sudor viejo, la cola podrida, la humedad enclaustrada y los pies fermentados. Voy abriendo puerta tras puerta, luego giro a la derecha y avanzo abriendo más puertas, luego a la izquierda y siete puertas más. Llego a la habitación, dejo las cosas, el cuarto de baño es de la I Guerra Mundial, el colchón blando. Salgo para aparcar detrás la moto y me dice la de recepción que hay otra puerta trasera. Aparco, abro la puerta trasera y la segunda puerta es la mía.

Bajo a ver si hay algo de cenar y hay un barman un poco atontado que se hace el sueco. Si quiere coja patatas fritas de la máquina, aquí son todo licores y en la cocina no queda nadie. Él es un cualificado barman versado en mezclillas de licores, no puede ensuciarse las manos haciendo un bocadillo. Me como la bolsa de chips y una chocolatina como única cena y me acuesto.

14:03:21 ---------------------  

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6 comentarios:

a la mierda este pais:
muy bonitas las fotos,Alberto, me encanta como describes los hostales por donde pasas, uno ya se imagina los olores, despues de ver tanta ubre escocesa, ¿ no te dio el calenton?
10 de septiembre de 2009 a las 13:31.  

Ansiosa:
Enhorabuena Alberto. Está claro que no padeces de agorafobia.
10 de septiembre de 2009 a las 14:12.  

Anónimo:
no te flipes , que cualquier moto que no sea un mastodonte te da sopas con onda en curva.Es una scooter no una cbr.
11 de septiembre de 2009 a las 10:43.  

POBLE INSUBMÍS:
Veient les platges, Alberto, et va venir a la ment comparar el litoral d'un país exportador de turistes com és el Regne Unit d'un d'importador com és Espanyistan? Durness, Thurso, Sandwood Bay... comparant-les amb Benidorm, Salou, Lloret, Marina d'Or, Costa del Sol, etc. Quin panorama ens espera.
13 de septiembre de 2009 a las 00:25.  

 alberto 
:

Pero que tu creus que ahí es poden banyar? El dia més calurós de tot l'estiu anava jo amb el mono d'aigua i el sol fora perque tenia fred. Hi havia quatre tios buscant petxines, pero l'aigua ni la tocaven.
13 de septiembre de 2009 a las 00:39.  

Motero:
Cómo se nota que el Anónimo no sabe de lo que habla.

Investiga un poco por Internet hombre. Y si eres motero no pruebes nunca un T-Max, o acabarás tragándote tu orgullo... y comprándote uno.
17 de septiembre de 2009 a las 21:42.  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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