11 de julio de 2008
Un poquito de cordura
Una noticia más que interesante: "España pone fecha de caducidad al P2P: primer semestre de 2010". Un poco largo lo fían, pero creo que al final va llegando la cordura. A partir de ahí, espero que todas las falacias de los mentecatos que han estado buscando protagonismo promoviendo el pirateo vuelvan al sitio de donde salieron, que es el retrete. Una chusma que sólo ha valido para filosofar acerca de las descargas y que no ha generado ni un solo contenido artístico de relevancia. Empezaron con "los artistas ganaréis más", siguieron con "es que no tienen por qué hacerse tan ricos", siguieron con "aparecerá una nueva cultura libre", y están ahora con "atacan nuestras libertades fundamentales":
¿Es imparable? ¿Habían ganado incluso antes de empezar? ¿Son ellos una generación perdida de nostálgicos reaccionarios del pasado cuyas tumbas acabaremos pisoteando con inmenso alivio para asegurarnos de que están bien muertos? ¿O somos nosotros un grupo de ilusos que creyeron durante unos pocos años que la libertad era posible, y terminaron convirtiéndose en un simple oasis momentáneo de esperanza, en una simple panda de románticos subversivos trasnochados?
Se me cae una lagrimita.

¿Qué decía yo en el año 2001? Pues aquí está:
Napster y el fraude de ley, 25 de agosto de 2001

La Red se ha revelado como una magnífica plataforma para poner en contacto a las personas. Nunca ha podido el ser humano relacionarse de forma tan fácil con sus semejantes y nunca ha sido tan fácil escapar a la censura o la promoción exagerada. Pero a Shaun Fanning, el inventor de Napster, nadie le avisó de que las posibilidades de la Red debían aprovecharse para difundir la cultura, no para socavarla.
En un principio, Napster sirve para que cualquier usuario de la Red pueda compartir un espacio de su disco duro con otras personas.

Napster se ha especializado en archivos en formato mp3 (sonido) pero no pasa de ahí. Lo que ocurre es que Napster se ha convertido, como todos sabemos, en una forma de conseguir de forma gratuita canciones de artistas profesionales, que no perciben nada en derechos de autor.
España ha recibido Napster con gran alborozo (vía TintaChina, entrada del viernes 2 de marzo de 2001), pero esa pasión por "compartir" canciones no viene de la posibilidad de conocer grupos desconocidos o de distribuir canciones propias. Lo que ha habido, de hecho, ha sido una circulación de canciones comerciales en las que ya se habían invertido muchos millones en promoción.

Cuando estudié derecho, en mi primer año de universidad, me enseñaron el concepto de "fraude de ley": algo que, sin violar ninguna ley establecida, consigue un resultado contrario a las leyes. Y eso es exactamente Napster, un fraude de ley: se aprovecha de que no está penalizado "compartir" archivos, pero el resultado es el pirateo más desvergonzado. Sin mencionar la cantidad de "grandes informáticos" (eso se creen ellos) que han grabado esas canciones en un CD Rom y lo han vendido por 500 pesetas a amigos, conocidos, conocidos de conocidos y a veces ni eso.

Las ventas de CDs de música han bajado bastante desde la llegada de Napster, no se trata de un miedo infundado de los empresarios sino de una realidad. Las empresas discográficas se han visto obligadas a reducir el número de títulos que editan cada año. Y los perjudicados no han sido Manolo Escobar o el Fary (sus fans no tienen ordenador) sino los de siempre: los artistas jóvenes que aún no tienen un disco en el mercado, en los que aún no se ha invertido nada en promoción y, por lo tanto, pueden ser despedidos sin que la empresa pierda dinero.
Y, por si fuera poco, las hermanitas de la caridad que antes nos regalaban discos que ellos no habían grabado ni producido ahora se han aliado con la misma industria que nosotros creímos estar dinamitando mientras nos descargábamos las canciones y se disponen a cobrarnos por abonarnos a su servicio.

No faltan los optimistas que defienden Gnutella como medio para seguir perpetuando el fraude. ¿No hay nadie que piense pagar por la música que escucha?

No voy a negar que tanto Napster como Gnutella, como cualquier sistema que permita convertir al usuario en emisor al mismo tiempo que receptor, aprovechan las posibilidades de la Red y son armas muy interesantes, pero deberían de servir para hacer cosas legales y para promocionar la cultura, no para lo contrario.

La experienca de Napster debería servirnos para aceptar de una vez por todas que nadie regala nada, que aceptar regalitos en Internet es tan peligroso o más que hacerlo en la vida real (de pequeño siempre me decían que no aceptara "regalitos"). Hay que pagar por las cosas, y procurar producir dinero con actividades legales y honestas, y ofrecer productos de calidad sin recortar la libertad del usuario.
Después de las canciones fueron a por las películas. Una década ominosa se han tirado succionando el trabajo de otros para no pagar. Al piratilla doméstico lo tolero porque la carne es débil. Al santón intelectualoide no, alguien tendría que haberle cerrado el pico hace tiempo.

Ahora ya queda claro que el futuro no pasaba por allí y que el cibermangue hispano se va a tener que terminar. ¿Qué pasará con todas las falacias hasta ahora fabricadas? ¿Qué será de los guías espirituales de nuestro e-mule? Se biodegradarán como cáscaras de plátano.

14:11:22 ---------------------  

2016 en Denia (Alberto Noguera)
El implacable retrato del desencanto y la corrosión de las ilusiones en la España de principios de siglo.
Comprar por 3,59€ en Amazon.


© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


Leer los archivos

Entradas destacadas:
Pepito Relámpago - Pepita Nuncabaja - Seis meses en meetic - Etapas de la burbuja