9 de enero de 2008
Memorias universitarias VII
Estoy lesionado en la espalda y no puedo sentarme durante mucho rato en la silla del ordenador, de manera que voy a seguir de momento narrando mi vida universitaria desde el sofá mientras dure la batería.

Me matriculé del doctorado en el otoño de 1999. En aquel tiempo lo llamaban "tercer ciclo" y habían pensado en matriculaciones masivas. Pero la realidad es que muy pocos estudiantes se interesaron por unos cursos que no valían básicamente para más que redactar luego una tesis e intentar hacerse profesor universitario. La gran mayoría se fue a los institutos a ganarse el pan, como es lógico y de sentido común.

El programa se llamaba "Literatura hispanoamericana y portuguesa". Un popurrí de lo que les interesaba a los profesores de aquel departamento. Cada crédito se pagaba a 5.000 pesetas. Hago un pequeño recuento:

Arcadio López Casanova seguía contando básicamente lo mismo que en el primer ciclo. Machado, Juan Ramón Jiménez, José Hierro. Recuerdo que un día analizamos la poesía esa de "soy animal de fondo de aire". Yo todavía no sé a qué se refiere Juan Ramón con eso. Machado me interesa mucho más. Yo creo que es el mejor del siglo XX, y de paso ponle también el XVIII y el XIX, ya que tan malos poetas hubo. Del XXI ni hablo, porque medirlo con los poetastros de ahora daría risa, y con La Oreja de Van Gogh o El Canto del Loco también. "Quiero entrar en tu garito con zapatillas y que no me miren mal al pasar", pues hombre, creo que no.

Yo creo que Arcadio es un buen profesor, un hombre que enseña con un manual redactado por él mismo. Tal vez entienda las poesías de una manera un poco mecánica, formalista. Esto es un viejo debate sobre aquello que se llamaba la "sincronía" y la "diacronía". Parece que estos académicos se formaron en una época de excesivo historicismo en la crítica literaria (diacronía) y quisieron incorporar las tesis formalistas (que datan de la primera década del XX pero que a España no habían llegado) a sus análisis. Esto me parece a mí bien en 1970, pero Arcadio debió tal vez de actualizarse un poco. Yo no tenía problema en sacar sobresalientes con él, pero un poco de transversalidad hubiese animado el cotarro.

También podría este profesor en sus clases sobre novela haber mencionado un poco mejor La Colmena de Cela, una obra que todo el mundo entiende como clave. Él prefería explicar a los Goytisolos y otros bodrios. Estos rencores ideológicos yo no los entiendo. Y ya de paso, ya que Oleza también acabará leyendo esto, pues un poquito mejor se podría explicar a Palacio Valdés, que fue considerado en su tiempo como "el patriarca de las letras hispanas" y José María de Pereda. Y no digamos a Pardo Bazán y Fernán Caballero. Salen de la licenciatura los chavales y se creen que en el XIX sólo escribieron Galdós y Clarín.

Luego había otros profesores de interés desigual. Uno que llamaban Sevi, y que era el director del departamento, explicaba los cuentos del brasileño Rubem Fonseca. Este tío es para mí uno de los grandes cuentistas que he leído nunca. Son unos relatos muy breves.

Luego estaba la inevitable Nuria Girona, con sus cuitas feministas. Hablaba de la tía esa cejijunta, Frida Kaloh, o Khalo, de otra llamada Marta Traba, de otra llamada Poniatowska. Hasta creo que metió a Laura Esquivel, a Isabel Allende, a todo lo que tenía coño y novela publicada en español.

Luego había otro que debía de enseñarnos "la edición de textos en formato electrónico". Se limitó a pasarnos las fotocopias de un tutorial HTML y a sentarse allí para que le hiciésemos preguntas. Había que elegir una obra para editarla y ponerla en su web. Editarla significa transcribir el texto, no poner notas al pie. Hay gente que se cree que hacer la edición de un libro es poner notas al pie. Yo trabajé con uno que se llamaba Libro de motes de damas y caballeros, de un cortesano valenciano del siglo XVI llamado Luis Milán. Era un librito en formato muy pequeño que era una especie de juego. La dama pasaba las hojas rápido y el caballero metía el dedo. Y ahí la dama le hacía el requiebro verbal que había escrito Luis Milán y el caballero debía responder con gracejo. A veces eran simplemente pruebas más bien bufonescas, como ponerse el talón en la cabeza o calzarse los zapatos al revés.

Así se ganaban la vida los escritores antes de que hubiese derechos de autor. Y muy pronto se la ganarán otra vez así, lamiendo el culo de los políticos.

Pero vamos adelante, que esto se me alarga.

Otro profesor iba de listo. Para aprobar su asignatura simplemente debíamos ir a un centro de documentación de teatro, en el centro de Valencia, y hacer allí tareas de archivero. Y nos debía mandar la archivera de allí, porque a él no lo íbamos a ver. Montamos los alumnos una especie de rebelión. Había uno que ya era mayor, pasaría de treinta años, y que no nos quiso apoyar. Creo que escribía obras de teatro y nos dijo que no quería "tener a un crítico en contra". A mí me pareció un arrastrado y un mamón, aparte de un mal escritor, y así se lo hice saber. Luego nos reunimos con el director del departamento, planteamos la queja, él dijo que se ocuparía y muy pronto tuvimos al profesor todo manso entrando a darnos clase. Simplemente se dedicó a enseñarnos unas revistas que se había traído de Argentina. Cuando el esquirol este tiró a hablarle, el profesor reaccionó con una especie de ladrido. Yo creo que el director del departamento no le dijo quién había planteado la queja, y él creyó que era aquel escritorzuelo rencoroso, que como mayor que nosotros nos había acaudillado. Un crítico en contra para el resto de tus días, qué mal rollito.

Hay algo ridículo en el ambientillo del doctorado. Es esa pedantería que nadie quiere reconocer pero que está ahí. Todo el mundo cree secretamente que ya es un académico, aunque de hecho sea un simple alumno. En el mundo de las letras, esto es especialmente penoso. Los becarios eran la mano de obra más barata e ignorante que yo he visto nunca. No les pagaban ni seguridad social. Allí echaban horas y funcionaban poco menos que de secretarias de los académicos. Y a mí ni tan siquiera me aceptaron de becario por falta de nota media.

Con los otros alumnos hice un poquillo de amistad. Uno que se llamaba Juan ahora está en el Instituto Cervantes de Estambul, aunque se queja de la temporalidad. Otra que se llamaba Corín me parece que hizo oposiciones. Otro que se llamaba Luis María entró de becario y ahora está por ahí con un lectorado, no sé si en Italia. Tampoco sé qué ha hecho con su mujer y su hijo pequeño, porque parece que la dejó embarazada antes de hora.

Fue un año en el que me estuve rascando un tanto las bolas. Los cursos de doctorado funcionaban básicamente así: "yo hago como que doy clase, tú haces como que estudias, yo firmo y tú pagas, y si te he visto no me acuerdo". Con un par de horitas diarias por la tarde estaba el tema solucionado. También me pasaba por el CAP por si al final iba a acabar preparando oposiciones.

El piso de los de Villena lo abandoné porque me fui con mi hermano, que acababa de llegar a Valencia. Alquilamos un buen piso en Primado Reig y yo me instalé en una buena habitación de dos camas que daba al patio. Había dejado atrás los autobuses y ya iba con mi cochecito.

Me compré un libro de Escohotado llamado Caos y orden y me estuvieron cambiando las ideas. De entrada, vi que el mundo de las "damas y caballeros" y del "animal de fondo de aire" se me hacía muy pequeño. Eran cuatro años ya con el tema y a mí no me suele durar mucho más el interés en un campo. Lo de Escohotado me alucinó: que si Feynman, que si Böhr, que si los fractales, que si Marujita Díaz. Ese libro es una tontería, pero yo era un joven con demasiadas ilusiones, en un medio mediocrecrático y de pura caspa. Ahora veo claro que iba directo al fracaso. Me sorprendo incluso de que tenga con qué llenar la nevera.

Para el curso que daba Oleza preparé un trabajo con ese libro de Escohotado y las dos novelas de Richard Ford sobre el personaje llamado Frank Bascombe. Se trataba de un nuevo realismo influido por la teoría del caos y los fractales, lo mismo que Zola estaba influido por la ciencia positivista y el determinismo. No sé si tenía algo de razón, pero habrá que dejar pasar 50 años para saberlo con certeza.

A ver si Anagrama traduce ya la tercera parte de esa trilogía, que lleva muchos meses publicada en inglés y aquí a nadie le importa tres pepinos.

Otro libro que leí en ese tiempo fue Las partículas elementales, de Michel Houellebecq. Me gustó un poco pero no me apasionó. Me gustó la crítica que hacía del sesentayochismo y el estilo tan bien elaborado de su prosa. No me gustó lo asqueroso de algunos pasajes y ese deje de intelectualón francés que en el fondo tiene el tío. A mí me han comparado con Houellebecq, o más bien me han insultado diciendo que imito a Houellebecq. Y la verdad es que creo no parecerme en nada a Houellebecq. Dicho en dos palabras: mis influencias son básicamente decimonónicas y norteamericanas, y sobre todo Pío Baroja. Houellebecq me parece un depresivo que se caga en todo y filosofa pero no aporta datos. Yo me paso el día manejando datos. Houellebecq tiene una prosa medida, cuidada, y empezó como poeta. Yo tengo una elocuencia decimonónica parecida a la de Blasco Ibáñez. Soy un escritor de blog que no tiene tiempo ni ganas de repasar lo que ha escrito. Hasta Baroja me llamaría desaliñado. Si la gente me exigiera que anduviese midiendo las comas, prepararía un wiki para que me lo hiciesen los lectores. Y además, Houellebecq siempre que puede critica internet.

Además de los cursos, había que ir preparando un trabajo de investigación que se leería al año siguiente. Yo no sabía dónde meterme y Oleza me aconsejó que me integrara en el equipo que estaba editando las obras completas de Max Aub. No era una mala oferta, puesto que me aseguraba una primera publicación. El problema fue que asignó lo más difícil al investigador más inexperto. El tomo mío se titulaba "Obras de ensayo y artículos de opinión". Tenía Oleza unas microfichas que había encargado al Colegio de México (donde se guardaba el archivo personal de Aub) y luego estaba el archivo de la Fundación Max Aub de Segorbe.

Empecé con las microfichas, que iban en una cajita de cartón. No podía leerlas en casa, debía de ir a la facultad porque era allí donde estaba el lector. Si alguien no sabe lo que es una microficha, se trata de una especie de fotografía del papel que se ve como una diapositiva. En una tarjeta del tamaño de una postal había 20 microfichas. Ahora mismo, tal y como escribo esto, ya me estoy mareando. Un par de veces llegué a casa amarillo y con ganas de vomitar, hasta que aprendí a moverlas más despacio y en línea recta.

Claro, no había ningún catedrático que tuviese las más mínimas ganas de hincarle el diente a aquello. Era un trabajo de becario sin beca, si podía ser chino mejor.

Pero lo más acojonante era que allí había miles y miles de artículos inéditos. El cabrón de Aub era una especie de grafómano que todos los días se tiraba tres y cuatro horas dándole a la pluma. Tenía una letra cuadrada, exacta, muy legible. También había miles y miles de folios que alguien en el Colegio de México había mecanografiado, supongo que al morir Aub y con vistas a la edición de aquello.

No había por dónde cogerlo. Yo creo que Aub publicó algo así como el 1% de lo que escribió. Opinaba y opinaba sin parar. Sus tres libros de ensayos publicados (Hablo como hombre; Pruebas y Ensayos Mexicanos) no son ni lo más representativo ni lo mejor de su obra ensayística. Sus mejores opiniones yo creo que siguen inéditas en esas microfichas, porque yo acabé haciendo solamente una especie de censo y con eso me aprobaron. También creo que la publicación de sus obras completas se ha interrumpido o tiene muchas dificultades y que no habrá dinero para meterlo todo.

Fue un escritor más bien mediocre este Aub. Era un socialista con ideas de lo más ordinario. Si acaso, destacaría su sentido común y su memoria. Pero de genialidades nada. Y cuando se le iba la pinza se ponía a hacer una prosa pseudobarroca que era pura bisutería. Lo más famoso suyo es El laberinto mágico porque en España no se podía escribir sobre el tema y en el extranjero no había ganas. Te coges ahora mismo el tomo de las memorias de Baroja La Guerra Civil en la frontera y te ahorras los siete tomos de Aub.

No dio mucho más de sí el tema literario. A final de curso me recomendó Oleza que me matriculara en un curso de edición de páginas web porque eso iba a dar mucho juego en el futuro. En la universidad politécnica había una especie de master que tenía una parte para páginas web. Te podías matricular sólo de esa parte. 100.000 pesetas costaba y duraba yo creo que dos semanas.

Las clases se dan en un aula llena de ordenadores McIntosh de aquellos que parecían una burbuja verde. El proceso para hacer una página web se resumía de esta manera:
  1. Diseñar una especie de anuncio publicitario en Photoshop (en aquel caso, un novedoso programa llamado Fireworks).

  2. Recortar una a una las zonas significativas de nuestro diseño y guardarlas en formato GIF en una carpeta.

  3. Abrir Dreamweaver y crear una tabla que abarcara toda la página.

  4. Ir encastrando las imágenes que habíamos guardado en nuestra tabla y cambiando el color de fondo hasta llegar a un resultado parecido al que teníamos en Fireworks.

  5. Si hay que hacer otra página, repetir el proceso.
En el año 2000 ya existían las hojas de estilos, pero aquellos tíos no sabían ni lo que eran. Metían todo el formato en las etiquetas de la misma página, tal y como lo hacía Dreamweaver. Incluso defendían Dreamweaver como editor HTML "limpio", en contra de FrontPage. Lo de escribir y meter texto, ya cada uno se las compondría. Tenían una tendencia muy fuerte a meter los textos y los enlaces en los GIF que luego recortaban.

Estos eran los expertos en páginas web. Gente que venía del diseño publicitario y que creían que la web se había hecho para ellos.

Una vez se puso uno a explicar el JavaScript y empezó: "Un objeto es por ejemplo una nevera. Una nevera tiene propiedades: son las propiedades de ese objeto". ¿Tan difícil era explicar que una función era un conjunto de instrucciones que se ejecutaban todas juntas cuando las llamabas, y que una clase era un conjunto de funciones, y que un objeto es una llamada a ese conjunto de funciones para cargarlas en la memoria y poderlas utilizar cuando nos venga bien? Aquel tío no sabía lo que era un lenguaje de programación y nos soplaba 2.000 pesetas por hora a cada uno.

Luego se tiró bastantes horas enseñándonos el futuro de la web, la revolución que todo lo cambiaría: el programa Flash. Todo el mundo estaba ansioso por empezar a forrarse utilizando Flash.

Y lo teníais que haber visto. El dinamismo con el que explicaba y la energía que desprendía. De verdad se creía que se iba a hacer rico con el Flash y el Dreamweaver. Si el presente era bueno, el futuro sería mucho mejor. Y la hostia que se pegaron todos aquellos tan sólo unos meses después. Tan desconcertados quedaron que se llegaron a creer que la web no serviría para nada.

Después del cursillo aquel dejé el piso de alquiler y volví con mis padres a Pedreguer. Ahí acabó mi vida universitaria y aquí acaban mis memorias universitarias. Quería seguir con el doctorado pero también buscar trabajo haciendo páginas web. Ni una ni la otra cosa saldrían bien. Ya os lo contaré.

18:02:36 ---------------------  

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16 comentarios:

daniel:
Joder Alberto que memoria tienes!! Yo recuerdo por aquellos que uno de mis créditos variables era la búsqueda de fuentes en internet, jeje, otro la creación de páginas web, http://www.terra.es/personal3/danielsanchez/index.htm aquí el resultado, jejeje. Qué recuerdos...
9 de enero de 2008 a las 19:42.  

yo mismo:
no me extraña que haya la crisis que hay habiendo gente que se mete a carreras tan inútiles.
10 de enero de 2008 a las 03:20.  

Manu (The Java Real Machine):
Flash... lo cierto es que flash es muy potente... pero no es un estandar abierto, es propietario, y hace que las páginas sean mucho más pesadas...
Y ahora mismo, a estas alturas, ha perdido con la llegada de cosas como AJAX, que han ampliado mucho lo que se puede hacer en un navegador...

Sobre lo del objeto y la clase... siento tener que corregirte.

'una clase era un conjunto de funciones, y que un objeto es una llamada a ese conjunto de funciones para cargarlas en la memoria y poderlas utilizar cuando nos venga bien'

Es erroneo...

Una clase es una representación abstracta de un objeto real.
Si piensas en el ejemplo de la nevera, la nevera es un objeto real que tiene una serie de propiedades y un comportamiento...

Por ejemplo, una nevera tendría como propiedades...

- Potencia
- Tipo (frigorífico, frigorífico+congelador, congelador)
- Número de puertas (1,2)

Y un comportamiento... porque la nevera enfría, se abren las puertas... sube la temperatura, la baja...

Con una clase, lo que haces es unificar de una forma abstracta la definición de ese objeto y su comportamiento.
De esa forma, luego el programador puede crear instancias de esa clase que representarían a distintas neveras.

Perdona por el apunte, pero tan solo quería puntualizar lo que es. Lo que veo, es que quien os dio el curso no debía de saber tampoco muy bien lo que estaba explicando y no supo transmitir sus escasos conocimientos...

Lo cierto es que lo de 100.000 ptas por ese curso, me parece un auténtico robo.

Y lo que cuentas sobre el doctorado... joder... es lamentable que a estas alturas sigan utilizando a la gente de esa forma, como mano de obra barata... bueno, baratísima.
Y lo del centro de documentación... su puta madre... ¿es que acaso tenía un concierto con los del centro para cobrar por cada pringado que les enviase a currar gratis?...

De verdad, leyendo estas cosas sobre la Universidad Española, uno se da cuenta de que no es más que un nido de bajos, caraduras y jetas... y que está muy lejos de la idea de Universidad como centro de Enseñanza donde se investiga y se comparte el saber...
10 de enero de 2008 a las 10:07.  

profesor de informatica:
Ni un conjunto de funciones es una clase ni una clase es un conjunto de funciones. El ejemplo de la nevera, bien explicado, puede ser aclarativo.
10 de enero de 2008 a las 13:36.  

txolen:
Bueno esto que te voy a poner no tiene que ver con el articulo, sino con el blog en general. Estaría bien hacer una investigación acerca de lo que cuesta alquilar un piso de 50m2 en las capitales de los países de la UE (y quizá alguna otra del mundo), hacer una comparativa con el poder adquisitivo y ver en que capital sale más barato vivir... sería interesante poder hacer algo así
10 de enero de 2008 a las 13:47.  

H:
Hola Alberto:
Estoy de acuerdo contigo en casi todo lo que cuentas del ambientillo de doctorado y otras cuestiones, pero para mi caos y orden tiene más profundidad de la que parece, es la segunda parte de realidad y sustancia y hay que leer ambos para encuadrarlos.

Ahora lleva años preparando otros sobre la evolución de distintos movimientos de izquierda, primero se iba a llamar critica de la conciencia roja, aunque luego le cambio el nombre a el comercio y sus enemigos, seguro que será muy interesante.

Para mí escohotado es uno de los intelectuales más potentes que hay y de los tios más leidos de españa, lo puedo afirmar porque para preparar esta obra le he dejado más de 50 libros de mi propia colección del negri, los desobedientes, la editorial de traficnates de sueños y otras referencias de antiglobalziación y se los lee todos y me los comenta a una velocidad de vertigo.

Bueno después de tanto leerte puse mi primer post en el articulo ese que comentabas lo de un millón y ya me he animado con el segundo por defender a Escota.

Un saludo
10 de enero de 2008 a las 15:36.  

 alberto 
:

seguid con vuestras metáforas y vuestras instancias. lo cierto es que lo único que se hace es agrupar trocitos de código. Con tantas metáforas lo único que hacéis es confundir al personal.

Mirad cómo explica Philip Greenspun el lenguaje SQL en el MIT:

http://philip.greenspun.com/sql/

Ahí sí que no hay metáforas de neveras ni hacer las cosas más complicadas de lo que son. Pero claro, muy español el explicar informática haciendo alegorías y poesía haciendo álgebra.
10 de enero de 2008 a las 15:42.  

 alberto 
:

Y no olvidemos sus opiniones sobre las drogas y ese impagable libro "sesenta semanas en el Trópico", donde demuestra que en Asia aún no se ha descubierto la higiene. No me cae mal Escota. Una vez lo conocí en persona, hace 14 años en Denia.
10 de enero de 2008 a las 15:51.  

Raúl.:
"No existe discusión más absurda que la que se mantiene con alguien que entiende del tema."

Alberto, Manu te lo ha expicado con claridad.
10 de enero de 2008 a las 20:15.  

nastideplasti:
No te dejes engañar Al, ni una clase es una nevera ni un camello es una esfera de densidad uniforme. Pero programar no es solo juntar trocitos de nada. Moderación Al, moderación...
10 de enero de 2008 a las 21:45.  

Edgar:
20 yos... ¿el anónimo no se va a quejar de la gran cantidad de yos que hay en el escrito? :P

Por cierto, a la práctica Alberto tiene razón en lo que es una clase. Otra cosa es lo que significa a nivel abstracto... y soy ingeniero en informática (superior).

Lo de la nevera está bien para entender lo que quieres decir, pero a la práctica es lo que dice Alberto. Una clase se carga en memoria y tiene unas variables y unos procesos; unos públicos, otros privados. Por eso en C++ (lenguaje orientado a objetos donde puedes hacer todas las "guarradas" que te parezca) puedes liberar memoria fácilmente, así la puedes descargar como te parezca (p.ej.).

No es por llevar la contraria, es simplemente que soy una persona que le gusta explicar las cosas como funcionan a la práctica. Si eres programador te piden 2 cosas, básicamente: que sepas hacer lo que te pidan y que lo que hagas funcione.

Por eso hay tanto intrusismo en el mundillo, pero eso no es porque la carrera esté sobrevalorada. Es porque en cierto momento se necesitaba mucha gente y la tuvieron que sacar aquí de debajo de las piedras (lo digo para que nadie empiece a decir que la carrera es una mierda o es muy fácil: filosofía seguro que es interesantísima pero diría que tiene casi nulas salidas, prácticamente sería un hobby hoy en día).

Perdón, me he salido un poco del tema :P
11 de enero de 2008 a las 00:56.  

Kokoliso:
Alberto, no es solo agrupar trocitos de codigo y variables, eso es simplificarlo demasiado.
11 de enero de 2008 a las 08:39.  

 alberto 
:

muchas gracias, Edgar, uno por lo menos que entiende lo que hace. Creo que explicar la programación con metáforas de neveras es como dar clases en una autoescuela a uno para que reparta pizzas y luego llamarlo ingeniero en automoción. Que si la nevera tiene propiedades, que si le regulas la temperatura, que si le abres el congelador: ¿y cuál es el principio físico que produce el frío? ¿y cómo funciona el motor de la nevera? ¿y cómo hacer que la nevera consuma menos energía? ¿y cómo fabricaré cuando sea ingeniero una nevera? Pues eso, que ingeniero es el que fabrica neveras, no el que sabe regular su temperatura con una rosca. Yo, lamentablemente, nunca sabré crear un lenguaje de programación ni escribir un kernel de Linux, pero utilizar los objetos, programación a nivel usuario, eso debe de estar al alcance de cualquiera. Así lo entienden quienes diseñan lenguajes, al que va a utilizar sus funciones lo llaman "el usuario".

El tío este que se llama "profesor de informática" estará adiestrando mano de obra que utilizará las funciones que trae Java para producir código barato. Y que no sea profesor de instituto y esté enseñando a poner la cursiva en Word.

Los que diseñaron el lenguaje Java en Sun sabrán lo que han metido dentro, pero quienes lo utilizan no. La metáfora de la nevera es informática a nivel usuario, y es también liosa para quienes queremos entender de dónde vienen las cosas. Tengo claro que Java lo hicieron para tener códigos baratos hechos en la India. Por cierto que Linux, Perl, PHP, Firefox y otros programitas se hace en C y C++.
11 de enero de 2008 a las 11:39.  

Manu (The Java Real Machine):
Alberto... creeme, de inicio el tema de objetos puede parecer que complica las cosas... pero en cuanto te pones con ello te das cuenta de que todo es mucho más sencillo que antes, y que facilita muchísimo el trabajo...
11 de enero de 2008 a las 12:29.  

Edgar:
Manu, en este último comentario estoy de acuerdo. Ahora es mucho más sencillo hacer un programa, el picar código.

A ver, no es que tengas razón tú o Alberto: es que vuestras opiniones son caras de la misma moneda. No creo que él quiera decir que no se entiende el ejemplo de la nevera sino que él piensa que es innecesario planteárselo de esa manera cuando él lo que necesita es saber cómo funciona internamente.

Es decir, por ejemplo, puedes saber cómo usar una minicadena pero: ¿a qué frecuencia va el láser que lee el CD que le insertas? ¿Cómo pasa la música de estado digital a analógico (ambos eléctricos/electrónicos) para finalizar en estado acústico?

O con un coche: ¿para qué sirve una bujía? Puedes saber dónde va y cuándo se funde (para saber cuándo hay que cambiarla) pero seguro que hay gente que no sabe que es lo que provoca el estado de explosión que dispara el pistón hacia abajo que transmite esa fuerza hacia el cigüeñal que acaba yendo directamente hacia las ruedas.

A ver, que si se entiende una cosa de cierta manera ya vale pero que lo que dice Alberto y lo que dice Manu no es, en ningún caso y bajo ningún concepto, ningún error. Como he dicho antes, en mi opinión, complementarios.
12 de enero de 2008 a las 12:54.  

Mónica:
A mí sí me interesa la tercera parte de El Periodista Deportivo y de El Día de la Independencia. He leido todo lo que está traducido de Richard Ford y me has dado una buena noticia porque no sabía que había escrito la tercera parte. ¿Podrías dejar una nota en tu blog cuando Anagrama lo haya publicado? Sino temo que no me voy a enterar.
Por lo demás, me divierten tus recuerdos y me dan mucho material sobre el que inspirarme. Un saludo.
17 de enero de 2008 a las 11:30.  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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