8 de enero de 2008
Memorias universitarias VI
En la entrega anterior de esta serie estuve hablando de mi primer año en Benimaclet. Estuve allí un curso más, el de 1997-1998, que básicamente siguió la misma monotonía. Al final de ese curso mi compañero dijo que quería cambiar de aires y yo volví a quedarme solo.

A mí esta organización de los pisos de estudiantes en parejas o tríos me ha parecido lo más asqueroso. La gente no se soportaba. Las chicas se despellejaban literalmente. Los hombres nos aguantábamos un poco mejor, pero cada vez con más desgana. No son lo mismo 18 años que 22. Ya el hombrecillo quiere estar con mujeres o a solas, y no andar recogiendo pelos del culo de otro maromo.

Pero a mí me quedaba un año más y debía buscar, por obligación, un trío o cuarteto en el que insertarme. Lo normal hubiese sido preguntar en el entorno del pueblo y estar con otros chavalotes, aunque fuesen más jóvenes. Pero lo que hice fue apuntar un teléfono de uno de los cartelitos de la facultad, llamar y mudarme allí a partir de septiembre.

Llegué ya con la maleta, sin conocer a nadie. Me acompañaba mi padre. Llamé al timbre y me abrió un chaval más bien bajo, bien parecido, con gafitas y raya en medio. No recuerdo cómo se llamaba, sólo que era de Elda y estudiaba Física. De este chico yo llegaría a ser bastante amigo y tendría largas conversaciones en el comedor.

Había luego otros dos de Villena: uno de apellido Garrido, físicamente muy fuerte, que jugaba al fútbol en la posición de "carrillero" (como decía él). El otro era hijo de un empresario y estaba algo malcriado. Se creía guapo y ligón, aunque era también bajito y tenía los hombros algo hundidos. Iban las chicas detrás de él supongo que por su dinero. Un jueves por la noche había quedado con una de su pueblo y estuvo bebiendo ginebras con tónica para quitarse los nervios. Luego acabó teniendo un golpe con el coche nuevo. Supongo que el padre pagaría.

Estos tíos se lo montaban mejor, la verdad. Habían alquilado un buen piso de cuatro habitaciones en Blasco Ibáñez, en una bonita zona. Como gran avance tecnológico, habían comprado un móvil Alcatel para no tener que ir a las cabinas. A final de mes dividíamos la factura.

Mi habitación era la más pequeña pero también la más silenciosa. Dormí bastante bien en aquella época. No me quedaba a ver la tele hasta tarde. Me gustaba escuchar música y acostarme pronto.

La cena la hacíamos entre todos, tenían un repertorio de recetas bastante bien elaborado. Cada día le tocaba a uno cocinar y fregar los platos. Para mediodía, nos tocaba traer cosas de casa. Mi madre me daba fideuá o arroz. Ellos abusaban un poco del gazpacho manchego. Creo que lo aborrecí ya de por vida.

Por las tardes iban al gimnasio. Yo me apunté al principio con ellos y nos íbamos a hacer máquinas y bicicleta estática. Luego salíamos corriendo por las aceras como el anuncio ese de Nike y subíamos hasta nuestro cuarto piso los escalones de dos en dos. El "carrillero" me ganaba por poco. En aquel tiempo yo hacía mucho ciclismo.

Otra vez fuimos a jugar al tenis y ahí sí que el tío me apalizó de mala manera. Tanto decir que no sabía jugar, que estaba desentrenado, luego sacaba de tal forma que la pelota parecía resbalar sobre el asfalto. Era buena gente aquel Garrido. Su fallo era estar bajo el mando del otro hijo de putita, que se ve que lo iba introduciendo en su glamuroso grupo de amigos allí en Villena.

Alguna vez salí con ellos de marcha. Una vez fuimos en el metro recogiendo gente de Villena para una fiesta en el piso de uno en las afueras. En pleno jueves llevaba el tío un bidón de dos litros atado a modo de macuto para ir pegando tragos de su ginebra con tónica. En la fiesta aquella todos hablaban gritando y me agobié un poco en aquel gallinero. Es costumbre de los castellanos armar toda esa bulla.

Luego se iban a una discoteca llamada Woody, y cuando cerraba simplemente "apatrullaban" las calles sin dejar de hablar por los codos. Recuerdo que era el año aquel del "¡trata de arrancarlo, Carlos!", y no paraban de imitarlo.

Era normal encontrarse con un grupito de chicas y ponernos a beber de todas las botellas que ellas llevaban, para luego despedirnos y no verlas más. Aquella gente follaba poco o nada (yo nada) pero al alcohol le tiraba con ganas.

Recuerdo también algo curioso: enfrente de la discoteca Woody, que estaba a un paso de las facultades, había una panadería que se había reconvertido en tienda de licor barato. Más que cola lo que había era un hormiguero desordenado a la entrada. Dentro apenas había tres metros cuadrados frente a un mostrador que antes tendría pasteles o croasanes, pero que ahora tenía botellas de whisky, vodka o ron. Estaba claro que las rellenaban con garrafón porque con dos copas tenías ya dolor de cabeza. Todo lo vendían con vasos desechables de plástico, podías pedir un vaso individual o un "cuba litro". Pero claro, nadie hacía aquella larga y sudorosa cola por un solo vaso. Pedían el vaso de litro con pajitas y lo compartían con los amiguetes de pie en la acera. Luego le tocaba a otro entrar.

Una vez conseguimos encontrar una mesa. Nos sentamos y se pusieron a jugar con una botella de cerveza vacía: "al que le toque, tiene el culo abierto"; "al que le toque, a su madre le huelen los pies". Cuando me tocó mover la botella a mí, no sé exactamente lo que se jugaba, pero le di con tanta fuerza que pegó en el "cuba litro" y se lo eché encima de uno.

Un complemento a aquella tienda de licores era otra que vendía pizzas hasta las cinco de la mañana. Las hacían en una bandeja para barras de pan, cada pizza tendría un metro cuadrado. Las cortaban a trozos y por cuatro perras llenabas el estómago antes de dormir.

Yo no fui muy asiduo de aquellos jueves etílicos, pero me ha gustado probar de todo un poco. La gente que se apoltrona en casa de los padres y sigue la misma rutina durante quince años cree que por hacer un viaje con EasyJet ya ha visto mundo. A mí me llaman insociable, pero creo que esa no pertenencia a ningún grupo me ha permitido meter las narices en muchos.

Otro ambiente totalmente distinto era el del ajedrez. Yo había jugado bastante y ya empezaba a aburrirme, pero como había madurado algo el carácter, era cuando mejor jugaba. Me pasaba de vez en cuando por las clases de Mauricio Vasallo y una vez nos invitaron a un torneo interuniversitario en Alicante. Estuvimos allí en un hotel muy chulo. Por la noche nos reunimos en una habitación a analizar partidas.

Había uno que era maestro FIDE, un nivel próximo al profesionalismo, pero hablaba como un subnormal. Parecía un makinero de esos descerebrado. Se encolerizaba enseguida: "¡Que no, que aquí cuantas más piezas mejor!". Tenía un ordenador portátil, uno de los primeros que yo he visto, y se había comprado una base de datos con todas las partidas del mundo. Estaban mirando las partidas de sus rivales del día siguiente.

Luego había otro que estudiaba Filología Inglesa que llevaba una especie de levita y gafas de pasta. Era de esos que dan la mano con las puntas de los dedos. Cuando estaba frente al tablero se quedaba como momificado, ni pestañeaba.

Había luego otro un poco regordete que luego se hizo abogado y que tenía un nivel muy alto. En las partidas siempre se sacaba un yogur y se lo comía mientras pensaba. Se decía que era mejor incluso que Julen Arizmendi, que luego acabó siendo profesional. No me acuerdo de su nombre. Un par de años después me lo encontré por la calle y me dijo que había abandonado el ajedrez del todo, que los domingos quería pasarlos con su novia y no jugando partidas. La verdad es que ahora mismo no sé opinar. No sé si hizo bien o si se equivocó.

También me acuerdo de otro que se llamaba Alberto Castillo. Había cursado las carreras de Arquitectura y Matemáticas al mismo tiempo, y cuando las había terminado había empezado Telecomunicaciones e Informática. Sus padres se ve que eran unos mecenas o yo no sé qué pasaba. Llevaba siempre jerseys de lana y pantalones de tela, como un garrulo de un pueblo de Soria. Llevaba también unas inmensas gafas de culo de vaso. Y era muy buena gente, todo hay que decirlo. Una vez le pregunté qué carrera de las cuatro era la más fácil y me dijo que Informática.

Pero el mejor era nuestro entrenador, el argentino Mauricio Vasallo. Cuando volví del torneo yo estaba decepcionado porque había ganado sólo una partida de cuatro. Su respuesta: "¿no han pagado los viejos la papita? Pues entonces, hombre". Otra vez le dije: "pero es que ese es muy bueno". Y me dice: "¿pero muy bueno de qué, es que va a misa?".

La verdad es que yo a misa no iba nunca, pero era más feliz que los otros años. Las asignaturas de la facultad me gustaban más. Recuerdo sobre todo una: "La novela del XIX", impartida por Joan Oleza. A mí Oleza me parecía el mejor profesor de la facultad. Tiene un buen equilibrio entre el nivel investigador y el pedagógico. Yo creo que quedan ya pocos profesores en esa facultad que sepan realmente de lo que hablan. Cuando se jubilen Evangelina Rodríguez y Oleza, no creo que haya recambio.

He leído muchos libros de crítica literaria, y en cuanto a novela contemporánea hay dos autores que me convencen especialmente: Eugenio de Nora y Joan Oleza. De Nora es un gran conocedor de su nicho, un rastreador muy especializado. Oleza es más transversal, un gran conocedor de la novela como fenómeno cultural. Su curso sobre la novela del siglo XX tiene una larga introducción en la que expone la filosofía de Nietzsche, Kierkegaard, Schopenhauer, los descubrimientos de Einstein, el desarrollo de la producción en cadena, las grandes crisis económicas, etc. La novela para él es una esponja que absorbe todos los detalles de una cultura, lo que ahora se llaman los "memes". Y esa es la idea de la literatura que a mí se me ha quedado.

Luego había otras asignaturas bastante llevaderas y poco a poco se fue acercando el final del curso. Yo tenía claro que quería hacer doctorado y marcharme al extranjero. No sé si mi idea era acertada o equivocada. Lo cierto es que ahora mismo en el instituto estoy muy cómodo pero cada vez más aburrido.

Pero para hacer doctorado primero tenía que ir a hablar con Oleza a su despacho. Estuve allí pasando un montón de nervios pero me aceptó. Me dijo enseguida que me comprara un ordenador porque por internet iban a ir los tiros de la investigación.

Yo creo que, por lo general, hacer doctorado es un error. Lo mejor es acabar tu licenciatura y empezar a trabajar lo antes posible. Pero una cosa buena que tuvo el doctorado fue el año que me pasé sin dar un palo al agua. Esto lo contaré en la próxima entrega.

Aunque antes de eso tuve que pasar un veranito un tanto bucólico y pastoril, porque fue esa la asignatura que me quedó para septiembre. Que si La Diana de Montemayor, que si La Arcadia de Sannazaro, que si La Galatea de Cervantes, un puñado de novelitas encorsetadas, fantasiosas y que, como decían en aquel tiempo los académicos, no están en el "canon" de la novela contemporánea. No he vuelto a leerlas más.

16:46:30 ---------------------  

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8 comentarios:

Anònim:
Massa vegades "yo", pel meu gust. sembla escrit a batzegades, sense cap fil
8 de enero de 2008 a las 17:03.  

Polasco:
Pero será maricón, de los cubalitros jugando a tu madre se tira peos a Kierkegaard y la novela como fenómeno cultural del s. XX.

Aún así, mejor, mucho mejor que cuando opinas sobre música. Aunque lo que esperamos todos es que anuncies bajadas del 30% en vivienda de segunda mano. Un saludo.
8 de enero de 2008 a las 18:00.  

Anónimo:
No te puedes ni imaginar el hambre que pasan esos "profesionales" del ajedrez. Vasallo entre ellos. Creo que Arizmendi se retiró ya del ajedrez, era el único que estaba un poco centrado, por eso llegó lejos pero también por eso se quitó de en medio antes de que el ajedrez no dé ni para dos comidas diarias.
8 de enero de 2008 a las 19:56.  

Joker:
buena!
jejeje

esperamos ese año sabático a ver que estuviste haciendo, truhán! jajaj


por cierto
echa un ojo a este texto:

http://emboscado.blog.com/2494062/

se llama:

EL CARBURANTE ECONÓMICO Y LAS CRISIS INTERBANCARIAS


no tiene desperdicio
8 de enero de 2008 a las 23:03.  

My:
Es genial este blog donde parece que el autor escribe lo que le da la gana: una mezcla de sus razonamientos y sus vivencias. Es mas completo que otros que sólo se centran en una de las dos partes.

Me ha gustado la descripción del físico con la raya en medio, vaya imagen que damos :DD también hay gente normal como yo, de físicos.
8 de enero de 2008 a las 23:22.  

Edgar:
Hay 15 yos, tampoco son tantos si está explicando sus vivencias y sensaciones.

De verdad que hay gente que le busca 3 pies al gato. Creo que está escrito del tirón, sin repasar apenas: eso le da un aspecto bastante personal y cercano. Otra cosa es que te guste lo que opine, piense o sienta :)
9 de enero de 2008 a las 11:40.  

Anòmin:
Cony, no et semblen pocs 15 "yo" quan tots sabem que parla d'ell? la majoria, sinó tots se'ls podria haver estalviat. i pot fer tot l'aspecte personal i proper, però no per això la redacció és dolenta.

Són retalls de la seva vida, que vols que em sembli? no sé perquè hauria d'acceptar més i millor una crítica sobre la seva vida, que no pas una crítica sobre el seu estil de redactar
9 de enero de 2008 a las 17:01.  

Andreu:
Cada vez que leo una de tus entregas me haces revivir el tiempo que pase en Valencia: los pisos de estudiantes en Benimaclet, las abarrotadas clases de la facultad, las zonas de fiesta, las muy bien mencionadas tias estrechas o tios poco habiles. Como bien has dicho mucho beber y poco follar.
Saludos, estoy esperando la proxima entrega.
16 de enero de 2008 a las 11:05.  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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