28 de mayo de 2006
Los siete locos [cuento]
En la avenida Juan Gil Albert de Alcoy, justo al lado de una tienda de aires acondicionados, está la sede de un extraño partido recién creado que se llama Izquierda Liberal Democrática. Un antiguo compañero de la facultad, que se llama Bernat Crespí, me ha insistido mucho en que venga. No tengo claro lo que están buscando.
Llamo al timbre de la puerta 12 y me invitan a subir al cuarto piso. Aparezco allí y me reciben en la entrada con un amistoso apretón de manos. Es un hombre calvo, de mediana estatura y extremadamente delgado, con profundas arrugas en la frente que se prolongan casi hasta la mitad de la cabeza.
Paso a una sala forrada de corcho, como los estudios de música, sin ventanas y con climatización artificial. Después de saludar a mi amigo Bernat, oigo que cierran la pesada puerta también forrada de corcho. Me presentan al resto de personas: una lagartija cerca de la sesentena, con escaso pelo y modales amanerados; un hombre alto de espesa cabellera negra y mentón prominente, con un traje beige y corbata a juego; un cetrino hombrecillo, de frente abombada y nariz porcina, que me extiende una mano fría, fláccida y algo pegajosa; una estupenda mujer rubia de unos treinta años, alta, de fuerte musculatura y esqueleto de percherón, algo pasada de peso y con grandes pechos como balones de fútbol; un hombre joven en un traje cruzado azul marino, con un peinado "arriba España" pelirrojo que acaba en una especie de tupé, delgado y muy cuidado, que me tiende una mano huesuda y seca con un gesto nervioso. Me siento y escucho lo que dice el calvo.
-Muy bien, tenemos el proyecto de ganar las elecciones de 2008.
Parece un tío que habla claro y directo. Miro a mi amigo Bernat y asiente con la cabeza, intentando convencerme.
-Pero si no os conoce nadie, estas cosas cuestan un montón. Exactamente, ¿cuál es vuestra ideología? -le pregunto.
-¿Ves? Ahí está el error -me responde-. Las ideologías ya no existen. Somos un partido liberal de izquierda, que es lo mismo que no decir nada.
-Decir no sé lo que vais a decir, pero luego tendréis que gobernar de alguna manera -le respondo algo incomodado. Supongo que el tío este aspira a colocarse él en el escaño y a los demás les ha vendido humo.
-¿Ves? Ahí está otro error. No he dicho que vayamos a gobernar España, he dicho que vamos a ganar las elecciones. Para gobernar contrataremos un equipo de gestores, para eso hay tiempo de sobra.
-¿Y el programa electoral?
-No te preocupes por eso, queremos que escribas una página web para llevarnos a la victoria, algo parecido a lo que hiciste con Multitextos.com pero centrado en la política. Te pagaremos treinta euros al día durante estos cuatro años. Con una horita cada tarde escribiendo tendrás bastante. Yo ya te diré a quién tienes que morder.
-No sé si te será fácil ganar las elecciones. Hablas demasiado claro... -le digo sonriendo. Aunque sean cabroncetes, los tío sinceros me caen bien. Veo que sonríe maliciosamente.
-Yo no voy a ganarlas -levanta un dedo y señala levemente al tiarrón del pelo negro-. Arturo, enséñale cómo ganarás las elecciones.
Arturo se levanta, junta las manos, se acomoda el traje moviendo los hombros, tuerce a los dos lados el cuello, me mira fijamente y habla con voz hueca y convincente:
-Necesitamos un soporte ciudadano, una alianza civil ante el monopolio de los medios. Necesitamos una solidaridad de las personas por la igualdad y el progreso. Un escenario de libertad y convivencia de todos y todas. Por eso te necesitamos a ti -dice señalándome con un dedo y sonriendo.
-¿Tienes ya claro lo que tienes que hacer? -me pregunta el calvo con la frente más arrugada aún- Repartir hostias a unos y a otros y llevarte la pasta, ¿entiendes o no?
-Sí, entiendo.
-A ver, Ana María, cuéntale cuál será tu misión como vicepresidenta.
Ana María es la escuálida sesentona. Comienza a hablar sin levantarse de la silla, con mucha tranquilidad.
-Defender los derechos de las ciudadanas y la igualdad de oportunidades, garantizar la convivencia para todos y todas. Ayudar al progreso de este país con acciones muy concretas.
Me quedo callado. Creo que me ha convencido.
-¿Te das cuenta? -interviene el calvo- ¿Sabes ya cómo se habla para no decir nada? Bien, Ana María por supuesto no gobernará, necesitamos un rostro honesto, matriarcal, con experiencia en la vida. Es un poco más joven que tu abuela, ¿no?
-Mis abuelas ya murieron -le respondo.
-Bueno, ahora, a ver, Manolo, enséñale tus papeles.
El horrible hidrocéfalo de tez cetrina se levanta y me enseña unos papeles escritos a ordenador, muy manoseados y con aspecto de antiguos. Leo el primer párrafo: "Necesitamos un soporte ciudadano, una alianza civil ante el monopolio de los medios. Necesitamos una solidaridad de las personas por la igualdad y el progreso. Un escenario de libertad y convivencia de todos y todas. Por eso te necesitamos a ti..." y continúa con algunos párrafos más. Miro el segundo folio: "Defender los derechos de las ciudadanas y la igualdad de oportunidades, garantizar la convivencia para todos y todas. Ayudar al progreso de este país con acciones muy concretas".
-¿Entiendes o no? -dice el calvo.
-El tío este escribe lo que ellos dicen. Tu partido es un fraude -le digo.
-¿Ves? Ahí está otra vez el error. Nuestro partido no es una suma de individualidades descoordinadas, es un grupo homogéneo, colaborativo, tal y como queremos que sea la sociedad española.
Miro al final del segundo folio y leo: "Nuestro partido no es una suma de individualidades descoordinadas, es un grupo homogéneo, colaborativo, tal y como queremos que sea la sociedad española".
-Hasta tú eres un fraude, colega... -le digo con ganas de marcharme.
-De acuerdo, entonces no me queda más remedio. Luis, ahora es tuyo.
El joven del traje cruzado se levanta y se aproxima a mí unos cuantos pasos. Carraspea un poco y comienza su intervención.
-Señor Noguera, su discurso carece completamente de rigor y de honestidad. Lamento decirlo ante esta sala, pero muestra usted el comportamiento de un verdadero miserable, una alimaña que sólo oculta su ignorancia con ataques a los demás. Señor Noguera, usted apesta a corrupción, y en mi partido disponemos de información relativa a usted.
-¿Pero qué dice este tío? ¿Este qué es, el mamporrero? -digo indignado.
-No haga más el ridículo, señor Noguera, no haga más el ridículo. ¡Usted! ¡Usted y sólo usted es el verdadero cacique que intenta amordazar a esta cámara!
El calvo le manda sentarse y luego me pone una mano en el hombro para tranquilizarme.
-Luis hará el trabajo sucio. No gobernará, pero ocupará un lugar defensivo en el ejecutivo.
Ahora me quedo mirándolo y parece un picapleitos surgido de las cloacas de los juzgados.
-Bueno, ya conozco vuestro partido...
-Espera, que te falta Carolina -me interrumpe antes de que pueda decir que me marcho. Carolina, la atractiva mujerona, se levanta y se sienta en una silla a mi lado.
-Vamos a ver, Alberto, quería explicarte los detalles referentes a tu colaboración -dice acercándose a mi cara. Tiene un delicioso aliento que recuerda al regaliz, y llego incluso a notar el calor que irradia su rostro. Sus inmensos pechos descansan ahora sobre mi antebrazo-, se trataría de un proyecto totalmente coordinado por mí. Y, como ya habrás supuesto, en caso de llegar al gobierno te reservaríamos un cargo como asesor en el ministerio de Telecomunicaciones y un escaño en el Parlamento. Entonces... Yo creo que es una oferta interesante, ¿te animas a colaborar conmigo?
-Por supuesto -digo. Ahora sus labios morados sonríen sinceramente (?).

16:30:00 ---------------------  

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1 comentario:

Anónimo:
Izquierda Liberal Democrática... je, pero no es tan descabellado. Los principales partidos al servicio de la élite financiera llevan nombres como 'popular' o 'socialista obrero'. Este prota puede que quiera ser irónico, pero la realidad lo es más que él.
29 de mayo de 2006 a las 14:14.  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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