5 de mayo de 2006
Denia Light [cuento]
Un viejo conocido mío, Luis Zamora, me ha llamado para hablarme de un nuevo periódico en Denia. Estudiamos juntos en el instituto, y ya licenciados refrescamos un poco nuestra amistad durante unos meses. Ahora acaba de entrar como redactor jefe en este nuevo diario gratuito bilingüe inglés/español. La idea es que yo colabore con reportajes y crónicas de vez en cuando, además de alguna columna de opinión.
Estoy en Denia, frente al portal de uno de los edificios de viviendas del Paseo del Saladar (es aquí donde él vive, no me ha dicho dónde estará la redacción del periódico). Hace por fin un poco de aire fresco, acabándose ya agosto, y los turistas parecen empezar a marcharse. El otoño se acerca, de aquí a diciembre me parece la mejor época para vivir en esta ciudad.
-¡Hola, Alberto! -me giro y allí está él, con su rostro fofo de piel amarillenta y aún con algo de acné. Va bien afeitado y sonríe con sus grandes incisivos desiguales. El pelo corto y rubio no ha empezado aún a caérsele. Me tiende la mano, también fofa y con un sudor frío y pegajoso.
-He quedado con el empresario aquí mismo -me dice. Tiene una mirada huidiza y nerviosa con sus ojos azules, como si su nueva responsabilidad le hubiese empezado a pesar. Sé cómo se va a sentir en los próximos meses (fatal) y dudo incluso de que su sueldo le llegue para vivir él solo en un piso alquilado.
-¿A qué hora habéis quedado? -le pregunto.
-Ahora mismo -los dos miramos nuestros relojes: las doce en punto de la mañana.
Seguimos esperando unos minutos de pie, con una charla insulsa (por algún motivo, parece que no quiere adelantarme información) hasta que aparece un viejo BMW, bastante bien cuidado, del que baja nuestro hombre. Es un individuo de mediana edad, muy buen aspecto, con todo el pelo en la cabeza y unos movimientos algo nerviosos. Va vestido impecablemente, con un traje beige y una corbata amarilla con un extraño nudo muy voluminoso. Baja del coche dejando la puerta abierta y se acerca a nosotros.
-¿Qué tal, Alberto? -me tiende la mano, fría pero seca y fuerte-. Justo Torres, encantado... Hola, Luis -le da la mano a Luis mucho más brevemente-. ¿Estáis listos? Venga, vámonos.
Dentro del coche, Torres sigue hablando mientras conduce frenéticamente.
-Le dije a Andrew, "lo que le hace falta a este equipo ganador es un buen columnista", alguien como tú, un tío cañero y con experiencia. Vamos a tener el mejor periódico gratuito de España, je, je, je... -ríe nerviosamente en voz muy alta. Luis y yo procuramos imitarlo. Tiene aspecto de comercial, de monigote trajeado experto en choques de manos, adulaciones y manipulación. No creo que haya leído muchos libros en su vida.
-Le estaba diciendo a Alberto -interviene Luis- que el futuro es de la prensa... digamos "sensacionalista", porque la presunta objetividad y seriedad de los grandes periódicos ya no se la cree nadie.
No me ha dicho absolutamente nada de eso. Torres se gira para mirarnos mientras sigue conduciendo a toda pastilla.
-Je, je, je... -otra vez la risa como una ametralladora- Alberto seguro que eso ya lo sabe, ha escrito algunas cosas sobre eso.
De modo que sí que había leído mis columnas de internet. Me veo obligado a intervenir.
-Yo lo sé perfectamente, pero tú eres quien se juega la pasta -le digo.
-Je, je, je... Ahí, ahí... -responde otra vez mirando para atrás mientras toma una rotonda-. Así me gustan los periodistas, que hablen claro.
Según la última afirmación, no le debe de gustar ningún periodista. Mi respuesta se debe a que hace tiempo que no hago consultoría gratuita a ningún empresario, porque no tengo nada que ganar.
-Ya conocerás a White, ese te va a caer bien -sigue Torres-. ¡Vais a hacer buenas migas, ya verás!
Llegamos a un restaurante de la playa llamado Pegolino, en la zona de Les Marines. Es un local con muchos años, que antiguamente fue del máximo lujo pero que ahora se ha estabilizado en lo que los hosteleros llaman calidad/precio.
Sentado solo en una mesa redonda para seis encontramos a un tío de unos 35 años, con un aspecto encorpachado sin llegar a lo obeso, una espesa y casi femenil melena castaña que anuda en una cola de caballo y un rostro blanquecino de rasgos meridionales, con la frente muy pequeña. Es White. Se levanta para darnos la mano y veo que mide casi un metro noventa. Luego nos sentamos los cuatro.
-La verdadera ventaja es la descentralización y el recorte de gastos -dice con un leve acento inglés-. Los viejos periódicos no están bien preparados para utilizar las nuevas tecnologías. Nosotros no vamos a tener una redacción en el sentido decimonónico, será una redacción virtual. Cada redactor tendrá un ordenador portátil y una cámara digital, enviará el texto a la chica de maquetación y eso irá directo a la imprenta. Calculo que iremos a unas ocho páginas diarias, incluyendo publicidad. Yo escribiré una columna cada día, habrá dos redactores -señala a Luis- que harán noticias o reportajitos diarios y luego un par de becarios copiapegas que rellenarán lo que quede. Los colaboradores espero que enviéis una página a la semana de lo que sea. Tú -me señala- tienes libertad total siempre que tengas lectores.
-¿Cómo se llamará el periódico? -pregunto.
-Denia Light.
-Me gusta el nombre -digo sinceramente.
-Hoy mismo ya estamos preparando algunas cosas para el primer número, que tendrá, por supuesto, muchas más páginas de lo habitual.
El camarero llega con unos platitos llenos de cacahuetes salados. Nos pregunta si queremos algo para beber y yo pido un zumo de pomelo.
-Por ponerte un ejemplo -sigue White mientras saca un ordenador portátil de la funda que tenía junto a su silla-, fijaros en un caso típico.
Inicia el ordenador mientras los demás comemos algunos cacahuetes. Luis y Torres parecen encantados con el discurso de White, que ya he adivinado que será el director del periódico. Mi zumo llega sorprendentemente rápido y mientras lo prueba veo que White gira el ordenador para que yo mire algo en la pantalla.
-Este es un caso típico -me dice. Veo una fotografía de basura esparcida por una acera, un montón de bolsas negras, grises, o de supermercado reventadas seguramente por perros que han intentado comer residuos orgánicos-. Un vecino hizo esta foto con su teléfono móvil, luego me llamó, me dio la información y yo he hecho lo que llamamos una fotonoticia. El coste para el periódico es cero, no he tenido que salir a la calle, pero la noticia es exclusiva y muy útil.
Asiento con la cabeza sin abrir la boca.
-Vamos a otro caso -sigue White- un poco más sofisticado. Aquí tengo un reportaje sobre la huelga de las grúas -me enseña una página ya maquetada, con la fotografía de un coche destrozado en medio de una carretera y el titular "La huelga de grúas puede matar bastantes personas en España"-, ya terminado y que seguramente vamos a publicar. Se hizo una rueda de prensa en Madrid... ¿Nosotros tenemos dinero para enviar a alguien a Madrid? No. ¿Tenemos corresponsal en Madrid? No. ¿Estamos abonados a las agencias? No. Pero nos sobra información. Nuestro periódico cierra a las diez de la noche y la rueda de prensa es por la mañana. ¿Cuánta información de esa rueda de prensa aparece en televisión, radio e internet? Prácticamente toda. Este reportaje sólo contiene declaraciones públicas tomadas de otros medios, opinión mía y declaraciones que me ha hecho por teléfono el concejal de tráfico de Denia. Ni tan siquiera llamé a ningún empresario de grúas de esta zona porque me dio pereza, sobraba texto. La fotografía la he tomado del archivo de la agencia EFE, porque ahí sí que estamos abonados.
Sigo asintiendo con la boca cerrada. Torres parece encantado, mostrando unos dientes con aspecto de enfundados, como los de Manolo Escobar.
-Ahora fíjate en esto -sigue con aire optimista-: es uno de nuestros anunciantes -en la fotografía aparece una cabeza alopécica brillando por la grasa cutánea y el flash de la cámara de un fotógrafo inexperto-. Yo mismo he hecho la fotografía con una camarita digital cuando estuve negociando con él la publicidad en su concesionario. Vende coches Toyota y quiere poner un faldón todas las semanas. Pero quiere un extra... No hay problema, la chica de prensa redactará una información cada semana y nosotros la reescribiremos. Esta semana, por ejemplo, me envió una nota por e-mail que decía "El concesionario Toyota Bolufersa espera facturar un 35% más en este ejercicio", pero lo he cambiado por unas letras bien gordas que dicen "Este tío se está forrando" y su cabezón debajo. Puede que se rían de él, pero venderá más con toda seguridad.
Esta última sí que me ha dejado muerto. El cabrón se debe de estar forrando de verdad.
-Ahora acompáñame fuera antes de que nos sirvan la comida.
Camino detrás de él, que va con la espalda muy recta y los brazos separados del cuerpo. En la mano derecha lleva una pequeña cámara digital. Llegamos a la carretera y encontramos una cola de turismos, trabajadores que intentan volver a sus casas de los pueblos periféricos. El semáforo de Les Fonts crea muchos atascos de estos.
-Partimos de una base estadística -dice White-: las mujeres jóvenes tienen una siniestralidad al volante que cada vez se parece más a la de los hombres. Bien, pues vamos a ver.
Se acerca a un par de chavalotas jóvenes, con piercings y un par de anillos en cada dedo. Están dentro de un Renault Clio lleno de adhesivos y bastante viejo. Tienen la ventanilla abierta.
-¿Cuánto cobráis por el servicio? -les pregunta.
-¿Servicio de qué? -responde la conductora, una morena de piel muy blanca que podría ser guapa si no tuviese un atroz acento barriobajero.
-Parecéis dos calientapollas -suelta White. Yo me escurro hacia el arcén, pero él se coloca delante de ellas con la cámara a la altura de la cintura y el dedo dispuesto a apretar el botón. Ellas no se han dado cuenta de ese detalle.
-Anda tío, vete a tomar por culo, mamón, bola de sebo...
White les levanta el dedo corazón, incluso lo ha chupado antes para ser aún más obsceno. Ellas le devuelven el gesto y de repente estalla el flash de la camarita. White comprueba la calidad de la fotografía y volvemos al restaurante.
-¿Lo ves? Si la noticia no va a ti, tú vas a la noticia... -se vuelve a sentar y me muestra en el portátil un titular que dice: "Las mujeres están rabiosas"-. Ahí debajo irá la foto.

18:13:00 ---------------------  

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2 comentarios:

Xavier M.:
¿Lo llamas "cuento" por que es una obra de ficción? Porque se parece tanto al funcionamiento real de la prensa que si me dices que es una transcripción fidedigna de algo que te ha pasado ayer me lo creo a pie juntillas. Claro que el haber "trabajado" (¿se dice así? ¿seguro?) en medios de comunicación te acaba maleando mucho; acabas creyendo que todo el mundo es igual que los periodistas y los amos de los periodistas. Y eso deprime. Y mucho.
19 de mayo de 2006 a las 10:49.  

alberto:
Je, je, es una ficción totalmente, aunque esas prácticas las he conocido en primera persona. Pero las depresiones ya las tuve hace tiempo y ahora estoy, afortunadamente, muy lejos de la prensa escrita.
19 de mayo de 2006 a las 16:08.  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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