21 de mayo de 2006
Como en el desastre del 98
He leído hoy a alguien en un hilo de Idealista.com que la situación actual se parece a los preparativos de la guerra de Cuba, en 1898. Algunos caminamos por la vida como Barojas meditabundos, sombríos, reflexivos. El resto es presa de la euforia, creen las mentiras de los medios, están convencidos de que los pisos nunca bajarán, de que hemos conseguido el Milagro Español: enriquecernos sin exportar nada, sin trabajar, sin inventar, pasando pisos de unos a otros. Nuestra economía "pasapisera" e hipotecada será la envidia de Europa en los años venideros. Así se ven los resultados: los Cayenne, los X9, los Touareg se multiplican. El patrimonio de nuestras familias crece como la espuma. El paro está erradicado para siempre. Hay que darle mucho al bombo, celebrar nuestra cuadratura del círculo.

En 1898, después de la euforia vino la guerra. Murieron 30.000 soldados españoles, el resto fueron rescatados por los acorazados norteamericanos mientras flotaban. Nuestra flotilla de madera fue machacada sin esfuerzo. Sólo un soldado norteamericano murió: le había estallado una granada en la mano. La crisis económica y social que subsiguió nos fue abocando poco a poco a la Guerra Civil.

En esta España de las mentiras, las comisiones y el Pladur, ¿qué es lo que va a venir? Las tensiones territoriales, intergeneracionales e incluso culturales son ya un hecho. Los millones de inmigrantes que hemos engullido en los últimos años están por digerir. Los catalanes y los vascos esperan su momento para apalear al Estado. Mi generación está alcanzando una temperatura, después de incubar rencores durante años, que a mí mismo me sorprende. Todo esto se produce en una época de bonanza económica (falsa). ¿Qué pasará cuando el paro esté en el 25%, la inflación vaya royendo los salarios, el valor de los inmuebles baje continuamente y los tipos de interés se estabilicen por encima del 10%? Eso es lo que me preocupa ahora mismo.

Esta situación sólo podría ser reconducida por políticos honestos y capaces. Pero España no ha sabido producir esos políticos nunca en la historia. Y actualmente, aún menos. Nuestros políticos son monigotes de retórica hueca, profesionales de la mentira. Su mediocridad y su corrupción son los causantes del problema. No pueden, por tanto, encontrar la solución.

A mí me gustaría que España la gobernara alguien como Primo de Rivera padre, alguien que limpiara las calles de delincuencia, defendiera nuestras fronteras con energía y expulsara a ilegales. Alguien que centralizara el Estado y organizara unos planes urbanísticos europeos, no africanos. Alguien que invirtiera fuertemente en infraestructuras y en I+D. Alguien, en definitiva, sin los complejos progres y con una cierta orientación a la clase media, no a oligarquías postfranquistas. Y el Príncipe, que buscase un puesto de trabajo. Eso sería un cirujano de hierro para esta segunda restauración borbónica, que se está erosionando aún más rápido que la primera.

12:07:00 ---------------------  

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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