2 de abril de 2006
La partida de "llargues" [cuento]
En Murla, una pequeña población metida en la sierra del norte de Alicante, hacen unas famosas partidas de pilota a llargues en la misma calle. Paso muchas veces por aquí para dar mis vueltas en bicicleta y los veo con sus equipajes gritando antes de golpear la pelota y con unos cuantos jubilados o niños sentados sobre balones de fútbol como único público.
En plena partida, el casi nulo tráfico a través de la población queda interrumpido. Yo suelo esperar a que tiren la pelota sobre algún tejado de las casitas bajas que flanquean la calle y me escabullo para seguir mi camino dirección oeste.
Pero hoy estoy algo más cansado de lo normal y decido apoyar la bicicleta en una de las paredes encaladas y sentarme en la acera sin tan siquiera quitarme el casco. Los abueletes están acostumbrados a ver ciclistas y ni me miran.
Los jugadores llevan el traje oficial (estas partidas computan para el campeonato valenciano), con pantalones largos blancos y camisa de manga corta roja o azul, según el equipo sea local o visitante. Tampoco falta la faja tradicional, parecida a la que usan los falleros.
-¡Meua! -grita el resto, el jugador de más al fondo. Rondará los cuarenta años, es menos corredor que sus compañeros pero parece especializado en lanzamientos de mucha potencia. Acto seguido empalma la pelotita de cuero sin dejar que toque el suelo y la lanza a más de cien metros calle arriba hacia el equipo contrario. El chasquido del golpe duele de oirlo, pero suelen protegerse muy bien las manos, con un guante de piel, un naipe alrededor de cada dedo y una gruesa envoltura de esparadrapo. Eso no evita que a veces a alguno le estalle una vena tras un golpe demasiado fuerte.
-¡Val i quinze! -grita el árbitro. Los abueletes sonríen y uno con una boina levanta su gayato. Los otros (visitantes) no han podido devolver el tiro.
-¡Hostia puta, Josep! Pega-li fort. ¡Fort! -grita el jugador más adelantado de los visitantes (el "punter"), que van de azul. El tal Josep es el resto de los azules. Es un jugador grande pero jovencito y parece que ha tenido miedo de golpear el obús que bajaba desde los tejados.
En el siguiente punto los mitgers (situados en medio) se devuelven la pelota voleando con mucha virulencia. Algunas chavalitas se han puesto de pie pegadas a la pared con caritas de admiración. El resto Josep parece asustado, abre mucho los ojos arrugando la frente y tiene su cara lampiña colorada. El resto de los rojos vuelve a pedir la pelota.
-¡Meua! -golpea aún más fuerte que la otra vez. La pelota sube a más de veinte metros y comienza a caer casi a plomo en dirección a Josep. Los otros tres jugadores de su equipo lo miran con desconfianza. El chaval vuelve a golpear con miedo y la pelota pasa por debajo de la cuerda. Otro punto perdido.
-Me cague en la puta mare. No saps pegar-li a la pilota? Com més forta vinga, més fort has de pegar. Si et tira una difícil, li l'has de tornar més difícil. Ara saben que eres dèbil i totes aniran a tu -dice el punter azul, que es el que manda en el equipo.
Me remuevo en la acera tapándome la boca con la mano. Debería subirme a la bicicleta y avanzar hacia Castell de Castells si no quiero que se me haga de noche, pero esta partida se ha puesto muy interesante.
En el siguiente punto, todos los rojos buscan a Josep, que devuelve algunas pelotas pero vuelve a fallar pronto, bloqueado por el miedo. Su compañero vuelve a recriminarlo.
-Posat't ahí davant, fes el favor -le pide que cambie su posición, algo muy raro en este deporte. Josep se pone de punter y el otro de resto.
El resto rojo sigue en su táctica de lanzar pelotas altas que bajan con mucha fuerza. Parece tener cogida la medida a esta calle estrecha y no se le desvían apenas.
El nuevo resto azul mueve rápidamente los pies para colocarse antes de golpear, mide mentalmente la velocidad y colocación de la pelota, tensa todo el cuerpo con los labios apretados y golpea con muy mala leche. La pelota ha vuelto a pasar por debajo de la cuerda. Miro al jugador y está tendido sobre el asfalto, agarrándose el hombro con la otra mano y apretando los dientes. Esas dislocaciones suelen ser muy dolorosas.

11:17:00 ---------------------  

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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