19 de abril de 2006
La muchacha que hacía autoestop [cuento]
Nueva ola de calor en Levante. El aire sahariano llega humedecido por el Mediterráneo y causa un bochorno insoportable. Durante el día, las calles están desiertas. La gente se esconde en sus casas, protegidos por el aire acondicionado. Los que se ven obligados a trabajar al aire libre o a cambiar continuamente de lugar en coche se van quitando el sudor de la cara con los antebrazos y están de mal humor. Todo el mundo escucha continuamente la radio para ver si anuncia un poco de aire fresco.
Por la noche, la cosa cambia. Los ancianos sacan una silla a la calle y se sientan en grupos a mirar a los jóvenes pasar y charlar sobre sus pequeñas preocupaciones. La mayoría aún no tiene aire acondicionado y aprovecha para refrescarse antes de meterse en la cama (sin ducharse ni lavarse los dientes).
Es jueves y decido darme una vuelta en coche por los alrededores mientras el aire acondicionado me quita de encima momentáneamente la humedad. Yo tampoco tengo aire acondicionado en mi casa por cuestiones que no voy a explicar.
Salgo de Pedreguer y enlazo con la N-332 en dirección sur. Son las once de la noche y el tráfico aún es algo espeso. Antes de Gata me desvío por la CV-734 hacia Jávea y encuentro algo más de tranquilidad. Paso por dos rotondas y luego meto la cuarta y circulo relajadamente. El Montgó queda a mi izquierda, con su mole de roca silícica circundada por las lucecitas amarillas de los chalets. Muchos de esos turistas estarán ahora bañándose en sus pequeñas piscinas.
Este recorrido lo he hecho varias veces y conduzco de memoria: Benitatxell, Moraira, las cerradas curvas del tramo de la Fustera, Calpe y de nuevo a la Nacional para cruzar Benissa y seguir dirección norte hasta Pedreguer.
Cuando llego a Gata son las doce y media. Una prostituta hace autoestop en dirección contraria. Es rubia, con dos coletas, y parece tener buena salud porque los pantalones cortos dejan ver unas piernas musculadas. Miro por el retrovisor cuando ya la he sobrepasado y me doy cuenta de que tiene una mochila unos pasos detrás de ella, apoyada en uno de los pilares del guardarraíl. Me doy cuenta de que no es una prostituta sino una autoestopista.
Me desvío inmediatamente para volver a la CV-734 y en la primera rotonda doy media vuelta, vuelvo atrás y cojo el bucle para enlazar con la N-332. En cuestión de dos minutos estoy otra vez a la entrada de Gata en dirección sur. La chica sigue allí, mostrándome el pulgar levantado y un rostro inocente y optimista, blanco y muy bello.
-¿A dónde vas? -le pregunto mientras bajo la ventanilla.
-A Alicante -me responde. Su español parece de Madrid. Tiene los dos incisivos superiores algo separados, lo que le da un aire bromista. Es un tipo caucásico: branquicéfala, con la frente tirando a pequeña y los ojos azul claro. Parece descendiente de una de las oleadas migratorias europeas del siglo XVI, cuando Castilla no podía acabarse el oro de las Indias.
-Puedo llevarte hasta Benidorm -le digo. Hasta Alicante creo que no me llega la gasolina. Además, en los tres cuartos de hora que tardaremos hasta allí me da tiempo suficiente a meter las narices en su vida.
-De acuerdo -dice sonriendo y asintiendo modestamente. Bajo del coche y le abro el maletero para que deje su mochila. Luego nos subimos con ese afecto forzado de los que acaban de conocerse.
-Voy a ver a unos colegas. Creo que llego tarde -digo mintiendo. No tengo ganas de admitir que me doy vueltas solo con el coche. Hay gente que está educada para despreciar a quien disfruta estando solo.
-Pues yo voy a Alicante a coger el ferry hacia Ceuta. Quiero darme un paseo por Marruecos.
-¿Tú sola?
-Sí, yo sola. Me gusta estar sola.
En la subida hacia Benissa me encuentro con un chorro de motocicletas que serpentea a toda velocidad. Algunas me han deslumbrado.
-Pues haciendo autoestop conocerás a un montón de gente.
-No tantos. De Madrid aquí unos seis o siete.
Guarda silencio durante periodos prolongados sin remordimiento. Tiene las piernas un poco abiertas y las manos en el regazo.
-¿Cuántos años tienes? -le pregunto.
-Veintiséis.
Es mayor de lo que parece. Tiene casi mi edad.
-¿Cuántos tienes tú? -dice sonriendo después de un largo silencio. Es simpática.
-Veintisiete.
-Pues estamos casi igual -dice.
-No sabemos si somos jóvenes o adultos.
-Yo soy adulta -dice clavándome sus ojos azules y sonriendo con los labios apretados. Ha abierto un poco las piernas sin darse cuenta.
-Pues si tú lo eres yo también -le respondo. Con las chicas de Madrid siempre he conectado, a diferencia de las de Barcelona.
Cruzamos Benissa dificultosamente por culpa de los semáforos. No me he metido en la autopista, ahora que podía, y ella no ha mencionado la prisa que yo supuestamente tenía. Las calles están totalmente vacías y el verde para los peatones no sirve de nada. Este pueblo está en una fuerte pendiente que molesta bastante cada vez que tienes que arrancar.
Luego viene una larga bajada con curvas cerradas que tomo a toda velocidad. Ninguno de los dos habla y la carretera está totalmente vacía. Pronto llegamos a los túneles del Mascarat, casi a la altura de Calpe. Nos estamos perdiendo las preciosas vistas del peñón y del mar por culpa de la oscuridad. Falta poco para Benidorm y yo aún no sé a quién llevo en el coche.
-¿Cómo te llamas? -le pregunto.
-Lucía.
-¿Y a qué te dedicas, Lucía? -vuelvo a preguntar.
-Soy secretaria y canto los fines de semana con un grupo -responde de buen humor.
-Eres una artista.
-Si tú lo dices...
Benidorm está muy cerca y yo tengo mi curiosidad satisfecha, de modo que guardo silencio. A estas alturas del verano, cualquiera estaría pensando en ligársela, pero yo no estoy tan obsesionado.
-¿Sabes qué? -me pregunta.
-Qué.
-Que estoy pensando que es muy tarde para volver a ponerse a hacer autoestop. Mejor me busco un hotel ahí en Benidorm... -hace una pausa y dispara su propuesta con una cierta vergüenza- Y así podríamos salir a tomar un par de copas y seguir charlando...
Sus ojos ahora brillan, reflejando la iluminación hortera de Benidorm, que queda a nuestra izquierda. Estoy buscando la primera salida de esta variante para meterla en la ciudad. De repente me viene a la cabeza la primera imagen que tuve de ella, aquella prostituta rumana de pie en el arcén.
-No puedo -le digo-. Mis amigos me matan si los hago esperar más.

17:54:00 ---------------------  

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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