15 de abril de 2006
La carretera de El Saler
Hay gente que no tiene claro qué es lo que ocurre cuando se construye y construye sin invertir en infraestructuras. Creen que la construcción es un negocio como el de los zapatos de Elche, cuando más se venda mejor.

Un ejemplo muy claro es el de la carretera de El Saler. Para los que no lo sepan, El Saler es un pueblecito al sur de la ciudad de Valencia, frente a la famosa Albufera. Por ahí ha habido toda la vida una carreterita preciosa, que cruzaba pinares, dunas y circulaba entre la Albufera y el mar. Allí iba Blasco Ibáñez a comerse paellas y allí se montaron los primeros restaurantes turísticos valencianos, hace ya un siglo.

Luego, se fueron construyendo urbanizaciones alrededor de un campo de golf. Era algo que fardaba, tener un chalet en El Saler. Con la popularización de los coches y sobre todo con la autopista que se construyó después, la clase alta de Valencia se compró chaletazos por allí, en la tranquilidad de las pinadas, frente a la playa, a dos pasos de la ciudad.

Pero la población fue creciendo y creciendo, nadie planificó, nadie pensó en tranvías, túneles, enlaces con la A7. Se montaron solamente rotondas y un carril bici. Y ahora esta es la situación que tienen. Parece que aquellos privilegiados de los chalets están un poco encendidos, se tiran tres horas para llegar al trabajo y les hierve la cabeza dentro del coche. Incluso los hosteleros dicen que pierden ya dinero. El negocio se acabó, la saturación lo ha matado.

Claro, también podrían esos comprarse un escúter, como he hecho yo. O el Estado hacer un tranvía como es debido. Pero el caso es que El Saler me parece un aviso para la Costa Blanca. Ese podría ser el futuro que nos espera si no racionalizamos bien el crecimiento. Y ¡ojo!: no digo que pare la construcción, ni el turismo, ni el negocio. Digo sentarse delante de un mapa y pensar qué desplazamientos van a necesitar las personas que se vayan a meter en las nuevas urbanizaciones y reservar dinero para crear las infraestructuras necesarias. Si me permiten los políticos una sugerencia, que contraten a urbanistas alemanes, allí de esos temas saben más que nosotros.



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Actualización: Ayer pasé por esa carretera y no me encontré ningún atasco. Lo que sí que vi fue algunos desaprensivos conduciendo al doble de la velocidad permitida, con monovolúmenes llenos de mujeres y niños, y algún suicida con su moto deportiva. También vi el verdadero motivo de los problemas: a unos 20 kilómetros al sur de Valencia, pasando ya la Albufera, vi que en unos pueblecitos llamados El Perelló y El Perellonet han montado una especie de Benidorm con bloques muy altos de apartamentos. Estas licencias, como sabéis, no las habrá concedido la ciudad de Valencia ni la Generalitat, sino los Ayuntamientos de El Perelló y El Perellonet, que se habrán tirado sus comisiones al bolsillo sin pensar en lo que pasaría después. Y el arreglo está mal, porque desde esos pueblos para llegar a Valencia tienen que pasar por una estrecha franja de tierra que a un lado tiene la Albufera (un lago de unos seis por seis kilómetros) y al otro lado el mar Mediterráneo. La Albufera, por supuesto, no se puede tocar porque es un tesoro ecológico, y la carretera no se puede ampliar sin empezar a demoler edificios. Así que, queridos alcaldes de El Perelló y El Perellonet, tienen ustedes lo que se merecen: un Cagalló y un Cagallonet. No me dan ustedes pena.

14:24:00 ---------------------  

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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