25 de abril de 2006
El plan 14 [cuento]
Pedaleo tranquilamente en el pequeño rellano justo antes de Famorca. Estoy a casi cuarenta kilómetros de mi pueblo en dirección oeste, en el centro del pequeño macizo rocoso que cruza el norte de la provincia. El viento de levante ha refrescado la temperatura y mi excursión semanal en bicicleta está siendo agradable.
Cuando enfilo la pequeña recta que bordea el pueblo encuentro un grupo de personas de pie en medio de la carretera. Llevan unos petos blancos con la inscripción "Molins no. Salvem el Comtat" (el Comtat es el nombre de esta comarca) y unas viseras de cartón con unas letras pequeñas que no distingo, pero que supongo que dirán lo mismo. Han detenido el tráfico y la cola de coches que pretende bajar hacia la costa llega incluso más allá del puente sobre uno de los afluentes del río Jalón (seco). En sentido ascendente sólo hay detenida una vieja furgoneta y yo, que acabo de frenar.
-¿Qué pasa? -pregunto a uno de los del peto. Es un tío joven y bronceado, de mediana estatura y algo pasado de peso.
-Pasa que no pasa nadie -responde con mal humor. Parece uno de esos piquetes que se ponen a las puertas de las fábricas-. Estamos protestando por el plan eólico de la Generalitat, que quiere llenar de molinos todas estas montañas...
-¡Un desastre ecológico! -interviene un compañero suyo, algo mayor, con una cabeza como un balón de baloncesto-. El famoso Plan 14 es un desastre ecológico y acabará con la vida de esta comarca.
Miro a mi alrededor y veo una pequeña ladera poblada de malas hierbas, con una antigua casa de piedra sin tejado y en estado ruinoso. A unos cien metros hay un chalet blanco rodeado de unos cuantos pinos. El resto, en dirección a Fageca, es más yermo de roca y zarzas. A mi izquierda está el pueblecito, con algunas casas restauradas y pintadas de colores chillones y el resto pobres viviendas encaladas, con tejaditos mediterráneos. Hay unas cuantas que parecen abandonadas. Más adelante se divisa la otra ladera, la solana, sin una sola edificación ni cultivo.
-¿Dónde van a poner los molinos? -pregunto.
-Ahí mismo -responde el mismo de antes, que parece el portavoz. Mueve el dedo de este a oeste, señalando la parte más alta de toda la loma-. Mira, aquí lo puedes ver -me enseña una fotocopia en tamaño Din-A3 con un fotomontaje de los molinos (palos blancos con grandes aspas) sobre la montaña. No me parecen tan feos.
-¿Y el problema cuál es? -pregunto algo cansado. He empezado a sudar a chorros al pararme.
-¿Cómo que cuál es? Pues es claro: destrozan totalmente el paisaje de las montañas, el principal patrimonio de esta comarca, matan a un montón de pájaros y hacen un ruido que se oye hasta a dos kilómetros. Esto la gente se cree que es una tontería. Como los que vivimos aquí no pintamos nada porque somos muy pocos, nos ponen todo lo peor. ¿Por qué no van y ponen los molinos en Denia o Jávea?
-¿Pero esto tanto destroza el paisaje? -le pregunto. En la foto los molinos estaban arriba del todo, no tapaban la vista de nada.
-Hombre, si te parece bien que en medio de la naturaleza pongas unas máquinas gigantescas de hierro, que además no paran de moverse... Y que maten a un montón de aves de especies protegidas...
Me quedo mirándolo fijamente detrás de mis gafas oscuras. El sudor hace que empiecen a escocerme los ojos.
-¿No vais a dejarme pasar? -le pregunto. Tengo ganas de marcharme y olvidar estas mezquinas preocupaciones.
-No, no... -responde negando con la cabeza.
-¡Aquí no pasa nadie hasta que venga la Guardia Civil y nos desaloje! -interviene otro que parece más exaltado. Es mucho más grande que los demás y lleva una pequeña pancarta con un palo bastante grueso.
Empiezo a pensar en dar media vuelta y emprender el regreso. Sólo tenía pensado llegar hasta Fageca, un par de kilómetros más arriba, y no tengo ganas de discutir con estos salvadores de la naturaleza a costa de sus conciudadanos.
De repente aparece por detrás de mí un gran coche negro, con los faros redondos y alargados sobre el capó. Es de la marca Lancia. Conduce un hombre obeso con el pelo muy espeso y en mangas de camisa. Al lado va un escuálido hombrecillo, con la cara muy arrugada y camisa de aspecto mucho más barato.
-¿Puedes apartarte, por favor? -me pide uno de los piquetes. El coche avanza lentamente hacia donde están ellos, se abre la ventanilla derecha y el hombrecillo se pone a hablar con el que antes hacía de portavoz. No oigo nada, pero veo que señala con el pulgar hacia atrás mientras el otro asiente con su esférico cabezón. Acto seguido, le abren paso al coche, que cruza tranquilamente el puente y sale del pueblo.
Los otros conductores tienen cara de indignados y alguno abre su ventanilla con la intención de decir algo. Yo también estoy a punto de quejarme cuando oigo que se acerca un vehículo detrás de mí a toda velocidad. Me giro y veo un viejo Citroën C4 frenando bruscamente. Me aparto y veo que se acerca también el piquete. El cabecilla dice en voz alta.
-¡Va con ellos!
Y en ese momento le abren también paso para que pueda continuar. Antes de que desaparezca detrás de los demás coches consigo leer la inscripción del lateral: "Construcciones Seguí".

19:33:00 ---------------------  

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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