18 de marzo de 2006
Respuesta a Juan Carlos Escudier
He encontrado un artículo de Juan Carlos Escudier que es sólo una ristra de falsedades. Parece que en la prensa tradicional, ya sea en papel o en internet, los problemas van a más.

Dice Escudier, por ejemplo:
El progreso intergeneracional se ha detenido irremediablemente. Estábamos condenados a vivir mejor que nuestros padres por la misma razón que ellos alcanzaron un nivel de prosperidad superior el de nuestros abuelos. Pero lo que parecía una constante histórica se ha malogrado con nuestros hijos. Si de algo podemos estar seguros es que la generación más preparada, la que estaba llamada a superar a todas las anteriores, no ganará la carrera.
Eso de que cada generación vive mejor que la anterior se lo he oído a mi padre algunas veces. Mi padre, por cierto, no pasó de la educación primaria con unos curas franquistas. Evidentemente, han sido muchas las generaciones que se han visto obligadas a vivir peor que sus padres. En el siglo XX, los hijos de los que hicieron la guerra civil, por ejemplo. A finales del XIX, los pobres que fueron masacrados en Cuba. La Historia no ha sido nunca lineal. Hay altibajos, épocas de incertidumbre. Si quiere Escudier más información sobre esto, que coja cualquier enciclopedia.

Dice también que está seguro de que mi generación "no ganará la carrera". Y esto lo dice pensando en los contratos precarios, el precio de los pisos, etc.

Pues bien, yo creo que esa carrera ya la hemos ganado. La generación de mis padres tiene unas pichitas llenas de complejos, mientras que nosotros tenemos grandes vergas. Nuestro tamaño es también mucho mayor. Cualquier tonto coge un Easyjet y se va a Alemania a cenar. Tenemos todos conexión a internet y hablamos con gente de Suecia o Estados Unidos como si nada pasara.

Hace un tiempo estuve exactamente aquí, en el comedor de casa de mis padres, con mi novia alemana. Quería presentarla a mis padres y que cenáramos juntos. Pero mi padre no se encontraba en su ser, estaba nervioso, con complejo de inferioridad. Era un Alfredo Landa pero sin gracia. Mi madre apenas abrió la boca. La chica alemana era una simple inocentona que apenas había salido de su pueblecito, allá en Westfalia.

¿Estamos hablando de Paco Martínez Soria, López Vázquez, Fernando Esteso o el mismo Alfredo Landa? ¿Hablamos de esos que tragaron todas las mentiras de la televisión pública, aclamaron a Suárez, aclamaron a Felipe, aclamaron a Aznar y siguen creyendo que Juan Carlos I es un mecenas de la Democracia? ¿Hablamos de esos que cuando venían a buscarnos a las facultades tenían un nudo en la garganta, acojonados en el "templo del saber"? ¿Son aquellos que lucharon contra Franco con tal eficacia que lo mataron de viejo y en su cama y luego acataron su testamento? ¿Se trata de esa generación de taxistas y camareros cuyos salarios se van degradando lentamente? ¿Son los que se escondieron debajo de la cama el 23-F? ¿O son aquellos que aprendieron, a los cuarenta años, lo que era un cepillo de dientes?

¿Esa es la generación a la que no podremos superar? Vamos, hombre, Escudier, no nos cuentes milongas.

Hay otras cosas en ese artículo:
Excepcionalmente retratados en un reportaje publicado por el diario El País en octubre de 2005, se les conoce desde entonces como los "mileuristas", la generación de los mil euros al mes. La nueva clase social no ahorra, comparte piso de alquiler y no se plantea tener unos hijos que no podría mantener. Son los pobres más instruidos de la historia.
Recuerdo perfectamente ese artículo de El País. Estaban pasmados por los licenciados con trabajos precarios. Esto no debió de ocurrir. Es cierto que la sobreformación nos ha perjudicado.

Pero dejadme que le cuente a Escudier mi situación y la de la gente de mi entorno.

Yo ya os he contado que vivo solo en un piso de dos habitaciones, al lado de un faro y a las puertas de la playa. No es un bloque de apartamentos, es un adosado de dos plantas dividido en varias viviendas. Tengo incluso una terracita que nunca utilizo. Estoy de alquiler y no creo que compre nada por esa zona, aunque podría hacerlo. Soy un simple profesor de instituto, pero me llega para pagar una hipoteca. Pero no lo haré porque la casa de mis padres tiene tres pisos, aquí en Pedreguer, y hay días que casi ni me encuentro con ellos. No es precisamente espacio lo que me falta.

Pero no voy a hablar sólo de mí. Pongamos por caso al dueño del piso en el que vivo. Es también de mi generación, no sé si más joven. Compró ese piso hace un año a unos alemanes. La construcción es de hace sólo tres. Se ve que tenía algún excedente de su salario en un concesionario de coches y quiso invertir. Y yo creo que la inversión es buena: por mucho que se pinche la burbuja, lo que se está montando en las playas de Alicante es muy serio. Un piso a dos pasos de la playa y a pocos kilómetros del aeropuerto no puede ser una mala inversión. Sobre todo teniendo en cuenta que no habrá pagado más de 160.000 €. Los precios aún no han subido mucho por allí.

Hace tiempo que no veo a mi ex amigo Ramón. Hemos tenido nuestras diferencias. La última vez que hablé con él se había comprado una moto nueva: una MV Augusta de 900 cc. Una cosa acojonante. La llevé hasta Jávea y en la rectita que hay pillé 190 km/h. como si nada. Menuda bestia.

Pero claro, a Ramón no le hace falta coche porque ya se lo da la empresa. Lleva siempre uno nuevo. Trabaja como vendedor en un concesionario. Según me contó, la media mensual rondaba los 1.800 ?. Con eso, se decidió también a invertir y se compró un chalet en la playa de El Vergel, en cuarta o quinta línea, claro. Pero Ramón tampoco quiere vivir ahí, sus padres tienen una casa vacía dentro del pueblo, de construcción reciente, con calefacción central y aire acondicionado. Y claro, con tan pocos gastos, a veces venía de Alicante, de comprar en El Corte Inglés, y se había gastado 600 € como si nada.

Los padres de Ramón proceden de un pueblo llamado El Bonillo, en Albacete. Su madre ha sido conserje de un colegio y su padre primero fue camionero y luego albañil. Emigraron primero a Alcoy, pero luego buscaron la costa y recalaron en Pedreguer.

Otro amigo al que hace tiempo que no veo es Álvaro Bertomeu. Tiene una empresa de seguros, montada con la ayuda de su padre, que tiene otra empresa de asesoría fiscal mucho más grande. No sé si se habrá casado ya. Hará unos diez años se compró una vieja casa en una callejuela de la zona antigua de Denia. Los informes que tenía su padre decían que esa calle iba a ser peatonalizada y pronto los inmuebles subirían de precio. Pero creo que antes de eso compró otro piso para poder casarse. Tengo que mandarle un e-mail algún día a Álvaro.

De los otros amigos no tengo datos tan recientes, pero supongo que estarán igual: trabajando, comprando pisos, casándose, haciendo el amor, escribiendo libros, viajando, jugando al fútbol, pirateando CDs, viendo la televisión.

No creo que ganen sólo mil euros, como dice Escudier. En cualquier caso, si los ganan, los sumarán a los mil de sus mujeres y pagarán una cómoda hipoteca y un coche mediano. Tiempo habrá para buscar las oportunidades una vez que se haya afinado el olfato económico. Yo creo que la educación que se da en la escuela pública, en la que el dinero ni se menciona de pasada, tiene esa consecuencia: hasta los 30 años uno no consigue deseducarse, quitarse de encima la ferralla ideológica, para dedicarse a ganar pasta, que es lo que da felicidad.

Pero que no se preocupe Juan Carlos Escudier. Estamos todos bien por aquí. Superar a su generación, la de la caspa, los sabañones y los depósitos de suciedad entre los dedos de los pies, ha sido muy fácil. El problema es que él se debe de relacionar con jóvenes periodistas, que sí que dan más bien pena. Pero eso es culpa estrictamente suya. Si no ganan bastante, que cambien de trabajo. O que se vengan a vivir aquí a la Costa Blanca. Pero que vengan a montar negocios o a vender productos, no a hacer el mileurista, copiando y pegando en una redacción de periódico.

Respuesta a Millás

Y quería responderle también a ese nuevo Jean Paul Sartre llamado Juan José Millás. En los comentarios de una entrada de Escolar cuentan que estuvo despreciando a los jóvenes del botellón. Dicen que los llamaba "aborregados" y que en Francia sí que sabían protestar. Preguntaba quién había organizado las concentraciones, y que si no había sido nadie, entonces la cosa no tenía sentido.

Yo lo que creo es que Millás está doblemente acojonado. Por un lado, sabe que su pequeño coto de las columnas de periódico se le acaba. No sólo hay miles de blogs por ahí difundiendo la información, también los jóvenes se saltan a cualquier medio autoconvocándose por los móviles. No aceptan ya aquellos líderes de opinión, aquellos cabecillas que peroraban en las sentadas. La figura del intelectual que guía el rebaño está desfasada. Para mí, quien está más aborregado es quien lee las columnitas de Millás para saber qué es lo que debe de opinar en los bares. No hay nadie más borrego que quien camina sumisamente detrás de una pancarta que portan otros y que él no ha escrito.

Y por el otro lado, a Millás le jode que las masas puedan moverse por su cuenta, sin un partido político que las conduzca. Como servidor del PSOE que es (vive de la columnita, es por lo tanto periodista, es por lo tanto trabajador de uno de los dos grandes partidos) se ha puesto nervioso.

Por eso las concentraciones del botellón me parecen un síntoma muy bueno: son eventos mucho más democráticos, de puro mercado. Cada uno decide si quiere ir, y además decide si quiere convocar a sus amigos.

Y esos borregos que a Millás tanto molestan fueron los que estuvieron el 13-M por las calles, no nos olvidemos tan pronto. Cambiaron un Gobierno en España. Ahora quieren hacerse un botellón, ¿y qué?

17:19:00 ---------------------  

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
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