19 de marzo de 2006
Cambio de aceite [cuento]
Conduzco muy despacio por la CV-725, casi a la entrada de Denia. Busco el concesionario Ford para hacer un cambio de aceite relámpago antes de comenzar el fin de semana comprándome algún libro y la revista Qué Leer. Es viernes y son las seis de la tarde.
Avanzo entre Ford Fiestas aparcados frente a la puerta (con aspecto de cerrada) del edificio. Giro hacia un lateral y encuentro lo que parece la entrada al taller. Todo está organizado como en los concesionarios grandes de Valencia, con una recepción muy limpia, sin rastro de grasa, en la que se hace un presupuesto con un elevador antes de dejar el coche.
Paro el motor, bajo y nadie parece atenderme. Una mujer de mediana edad, rubia teñida y algo regordeta, maquillada y con muy buen aspecto, camina hacia la zona de venta de vehículos nuevos sin mirarme. Un hombre con una camisa a rayas y una chapita con su nombre cogida del bolsillo entra en otro habitáculo que parece que sirve para monitorizar algo del taller. Una chica que recuerdo que hizo conmigo 2º de BUP (algo que los dos fingimos no recordar) esquiva mis miradas, de pie con los brazos cruzados frente a un ordenador muy viejo en el que parece que se hacen los presupuestos.
-¡Hola! -oigo detrás de mí. Me giro y encuentro dos ojos azules y una preciosa sonrisa femenina de labios muy finos. Debe de tener mi edad y está demasiado cerca de mí, algo que me incomoda.
-Hola -respondo cohibido. Ella suelta una carcajada. Parece disfrutar con su trabajo. Tiene un rostro moreno y bellísimo, de raza indefinida, que sólo estropean los restos en sus dientes de los miles de cigarrillos rubios.
-Dime...
-Quería hacer un cambio de aceite.
-De acuerdo, déjame la llave.
Se la doy, se sube a mi coche y con gran agilidad lo coloca sobre el elevador. Parece haber realizado esta acción un millón de veces. No va vestida con uniforme de la empresa. Tampoco he visto nunca una chica experta en mecánica. Me pregunto qué oscura estrategia comercial sigue el dueño del concesionario.
-Vamos a ver -dice abriendo el capó y colocando el palo de metal para sujetarlo. Tira de la varilla y aparece una espesa mancha casi negra en la punta-. Ahora notarás una ligera mejoría en el consumo, porque lo tenías muy espeso.
-Ah, muy bien -respondo. No es mala noticia.
-Hay algunos -dice colocando otra vez la varilla- que conducen y conducen hasta que sólo queda una pasta negra que acaba gripando el motor. Otros dejan los filtros sin cambiar y el consumo aumenta hasta un 30%.
Eso último me deja pensativo.
-¿Hay que cambiar filtros?
-Hombre, es lo más aconsejable. Siempre optimiza el consumo y evita alergias.
-¿Alergias? -pregunto.
-Claro: el filtro de polen.
Nunca había oído hablar de un filtro de polen.
-Habrá que cambiarlos los dos entonces -digo.
-Es lo mejor que puedas hacer. Un coche bien revisado siempre va mejor y tiene más seguridad. El número de muertes se reduce más de un 40% en los coches recién revisados.
Pienso en los anuncios de la DGT. Mi cabeza aplastada contra la ferralla de mi coche destrozado en un barranco. Una muerte lenta y en soledad. Un simple fallo...
-¿Le pegamos un vistazo al líquido de frenos y esas cosas? -pregunto.
-Claro. Sin problemas.
Se agacha un poco para buscar el nivel y lo encuentra correcto. Mira el agua del radiador: todo bien. Levanta el coche con el elevador y nos ponemos a mirar debajo.
-Tenemos una oferta ahora de pastillas de freno. Las que llevas están en las últimas -dice apuntando con una pequeña lámpara fosforescente-. ¿Esto qué es?
Se queda mirando el dibujo de los neumáticos. Uno de los delanteros parece haberse gastado más por la parte de dentro.
-Tienes desalineada la dirección, una de las causas más frecuentes de reventones en las autopistas.
De modo que la muerte me esperaba en la AP-7 cuando yo la esperaba en una montaña.
-¿Y eso cómo lo arreglamos? -pregunto inquieto. Sus ojos azules vuelven a apuntarme.
-Pues arreglándolo, hombre. Alineando la dirección y cambiando los neumáticos. Un plis plas -dice volviendo a su sonrisa.
-Claro -digo haciendo cuentas mentales.
Sigue explorando con su barrita de luz y se detiene en la otra rueda. Pone el dedo en la base de uno de los amortiguadores y me enseña la yema húmeda de aceite.
-Este amortiguador tiene una pérdida. Pronto dejará de funcionar y las ruedas botarán en los baches. Otro de los motivos de pérdida de control y...
-Sí, de muerte -le interrumpo.
-¡Sí! -dice riendo, como si hubiese dicho que soy millonario y me quiero casar con ella.
-Pues habrá que cambiarlo, no quiero rebotar.
-¿Conduces mucho por curvas?
-Sí -supongo que las rotondas con las que han plagado todo este valle que rodea Pedreguer se consideran curvas. Además, suelo darme paseos por las montañas.
-Tenemos ahora una oferta de amortiguadores deportivos. Tal vez son lo que te haga falta. En el tema de amortiguadores, eficacia y seguridad son lo mismo. El amortiguador más seguro es el deportivo.
-Habrá que ponerlos deportivos...
-Claro, es lo mejor que puedas hacer.
-¿No tienes un kit deportivo completo? Ahora estoy pensando que se me queda en poco el Focus este con cien caballos -digo.
-Tendría que preguntarlo dentro -dice pasándose el dedo por el borde de una de las aletillas de la nariz.
-Pues pregúntalo, este coche necesita un cambio a fondo.
Desaparece taconeando con sus botas y moviendo el culito que lleva embutido en sus vaqueros. Busco el interruptor del elevador y bajo mi coche. Cierro el capó, arranco, maniobro lentamente y salgo en dirección a la carretera.

14:40:00 ---------------------  

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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