25 de marzo de 2006
Amunt València [cuento]
La peña valencianista de Pedreguer está repleta el día del gran partido. El Valencia C.F. puede ser campeón de Liga en Sevilla si gana. Sus rivales directos perdieron ayer y la adrenalina acumulada durante toda la temporada aprieta los estómagos como el vapor de una olla a presión.
He venido con Esther, una antigua compañera de la facultad, y Rafa, su nuevo marido y viejo conocido mío del colegio. Me han convencido a última hora tras un encuentro fortuito en la gasolinera lavando el coche (yo tenía pensado darme una vuelta aprovechando el poco tráfico).
Rafa es economista y asesora a pymes en una empresita de Denia. Le gusta discutir conmigo de economía, y últimamente me gana siempre porque he perdido interés por el tema.
-El problema está en el precio del petróleo -dice en voz baja en cuanto nos sentamos en las sillas rojas de plástico frente al televisor. La habitación está llenándose poco a poco-. Con una economía basada en los hidrocarburos, Occidente está cogido por los huevos. Si a eso le sumas la subida de los tipos, el panorama es oscuro. Si las hipotecas se ponen más caras, la burbuja inmobiliaria puede estallar. Tenemos una buena empanada.
-No te preocupes, hombre. Los coches de hidrógeno están listos para llegar a los concesionarios. Y la burbuja... ¡Que estalle! -le respondo mirando a los jugadores salir al campo con el uniforme naranja. Las sillas de delante están ya ocupadas con gruesos hombres mayores; tenderos, fontaneros o mecánicos que van embutidos en jerseys de hace treinta años o camisetas del equipo de la época de Kempes. Hay un par de chavales más jóvenes con camisetas más actuales que parecen sus hijos. Llevan sendas trompetas para celebrar los goles, bufandas con la inscripción "Amunt València" y una bandera sin palo que se preparan para agitar.
-Con ZP tenemos que tener cuidado. Tiene muchas cuentas que saldar y el déficit puede aumentar. El problema real es el miedo, el consumo se retrae, la gente no gasta y se lo piensa mucho antes de invertir. Los indicadores macroeconómicos son negros -responde Rafa.
Comienza el partido y todos se inclinan en sus asientos, se frotan las manos, se retuercen por los nervios. Pronto comienzan a comentar las jugadas.
-¡Ja estem! ¡Hòstia puta, ja estem! Tots els àrbits en contra... -dice uno de los fontaneros. Se levanta de la silla y se gira hacia los demás señalando la televisión. Los demás callan y cruzan los brazos.
En el minuto 11 el joven jugador Vicente arranca por la banda izquierda como un caballo de carreras, recibe la pelota cerca del área, aguanta al defensa que intenta derribarlo, hace una ese frente al portero y dispara en seco. 0-1.
-¡Goooooooooooolll!
Todos nos levantamos al mismo tiempo. Uno de los chavales que hay frente a mí salta con un bocadillo de tortilla en la mano derecha, la trompeta en la izquierda y la boca abierta con el pan a medio masticar. Su padre levanta los dos puños cerrados mirando al televisor, gritando como en éxtasis. Los otros dos salen corriendo al patio para lanzar varios cohetes de celebración. Hay unas chavalitas a nuestro lado que se abrazan de forma más comedida.
-¡Pero que gran que eres, Vicente! -grita uno que aparece por detrás de nosotros. Lleva media cara pintada de azul y la otra media de rojo y amarillo. Se ha atado una gran bandera valenciana al cuello.
En los minutos siguientes hay un espeso silencio. El bocadillo del chaval va a la papelera (se le debe de haber cerrado el estómago). El Sevilla ataca desesperadamente, en busca de los maletines de billetes que los empresarios de Madrid habrán ofrecido.
Después del descanso la gente vuelve a animarse. El Sevilla ha sido aleccionado en el vestuario y han salido a cometer faltas.
-¡Aguanteu ahí! ¡A eixos fills de puta els hem pagat les autovies!
-¡Volen caçar a Vicente! ¡A eixos els ha pagat el Madrid!
Cerca del último cuarto, hay otro momento de bajón. Un gol del Sevilla podría aplazar la celebración una semana (algunos preparan ya una traca).
En los minutos finales Jorge López marca de cabeza y el gol es anulado. Hay un conato de celebración que enseguida se reprime.
-Ho tens clar, Jaumet? Ahí tens el maletí del Florentino. Ja mos han furtat un gol -dice alguien detrás de mí.
-Xe, calla. A veure si s'acaba ja açò -le responden sin quitar la vista de la pantalla.
En el minuto 90, cuando la traca ya está casi preparada, Baraja golpea dificultosamente pero introduce la pelota.
-¡Goooooooooooooooooooollll! -el éxtasis es total. Todos ven la Liga en las manos y gritan liberando la agresividad que han incubado en sus empresas. Los cohetes empiezan a sonar y veo que en el patio hay cinco hombres lanzándolos. Los chavales tocan la trompeta a todo pulmón.
Acaba el partido y les indico a mis amigos que voy a salir. Ellos me acompañan. Los que estaban detrás de nosotros se habían subido de pie en las sillas. Mientras sacan la traca oigo alguna conversación.
-Este any em faig la tenda nova.
-Vaig a comprar-me un camió per al reparto.
-Açò va bé, cavallers...
Caminamos por la calle Mare de Déu del Pilar hacia la esquina. Encienden la traca y me giro para escuchar las explosiones. El olor a pólvora y el viento caliente me recuerdan a las fiestas patronales del pueblo, para las que faltan dos meses.
Detrás del humo blanco oigo los cánticos:
-¡Amunt València, visca el València: és el mitllor!

18:56:00 ---------------------  

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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