4 de febrero de 2006
No hay poetas [cuento]
Conduzco por la carretera de la costa hacia El Vergel para dejar a mi primo José Juan en su casa. Hemos estado probando un par de VW Polo porque acaba de cumplir 18 años y su abuelo le financia un crédito para no tener que esperar el autobús los domingos por la tarde. Los jóvenes universitarios están aprendiendo los placeres del individualismo mucho mejor que los de mi generación.
-¿Cómo está Aroa?
-Bien, ha dejado a su novio. Dice que era demasiado "primario" -dice con aburrimiento. Parece no llevarse demasiado bien con su hermana.
-Vaya -digo. En realidad me alegro.
Tengo puestos los 40 Principales y alarga el dedo para cambiar de emisora.
-No lo cambies, que no hay nada mejor -le digo algo molesto, no me gusta que me toquen la radio del coche.
-Estoy harto de los 40 Criminales...
Mete mano al bolsillo interior de su chaqueta vaquera y saca un cuaderno verde de espiral. Pasa algunas hojas mientras lee. En la radio suena la voz de Vega, la de Operación Triunfo.
¿Qué es de tu vida?
Llevábamos tiempo sin hablar.
Yo ando perdida,
escucha te tengo que contar.
-¿Qué tienes ahí? -le pregunto.
-Nada, unas cuantas poesías. Las estoy puliendo, ahora todavía son monstruos.
Creo que cuando las acabe serán monstruos pulidos, pero aun así siento curiosidad.
-Venga, lee algo a ver cómo está.
-De acuerdo, pero aún no están acabadas. Ahí va una estrofa:
La noche estrecha agachada.
Fondo forrado de fiebre.
La muerte amasa mis mantas
y engaña al niño de mis entrañas.
-No está mal -le digo pasándome la mano por la cara como si me hubiese salpicado de mierda-. Tal vez podrías practicar con alguna otra figura que no sea la aliteración.
-Ja. Qué listo -responde. Creo que está acostumbrado a que le digan esto-. Pero quita los 40, coño -vuelve a alargar la mano pero se detiene.
Me acuerdo de ti
camino de Madrid.
Las cuatro gotas
de un otoño
que recién llegó.

Y llegaste tú
y llenaste de luz
las cuatro flores
de la baranda
de mi balcón.
Este último creo que se llama Hermosilla. Me encuentro un semáforo en rojo con una cola de turistas en sus berlinas. Cuando se ponga en verde tardarán medio minuto en meter la primera.
-¿Crees que podrás publicarlas? -le pregunto.
-No. No publican ya. Las editoriales están vendidas y ya no hay poetas. Todo se hace por las ventas, han matado la poesía. La rosa en la nieve se murió.
-Bueno, no seas tan tétrico. Venga léeme otra poesía -le digo. La cola por fin comienza a avanzar. Hace tan buena tarde que creo que cuando deje a mi primo me daré una vuelta por las carreteras del interior.
-Te la leo si antes quitas esa mierda de emisora.
-Joder, qué pesado eres -el tráfico me está poniendo nervioso. Cuando voy a cambiarla oigo la voz de Amaya Montero y decido dejarla.
No sé si quedan amigos y si existe el amor,
si puedo contar contigo para hablar de dolor.
Puede ser que la vida te guíe hasta el sol,
puede ser que el mal domine tus horas
o que toda toda tu risa le gane ese pulso al dolor.
Puede ser que el malo sea hoy.
Naces y vives solo.
-¿Lo ves? Se cargan la poesía. Todo es comercial. Han matado a las musas -dice desesperado. Tiene un moco seco en la nariz que no acaba de caérsele.

21:31:00 ---------------------  

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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