25 de febrero de 2006
Naranjas rojas [cuento]
Camino bajo una fina lluvia por la acera desierta para buscar mi coche, que está aparcado en las afueras de Pedreguer porque en mi calle ya no cabemos todos.
En esta zona hay un bloque en construcción de más de 40 viviendas y decenas de casas estilo anglosajón, con una parcelita con jardín y garaje. Todavía queda algún campo de naranjos que los propietarios resisten sin vender.
Por aquí iba y venía yo del colegio (está justo al fondo) en mis tiempos de pubertad. Recuerdo que no había ni un solo coche aparcado, donde ahora está el edificio en obras había una vieja fábrica de sombreros y donde están las casas de campo sin campo había naranjos y malas hierbas. Al final de la calle había una pared de bloques de hormigón que a veces saltábamos para escondernos detrás, en un barbecho que nadie utilizaba.
Cuando llego a una nueva bocacalle, muy cerca ya de mi coche, me encuentro con un viejo embutido en un chubasquero cuidando de una especie de tenderete.
Me acerco y veo que tiene varias cajas de madera con algo que parecen naranjas. Lo raro es que son completamente rojas.
-¿Qué es lo que vende usted? -le pregunto. Levanta la cara y veo su barba canosa, con los pelos como cerdas de jabalí. Tiene las cejas muy espesas y también canosas, bajo las profundas arrugas de la frente. La piel está acartonada y quemada por el sol. El capuchino del chubasquero me impide verle el pelo.
-Son naranjas rojas -me dice. Tiene los dientes muy deteriorados. Señala con un dedo grueso y encallecido una de las cajas. Miro a mi alrededor temiendo que aparezca la policía municipal. Es ilegal la venta ambulante en este pueblo.
-Nunca he visto naranjas rojas -le digo. La verdad es que conozco una variedad llamada ?de la sang? que tiene una parte roja. Cojo una y le doy la vuelta: es roja completamente.
-Es una especie modificada genéticamente. Yo estoy en contacto con unos potentes laboratorios japoneses que me han suministrado semillas de esta variedad. Tienen un 30% más de vitamina C y la capa blanca de la piel está reducida al mínimo. Hace varios años que voy detrás de estos científicos.
-¿Pero usted cree que a la gente le gustarán las naranjas rojas? Las naranjas son de color naranja -le digo. Él se me queda mirando con una media sonrisa. Tiene los ojos grises, como las nubes que se ciernen sobre nuestras cabezas y que están amenazando agua mucho más fuerte. Estoy deseando meterme en el coche.
-Puedo garantizarte que el futuro del mercado pasa por esta variedad.
Miro otra caja que hay en el suelo, a su derecha, y detecto un tono levemente azulado. Me pregunto si será otra modificación genética. Alargo la mano, cojo una de las naranjas con dos dedos y le doy la vuelta: el moho cubre completamente la piel.
-¿Estas también son japonesas? -le pregunto.
-Esas son de la semana pasada.

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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