10 de febrero de 2006
La chica de la playa
Uno de los recuerdos más antiguos que tengo es el de una mañana de playa, con un sol de justicia, en Denia. Tendría yo seis, siete, ocho años, no me acuerdo.

Mis padres se habían instalado con sombrilla, mesa plegable, buenas viandas y hasta hamacas. No sé si iban con mis tíos o con amigos suyos.

El caso es que yo decidí hacer una expedición. Caminé unos cientos de metros por la arena caliente. Antes España era un país seguro y los padres dejaban sueltos a los niños.

Estuve un buen rato observando a los bañistas, con sus barrigas, sus flotadores, sus pieles de naranja. No se llenaba tanto la cosa como ahora, había bastantes huecos y algunos incluso jugaban a la pelota.

Lejos ya de mis padres encontré algo que me interesó: una mujer muy rubia, con un sombrero de palma tapándole la cara, tomaba el sol tumbada boca arriba. Estaba ya bronceada. También estaba completamente desnuda.

En aquel momento me pareció normal: cuando uno tiene siete años, va a la playa por primera vez, no conoce los usos y costumbres. Una mujer desnuda era aún indiferente al cilindrín aquel que yo guardaba bajo mi bañadorcito deportivo.

Pero aquella hembra nórdica era admirable: tenía las piernas musculadas, el vello púbico espeso, de color castaño. Recuerdo muy bien, lo juro, su monte de Venus, muy prominente. No recuerdo tan bien los pechos, supongo que no eran muy grandes.

Rodeé a aquella mujer varias veces, mirándola muy de cerca. Yo no sé si dormía o simplemente me ignoraba. Cada vuelta me costaba unos cuantos pasos, aquel cuerpazo se me hacía inmenso.

Después, cuando ya la tuve vista, me marché.

Me gustaría saber dónde estará ahora. Estoy seguro de que era joven, de veintipocos. Han pasado veinte años. Andará ya por los cuarenta y cinco, en algún lugar de Europa.

22:51:00 ---------------------  

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1 comentario:

Anónimo:
Coño, qué barojiano.
11 de febrero de 2006 a las 00:11.  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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