10 de febrero de 2006
Dos hipótesis [cuento]
De pequeño siempre me cortaba el pelo en una peluquería de la zona antigua de Pedreguer, en una callejuela que da a la plaza mayor. Después de varios años de aguantar con clientes jubilados, el barbero cerró y durante mucho tiempo el local estuvo vacío.
Pero ayer pasé por aquí y vi que ha retomado el negocio otro peluquero, que ha puesto un gran cartel que reza: "Peluquería Pedro". Tenía el pelo largo y he decidido pasarme hoy a ver qué tal lo hace.
Saludo y el tal Pedro me extiende una mano fría e inerte como un pescado. El local está vacío y me invita a sentarme en la silla (modelo antiguo, de las que se levantan con una palanca de pie) mientras se pasa la mano por su mostacho tipo Groucho Marx.
-¿Y cómo se ha decidido a retomar esta peluquería? -le pregunto. No parece muy hablador.
-Pues mire usted, tenía una embotelladora de gaseosa que no me funcionaba muy bien.
Empieza a cortar sin preguntarme cómo lo quiero, moviendo las tijeras a una velocidad pasmosa. Parece tener un resorte mecánico en los dedos.
-Me lo hace cortito, si es tan amable -le digo. Él no responde. Miro a la pared de la derecha y veo una bandera de España con un jamón serrano encima. Hay también una pandereta de color azul.
De pronto aparece un moro cargado de alfombras que asoma la cabeza por la puerta.
-Alfombra barata, mucho bueno, barato, barato -dice a toda velocidad. El peluquero se gira y le responde enfadado.
-Aquí no hacen falta alfombras. ¿Tú eres español de España?
El moro se queda mudo con cara de sorprendido, pero cierra la puerta y se marcha. El sonido de las tijeras vuelve a sonar aún con más violencia.
-Está llenándose esto de magrebíes -le digo.
-Es un grave problema. Ya montan hasta mezquitas. Necesitamos más seguridad.
Sigue cortando durante unos segundos y yo me despisto, pensando en un problema de ajedrez que he visto antes en el ABC. Pero de repente se detiene y sale del local. Me giro y lo veo correr calle abajo.
En un par de minutos vuelve con una alfombra al hombro.
-Ya tengo alfombra para el chalet, je, je, je -ríe como si tuviera hipo.
-¿Le ha comprado al final la alfombra?
-No, se la he confiscado. El impuesto nacional, je, je, je -otra vez la risa repelente.
-Vaya con cuidado, a ver si lo denuncian.
-Policías a mí, je, je, je, ¿y para qué soy amigo del alcalde?
-Hombre, poniéndolo así. Pero termine ya de cortarme el pelo, haga el favor -le digo. Creo que el jamón sobre la bandera pierde algo de aceite y huele a grasa.
Sigue con el corte, pero el moro vuelve a abrir la puerta. Parece de mala leche, tiene la cara enrojecida.
-¿Y mi alfombra? Devuelve alfombra...
-¿Pero qué dice usted? Mire usted, le repito que esto es un impuesto nacional por usufructo de suelo patrio. ¿Es usted español de España?
-¿Dónde está alfombra? -repite el moro. Esto me está dando mala espina y tengo ganas de marcharme. El moro desaparece otra vez. El peluquero sigue cortando, me rasura el cogote y luego me quita la toalla.
-¿Ya está? -pregunto.
-Sí.
-Muy bien -me levanto-. ¿Cuánto le debo?
-Diez euros.
No es un precio abusivo. Cuando me inclino a recoger la chaqueta de una silla y buscar el billete, el moro abre otra vez la puerta con una piedra como una pelota de tenis en la mano. La tira con todas sus fuerzas, el peluquero se agacha como si tuviese un resorte y me da en la ceja derecha. Caigo al suelo y rápidamente me toco con los dedos para ver si tengo sangre: un buen goteo. Me ha partido la ceja.
-¿Pero ha visto lo que ha conseguido, pedazo de cabrón?
-Para esto hay dos hipótesis. Usted pague y luego lo miramos.

22:10:00 ---------------------  

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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