19 de enero de 2006
Alfonso, el viejo falangista
Yo de pequeño iba a un colegio que se llamaba Francisco Franco. Estaba en la parte alta del pueblo, ya en la falda de la montaña. Tenía al lado un trinquete bastante importante, en el que se jugaban partidas de pelota valenciana.

La clase de gimnasia nos la daba un viejo policía municipal llamado Alfonso. Era un falangista flaco y fibroso, con la piel como cuero curtido. Daba las clases con unos pantalones de fútbol muy pequeños, unas zapatillas de correr y unos calcetines blancos subidos hasta los gemelos. Utilizaba para darnos las órdenes un pito reglamentario de futbito.

Aquello sería por el año 84. Tenía yo 8 años y cursaba segundo de EGB.

Alfonso nos hacía correr alrededor de un campo de futbito con el piso de cemento con grava. Había siempre piedrecitas sueltas y aquello traccionaba muy mal. El hombre tenía un concepto peculiar de la igualdad entre los alumnos: todos debíamos correr al mismo ritmo, el que se quedaba detrás recibía un cintarazo en el culo. Aún recuerdo a uno gordito, resoplando con la cara roja. Yo tenía buena resistencia y me mantenía bien dentro del grupo.

Otras veces nos imponía pruebas casi militares. Un día nos tuvo toda la hora haciendo sentadillas. Nos dolían un montón los músculos. Yo llevaba unos pantalones Adidas cortos, con cuatro rayas a los lados. Tenía las piernas algo regordetas. Miraba el reloj a cada minuto (un Casio digital que mi abuelo me había comprado en el mercadillo). Cuando sonó el timbre, teníamos las piernas ya entumecidas. Pero Alfonso nos obligó a seguir diez minutos más.

Otro día consiguió un montón de fichas para el tíovivo de la feria, que había venido, como todos los años, a Pedreguer a principios del invierno. En lugar de repartirnoslas, las escondió por todo el colegio.

Era un colegio grande, con un jardín empinado lleno de árboles y otras plantas. Estuvimos toda la hora buscando como locos. Yo no encontré nada y un compañero me regaló un par.

A Alfonso muchos no lo querían. Representaba las viejas prácticas franquistas. Cuando el PSOE ganó la alcaldía, hicieron una especie de borrón y cuenta nueva con los policías. Alfonso debía presentarse a oposiciones si quería seguir trabajando. Creo que rondaría en aquel tiempo los sesenta años, aunque estaba aún en forma.

Las pruebas teóricas creo que las pasó sin problemas. Luego llegaron las pruebas físicas. Allí estaban un montón de jóvenes, todos como toros, buscando un puesto de funcionario.

Los chavales lo mirábamos porque las pruebas se hicieron en el colegio. Alfonso compitió con ellos. Lo vi hacer las carreras de velocidad y de resistencia. Se quedaba detrás por poco. Luego hizo el salto de longitud y el de altura. Recuerdo que al final había mucha gente mirándolo. La mayoría deseaban que quedase fuera. No le perdonaban que hubiese apoyado el golpe el día del 23-F.

El salto de altura creo que era su especialidad. Se quedó al final con sólo dos o tres rivales. Aquel viejo saltaba como una ardilla, aunque por la cara tenía algo de lagarto. Al final el listón estaba muy alto, demasiado alto. Alfonso lo tiró una, dos y tres veces. Se quedó fuera, sin empleo. Algunos aplaudieron.

Ahora creo que ya ha muerto. Esté donde esté: gracias, Alfonso.

15:18:00 ---------------------  

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1 comentario:

Anónimo:
No me creo lo que estoy leyendo. Eres tremendo, qué intregridad.
6 de marzo de 2008 a las 17:11.  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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