11 de enero de 2006
Ajedrez II
El curso 1993-94, comencé algo desentrenado. Había pasado el verano analizando partidas, pero no había jugado. Iba a cursar COU y me sentía ya muy cerca de la Universidad.

Me volví a apuntar al torneo del instituto y me asomé al bar Toca Marro a ver a los asiduos.

En el torneo, el antiguo campeón, el tal Manolo, ya no estaba. Estudiaba Derecho en Valencia. Quedábamos yo y Luciano Morán como favoritos. También había otro amigo mío, que ahora es ingeniero de Teleco, que se llamaba Rafael Selma. Era muy alto, casi dos metros, tenía el pelo amarillo claro y la piel muy blanca, algo anaranjada por el sol. Tenía muy buena cabeza para el cálculo, pero nunca quiso estudiar teoría. Se le podía ganar simplemente con la técnica, pero había que tener cuidado con sus combinaciones.

Este grupito del torneo, Ramón, Luciano, Domingo, Rafa, otro que se llamaba Álvaro y yo hicimos una pandilla para salir por ahí. Recuerdo que estuvimos juntos en Nochevieja y yo, en lugar de comer las uvas, jugué una partidita para pasar el año. No recuerdo si fue contra Ramón o contra Luciano.

Las primeras partidas en el instituto, no me fueron bien. Me olvidé la dama un par de veces, y gané al final porque los rivales eran muy flojos, iban dejándose piezas. Ese año se empleó el sistema de liga, todos contra todos. Poco a poco, volví a entrar en calor y fui ganando uno tras otro a los veinte o treinta participantes. Creo que se me escaparon sólo dos o tres tablas.

En noviembre o diciembre, se organizó otra vez el torneo local de Pedreguer. Yo me encontraba mucho más fuerte y quería resarcirme del gatillazo del año anterior. Mis rivales eran los del bar Toca Marro: Mariano, Noguera, Jaume, Domingo.

La cosa se organizó mejor: nos pusieron en una gran sala en un edificio cerca de la plaza mayor. Creo que se dedicaba a exposiciones de pintura, conferencias, proyecciones y demás. Se llamó incluso al periódico comarcal. Por la mañana apareció uno de los que llamábamos "buitres", un semiprofesional paupérrimo, con una chaqueta de cuero raída. Llevaba una especie de macuto con una botella de agua y el bocadillo para mediodía. Este tipo de jugador suele acudir a torneos de los pueblos para llevarse los premios. A mí me daba algo de pena. Le dijeron que no podía participar porque se trataba de un "cerrado" para jugadores locales. El torneo abierto se jugaba antes del verano.

Comenzamos y gané las primeras rondas. Me acuerdo de una bonita partida con Domingo contra su enroque largo.

Por la tarde, me tocó con Mariano. Yo quería dar la campanada, pero no tenía aún técnica. Perdí.

Aun así, tenía posibilidades de quedar segundo. No recuerdo contra quién jugué la última partida, pero acabé perdiendo de mala manera, con una posición mejor.

Al día siguiente, apareció la clasificación en el periódico. Yo había quedado quinto. Era la primera vez que veía mi nombre impreso. Salía también en la foto.

Ahora recuerdo que en el instituto, antes de Navidad, se hizo un pequeño torneito eliminatorio. Gané cómodamente a todos hasta que llegué a la final. Allí me esperaba otra vez Luciano.

Yo no quería dejarme sorprender y jugué con más cautela. Creo que mi posición era mejor, pero llegué a un final de peones y no sé cómo lo estropeé y me vi otra vez derrotado. Al acabar, me levanté y pegué una patada al aire. Estaba furioso.

Sabía que debía estudiar finales de peones. Compré otro libro y me puse a ello. Luciano estaba también mejorando su nivel muy rápido. El pique era fuerte.

Para Luciano, el mejor jugador en activo era Karpov. Para mí, Kasparov. Para él, el más grande del XIX era Morphy. Para mí Andersen. Para él, el mejor del siglo XX era Capablanca. Para mí Alekhine. Discutíamos durante horas.

Luciano tenía un juego posicional y muy práctico. Reforzaba su posición, esperaba tu error y se imponía con buena técnica en el final. Su punto fuerte era la psicología: no se ponía nervioso, resistía los más fuertes ataques y a la mínima oportunidad te mandaba a la lona. Mi punto fuerte era la imaginación: ideaba combinaciones extrañas, enredaba las posiciones y luego confiaba en improvisar.

Jugábamos muchas veces partiditas de entrenamiento. No parábamos de hablar. Él decía: "¡oh, qué valiente! Ahora te voy a dar la refutación". Yo le respondía: "te voy a hacer un cisco en la séptima fila". Decíamos tantas tonterías, que a veces de la risa no podíamos seguir jugando.

Una vez lo critiqué en la radio del instituto. Ramón, Álvaro y yo hacíamos un programa a partir de las doce de la noche del viernes. El instituto nos lo pagaba todo y teníamos llave. Poníamos música, comentábamos noticias, yo leía una columna, hacíamos alguna imitación chusca, decíamos todas las tonterías que no nos dejaban decir en clase. Yo les estoy agradecido de por vida a mis profesores del instituto de Denia, por la calidad de sus clases y por lo bien que nos trataron.

Pero volviendo al ajedrez, me preguntaron por Luciano. Yo recuerdo que lo llamé "mediocre", "tacaño" y "comepeones". Lo hice sin agresividad, buscando la provocación. La gente allí se rió.

El lunes me lo encontré y me preguntó: "¿estuviste hablando de mí en la radio?". Le dije que sí. Él sonrió: "ya me lo han contado, ya". Entonces, me di cuenta de que Luciano era un buen tipo.

Hacia finales de curso, jugamos nuestra partida en el torneo. Era algo así como una final anticipada. Yo iba con blancas y él con negras. Tenía muchas ganas de ganarle y me preparé bien la apertura. Ahora mismo no la recuerdo. Comencé atacando en el flanco de rey. A mí aquello de jugar al ataque me parecía de mayor valor que esperar el fallo del rival. La mayoría de compañeros también querían que ganase yo.

Luciano se quedó con una posición algo pasiva, pero no mala. Sonó el timbre y tuvimos que volver a clase. Yo me había compinchado con Ramón para que apuntara las jugadas.

Me tocaba jugar a mí y yo quería repetir el golpe a Terradez, quería sacar una combinación ganadora. Estuve toda la tarde dándole vueltas a aquella posición. Al final, creí tener otra vez la inspiración y vi un movimiento de caballo que aumentaba mucho la presión.

Al día siguiente, llegué y jugué el caballo. Luciano pensó un par de minutos y se comió mi peón central. Me lo había olvidado en mis cálculos. Entonces, pensé que iba a perder la partida y el torneo. No podía creer que hubiese cometido aquel error.

Luciano no quiso desconcentrarse. No sé si interpretó que me equivoqué, o si creyó que era un sacrificio premeditado. El caso era que mis piezas rondaban el rey negro, pero no había nada claro. Los otros chavales se pusieron a mirar con mucho interés.

En este punto, tengo la memoria borrosa. No recuerdo cómo siguieron las jugadas. Creo que acumulé alfiles, torres, caballos, metí todos los efectivos contra aquel enroque. Sabía que debía enredar la posición, que si Luciano simplificaba, me pasaría por encima en un final de peones.

El tiempo comenzó a correr a mi favor. Luciano pensaba y pensaba. Las amenazas se le iban acumulando. Comenzó a hacer jugadas un tanto pasivas, con la urgencia de apretar el botón del reloj. Yo no le daba respiro, pensaba mis jugadas en el tiempo suyo y luego movía muy rápido.

Poco a poco, su posición se fue marchitando. Tenía ya varios agujeros y hacía aguas. No recuerdo bien cómo fue el final, pero sí su cara de decepción. A partir de allí, yo ya tenía aquel torneo en el bolsillo.

Puede que quien lea esto no me crea, pero no he vuelto a tener una alegría tan clara, tan intensa. Me quedaba aún algo del niño que disfruta al cien por cien, sin fisuras.

El curso terminó y yo me apunté a la Universidad de Valencia. Quería estudiar Comunicación Audiovisual, aunque por falta de nota acabé en Derecho. Quería también conocer jugadores de nivel, ver si había algún torneo universitario.

21:04:00 ---------------------  

2016 en Denia (Alberto Noguera)
El implacable retrato del desencanto y la corrosión de las ilusiones en la España de principios de siglo.
Comprar por 3,59€ en Amazon.


© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


Leer los archivos

Entradas destacadas:
Pepito Relámpago - Pepita Nuncabaja - Seis meses en meetic - Etapas de la burbuja