17 de diciembre de 2005
Las siete falacias de Gregorio Morán
Leo a través de Nacho Escolar un artículo de un tal Gregorio Morán. Habla de un escritor del que yo nunca he oído el nombre, un tal Vassili Grossman.

Pero antes de eso, suelta las manidas falacias que he escuchado tantas veces:
  1. Los libros que más se venden son basura.
  2. Los escritores que mueren solos, pobres y sin éxito son mejores que los demás.
  3. La literatura de calidad no se vende porque hay una gran conspiración entre editoriales, distribuidores, libreros y reseñadores para imponer la basura a la gente.
  4. Los escritores de éxito comercial son olvidados en poco tiempo, mientras que sólo la calidad asegura la inmortalidad.
  5. Los libros buenos se escriben con dolor, durantes años y años.
  6. Escribir un libro de calidad, de esos imperecedero que a nadie le importa, es lo más grande a lo que un ser humano puede aspirar.
  7. El dinero perjudica a la literatura.
Voy a ir comentando uno por uno estos lugares comunes:

En primer lugar, hay que tener mucha cara para decirle a gente con titulación universitaria, pareja, hijos, casas en propiedad y sobre todo vidas felices que son tontos y vulgares por leer lo que leen. Hay que tener también mucha cara para no reconocer que un buen jamón de jabugo, un coche Mercedes o un televisor de plasma gustan a todo el mundo, pero la literatura de calidad, más barata y en la misma librería, no, porque hay que tener inteligencia para apreciarla.

Yo en cambio creo que la literatura no debe de ser para una élite, porque la esencia misma de la literatura es la comunicación, hacer una cosa bonita y para todo el mundo. Nadie dice: qué bien juega Ronaldinho, qué golazo ha metido, lástima que no tengas tú la sensibilidad para apreciarlo. Ronaldinho corre, chuta, mete el gol y todos saltan a la vez. La literatura no es filosofía, ni metafísica, ni religión, es entretenimiento y comunicación entre personas.

Pero vamos a los otros tópicos: para don Gregorio, eso de morir solo, pobre y sin éxito ennoblece al escritor. A mí perdonadme, pero me parece que un majadero que da mala vida a sus padres, a su mujer o a sus hijos, que desperdicia su felicidad buscando la admiración de cuatro tarados como él y que no deja más que unas cuantas páginas que nadie va a leer, es un tipo patológico de imbécil. No digo más.

La tercera falacia es casi humorística. Yo la llamaría la "teoría de la conspiración literaria". A saber: el público en realidad está esperando novelas espesas, monólogos interiores de moribundos con Alzheimer, ristras de fragmentos en los que no se sabe quién está hablando, bloques de doscientas páginas sólo con comas, saltos temporales sin avisar, quincalla léxica que no está ni en el diccionario. Pero la maldad de los editores, ayudados por los taimados distribuidores y unos libreros maquiavélicos, hace que se imponga al mercado otro tipo de libro, novelas con intriga, descripciones rápidas, diálogos, información, peripecias entretenidas, personajes que los cautiven, es decir, basura pura, de esa que ni tan siquiera hace sufrir al que lee. De esto, por supuesto, los lectores no son conscientes, todo se trama en las altas esferas.

Menos mal que el bueno de don Gregorio, desde esa atalaya de independencia que es la columna de un periódico, nos hace ver la luz.

Su tercera mentira es tal vez la más grave. Es la misma que me contaron a mí en la facultad (sí, yo estudié literatura). Mucho tuve que leer para darme cuenta de la milonga. Don Gregorio establece la conocida dicotomía: existen unos escritores de éxito que serán olvidados en cuanto dejen de vender, y frente a ellos se sitúan los escritores buenos, los que ejercen el sacerdocio literario, que con los años, ya muertos, serán beatificados gracias a sus milagros y tal vez (no quepo en mí sólo de pensarlo) finalmente canonizados.

A mí, si soy sincero, me gustaría mucho estar en el santoral. La primera condición la cumplo: mis libros se venden poco. No están en todas las librerías. Pero menos mal que los últimos serán los primeros en el reino de los cielos.

El problema, es que yo conozco la literatura española desde las jarchas hasta Ruiz Zafón. Habrá otros más expertos que yo, pero un conocimiento tengo.

Si quien lee esto tiene paciencia, hago un somero resumen:Bueno, bien. Sobre ese camino de perfección, esas penitencias de esos pobres pecadores que escriben durante 15 o 20 años un libro, hay que recordar otra vez El Quijote, escrito a bastante velocidad, La Celestina, las novelas de Baroja (dos al año sacaba), las de Dickens, los folletines de Balzac, Sue, Victor Hugo (se pagaban al peso), La isla del tesoro (escrita en pocos días). No hay mucho más que discutir aquí. El que tiene las ideas claras se sienta y escribe. El que tarda diez años dando vueltas y vueltas es porque muy claro no lo tiene.

Y luego está esa ansia patológica de posteridad, de que la fotito salga en las enciclopedias. ¿Qué se gana con eso? ¿Hay algo que a mí me pueda importar acerca de mis libros una vez que esté en el cementerio? La "gloria" literaria, aquella de la que hablaba Alejandro Sawa... Qué inocencia.

Y en cuanto al dinero, estos mediocres parece que le tienen miedo. Mi abuelo me contó una vez que siendo él joven había un perro vagabundo cerca de los campos en los que trabajaba. Los labradores lo veían muerto de hambre, y un día tenían un capazo de pan duro y se lo echaron. El perro, al ver aquella cantidad de comida, salió cagando leches. No le vaya a pasar a don Gregorio como al perro aquel, que cuando ve dinero huye. Actualmente algunos escritores consiguen vivir de la literatura y otros ingresan algún pellizco para comprarle a su mujer un cochecito o llevar a los niños a un colegio donde no peguen navajazos. A esto no le veo yo el problema por ningún lado.

Y es que don Gregorio es una de estas antiguallas del siglo XX, con esa idea ingenieril, mecanicista, de la literatura: los libros son un crucigrama de engranajes rígidos, de lenguaje algebraico, para entendidos. Y a eso se le suma la mezquindad española: los demás venden más que yo pero son una mierda.

Yo lo que no sé es por qué no se le manda a él a la mierda. A contar sus ideas sacerdotales y elitistas de la novela a los viejos progres, a pasear su melón embalsamado por los cementerios, allí donde se disfruta de la Gloria Literaria.



18:12:00 ---------------------  

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4 comentarios:

Gómez.:
"léxico bizarro que no está ni en el diccionario."

No sé si lo sabe pero en castellano "bizarro" no significa "insólito" o "poco convencional" como en inglés sino "valiente". Tengo la impresión de que ha elegido mal la palabra y le está dando un significado que no es el que pretendía.
17 de diciembre de 2005 a las 20:08.  

alberto:
Toda la razón tiene usted, señor Gómez. Ya he corregido el error.
18 de diciembre de 2005 a las 09:47.  

Anónimo:
"Basurilla"
Así me llamó "Don" Gregorio
Le doy a ud. toda la razón.
Sobre todo en lo de creerse
"Sacerdote"
Mi especialidad es la de história,
pero para el señor en cuestión,
todos aquellos que hemos estudiado en la Universidad sólo sabemos de "oidas".
Aunque hayas estudiado toda tu vida y seas un profesor o profesora con diversas titulaciones, te pases la vida entre libros, investigando y preparando clases, para éste señor no existe más Universidad que la suya, aunque él no tenga ni el sexto de bachillerato. Ya saben "basurilla" somos y en basurilla nos convertiremos. Lo dijo Dios el Vertedero.
27 de marzo de 2006 a las 17:40.  

Paco:
Ese personaje llamado Gregorio Morán ha publicado un libro lamentable, "Asombro y búsqueda de Rafael Barrett", lleno de pedantería y de errores, que dedica más espacio a sus intrascendentes anécdotas personales que a la obra de Barrett y que pretende haber descubierto el Mediterráneo.
Hay van algunos enlaces con comentarios críticos a esa obra, que espero sean de su interés
http://www.abc.com.py/articulos.php?pid=391658&sec=14
http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pRef=1907_52_605653__Opinion-Complejo-Adan-Asombro-busqueda-Rafael-Barrett-Gregorio-Moran
http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pRef=1862_52_591284__Opinion-Descubrir-Barret

Cordiales saludos
12 de febrero de 2008 a las 19:48.  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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