10 de diciembre de 2005
La historiadora, de Elizabeth Kostova
Este libro ha sido el primero (tal vez el último) que he comprado antes de que salga a la venta. Le dieron tanto bombo que me convencieron. El hecho es que no pasé de la página 250, aunque tiene 700.

Voy a explicar por qué. Normalmente a una novela de intriga se le pide que cuente las cosas de la manera más eficaz posible, que economice el lenguaje, que no dé información irrelevante. Ya no digo que haya que ser un Hemingway, pero por lo menos que se ponga buena voluntad.

No ocurre así con Elizabeth Kostova. Desde el principio del libro se dedica a rellenar. Las descripciones largas me molestan poco. Pero lo que me estresa son esas explicaciones de relleno en los diálogos, como de escritora principiante.

Por ejemplo:

-A los bizantinos también les gustaban los libros -murmuró Helen, mientras pasaba las páginas de lo que parecía una colección en dos volúmenes de poesía alemana-. Tal vez compraban libros en este mismo lugar. [página 232]

Y claro, ni la poesía alemana ni los bizantinos importan nada para la trama.

Este libro se habría podido escribir en 300 páginas. Hay párrafos largos que sobran completamente. Por ejemplo:

"De haber tenido ojos azules en lugar de oscuros, su cara habría sido la reproducción de la de Rossi en ese momento. Imaginé que ahora advertía cierta semejanza, una extraña transformación de las facciones británicas de Rossi en la estructura morena y definida de Rumanía, aunque bien habría podido ser el efecto de la afirmación de que era su hija. Pero ¿cómo podía ser su hija si él había negado con contumacia haber estado en Rumanía? Al menos, había dicho que nunca había estado en Snagov. Por otra parte, había dejado el folleto de Rumanía entre sus papeles. Ella me estaba fulminando con la mirada, algo que Rossi nunca había hecho".

Esta parrafada viene a decir: "La mujer rumana se parecía a Rossi. ¿Pero cómo podía ser su hija? Él negaba haber estado en Rumanía". Y así está el resto del libro. Tiene una elocuencia, una verbosidad de tipo romántico. Parece que quiere cargarse todo lo que se había avanzando en economía de lenguaje en el siglo XX.

Pero lo peor, lo que más me molesta, lo que me hizo dejar el libro, es el esnobismo norteamericano. Esa idiotez que demuestran cuando vienen a Europa:

"Yo había imaginado Oxford silencioso y verde, una especie de catedral al aire libre donde rectores vestidos a la usanza medieval paseaban por los terrenos, cada uno con un solo estudiante a su lado, hablando de historia, literatura, teología abstrusa. La realidad era mucho más animada: motos ruidosas, coches pequeños que corrían de un lado a otro, y que no atropellaban a los estudiantes de milagro cuando cruzaban las calles, una multitud de turistas que fotografiaban una cruz en la acera, donde hacía cuatrocientos años habían quemado en la hoguera a dos obispos, antes de que existieran aceras. Tanto los rectores como los estudiantes iban vestidos a la moda, sobre todo con jerseys de lana, pantalones de franela oscura los rectores, y tejanos los alumnos. Pensé con pesar que, en los tiempos de Rossi, unos cuarenta años antes de que bajáramos del autobús en Broad Street, en Oxford debía vestirse con más dignidad". [pág. 178]

Lo indigno es que se paguen 100.000 € en España por este bodrio, que muestra como gran sorpresa que el mundo tenga más de 400 años y que a finales del siglo XX los profesores de universidad no lleven toga. Y más indigno es que para promocionar eso se hayan gastado 400.000 € más. Y el colmo de lo indigno es que gracias a ese dinero todas las revistas le hayan dado bombo y platillo.

Pero ya no nos extrañamos de nada. Está número uno en ventas. Y vamos a ver lo que dicen los lectores en La Casa del Libro:

La media de sus evaluaciones es de "Regular":

"Un libro que hubiera podido estar bien pero que esta pesimamente escrito, con una trama torpe y aburrida y unos personajes de papel de fumar. Nunca una idea inicial que daba para tanto se convirtió en tan poco. Una gran decepción pese a toda la publicidad que se le está dando" (Miguel Ángel)

"Un camelo como una casa. La historia no tiene interés alguno y avanza a trompicones. El estilo es torpe y pretencioso a la vez, mal resuelto. Los personajes dan risa, y se supose que es una de vampiros y misterio, y la trama y el modo en que la autora desarrolla la novela es penosa. Sobran por lo menos la mitad de las páginas. Un triunfo de la estrategia de ventas y un fracaso narrativo igualmente espectaculares". (Mercedes)

"A pesar de ser una apasionada de Drácula y querer reírse de Bram Stocker, no tiene categoría. Es un libro al que le sobran 300 páginas. Ha dado vueltas al mismo tema una y otra vez y al final no se entera ni de cómo se llama la protagonista. ¿No os habéis dado cuenta? Tedioso. Trillado y aburrido". (Pal)

"No llevo aún 150 páginas del libro y ya me ha decepcionado enormemente. La seductora historia de un personaje tan sórdido como Vlad el empalador, no sólo no da el juego que pretende, sino que se ve empobrecida por una historia pobre y unos personajes absurdos, cursis y repelentes, de los cuales no consigues retener ni una sóla palabra como creíble. Una pena, costará terminarlo, pero habrá que hacerlo". (MRenton)

"Una tomadura de pelo, ¿realmente ha estado esta señora 10 años, investigando?, no cobrara por horas (imagino). Con el original de Stoker, Los Dráculas (colección fábula de Tusquets nº 150) y una guía de Europa le habrian bastado seis meses". (Ángel)

"Que trabajito me ha costado terminarlo, vaya ladrillo. Lo que hace una buena promoción, pretendía la editorial que fuese otro filón como El Código da Vinci (igual de mala), pero no sé si lo va ha conseguir. La cuestión es que ya está en cabeza de los 10 más vendidos". (Lola)

"Coincido con la mayoría en que el libro es aburrido, y lento, muuuuuy lento, le sobran viajes, personajes y sobre todo libros con dragones. Otra vez he vuelto a picar con la dichosa campaña de promoción y ¡no aprendo oye! Me regalaron un libro por mi cumpleaños y me empeñé en cambiarlo por éste. Me está bien empleado". (Mertxe)

Hay muchas más, pero no hace falta seguir. Si alguien se había creído el camelo ese promocional de que es un "nuevo tipo de best seller" de digestión más lenta, que se desengañe ya. El libro está metido con calzador, no gusta a los lectores, pero lo van vendiendo con publicidad. Es un petardo.

De momento, las normas de don Pío Baroja siguen en pie: frase corta, párrafo breve, diálogos vivos. Y eso no lo cambian las promociones de nadie.

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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