11 de diciembre de 2003
Quién se lucra con lo que escribo
La gran paradoja de internet, y también la gran mentira, es la sensación de que las redes eliminan los intermediarios. Yo me recuerdo a mí mismo defendiendo a capa y espada el modelo de publicación digital ante las caras acartonadas de mis compañeros de facultad, allá por el año 2000, con el argumento de que era imperativo para los escritores eliminar los intermediarios que se interponían entre el escritor y sus lectores.

No sospechaba yo, encastillado como estaba en la soberbia por mi flamante licenciatura y matriculación en doctorado, lo lejos que estaba de la verdad. Después de tres años y medio publicando contenidos gratuitos en internet, puedo dar una lista de al menos 7 agentes que se han lucrado con mis escritos:

Terra, el proveedor que he utilizado para acceder a la Red y poder publicar.

Arsys, el ISP que ha dado alojamiento a MTX.

Los ISP de los lectores, que pueden ser con ADSL o con Tarifa Plana convencional.

Los diversos fabricantes y montadores de los ordenadores que mis lectores y yo hemos utilizado.

La compañía eléctrica, que cobra su pequeña cuota por la luz que se gasta.

Eventualmente, el fabricante de la impresora, el cartucho de tinta y los folios que se hayan podido utilizar para imprimir mis artículos o novela.

Las varias sanguijuelas espameadoras que de manera indirecta hayan podido aprovecharse de usuarios atraídos por páginas como la mía hacia internet. En esta categoría entran todos los negocios electrónicos, desde publicidad hasta tiendas on line. Todos beben del agua que los escritores gratuitos estamos moviendo.

¿Es entonces internet aquel bucólico lugar en el que no existía la nefasta figura del intermediario? Voy a ser justo: lo es en lo cultural, pero no lo es en absoluto en lo económico.

Internet vive en utopías, las genera a decenas y consigue retroalimentarse de ellas durante un cierto tiempo. Pero nunca enternamente. Antes o después la realidad acaba chocando con los ideales y haciéndolos estallar.

El perverso juego promocional en el que alguien anuncia una conexión a algo que ni genera ni controla ni financia sólo se ha dado en la Red. Los periódicos digitales se dejan las pestañas escribiendo a diario para mendigar exiguas prestaciones publicitarias, mientras sólo Telefónica es capaz de cobrar 40 euros al mes a cada uno de sus lectores por la conexión. Las tiendas de ordenadores, aprovechando que lo que dan es algo fijo, se embolsan un par de miles de euros por cada cliente. Sus márgenes de beneficio son más pequeños, pero su facturación mucho mayor.

De modo que, bien pensado, creo que va siendo hora de reformular el esquema escritor<|intermediarios|>lector por el de proveedores<|escritor|>lectores, en donde el escritor no es más que la hojarasca inevitable que queda en medio. Somos necesarios, pero tan abundantes e inagotables como el agua. Nadie va a pagar por un poco de agua, lo que se compran es una copa con cristal de Bohemia.

15:40:00 ---------------------  

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1 comentario:

roser:
Genial! me ha gustado mucho tu lucidez, dices lo que muchos no nos atrevemos porque nos deprimiríamos y nos entrarían ganas de no hacer nada, pero hay que tenerlo presente, no hay que perder de vista los cambios a los que apenas sin darnos cuenta nos hemos ido amoldando.

Un saludo,

Roser Amills
14 de julio de 2006 a las 02:05.  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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