20 de noviembre de 2003
Tercera República, una posibilidad real
Parece que a pocos les importa la cuestión de legitimidad de la Monarquía. Unos argumentan que "da estabilidad al estado", los otros que "yo pagaré los mismos impuestos", y algunos creen que la Democracia es un invento de la dinastía borbónica.

Pero esta cuestión de la legitimidad, que con viento a favor parece tan irrelevante, puede ser clave cuando vengan las tormentas.

En un principio las Monarquías se legitimaron por la voluntad divina, ayudadas por un clero bien alimentado y con privilegios. Juntos a ellos estaba la nobleza, con reservas de dinero y hembras casaderas para ayudar a mantener el statu quo.

Los ilustrados tendieron la trampa conceptual más sublime de la historia: ensalzaron al Rey llevándolo a concentrar todo el poder en su persona, mientras acababan con la idea filosófica de Dios para dar paso al positivismo. Luego sólo tuvieron que cortarle la cabeza al Rey y listos.

Hoy en día, en Inglaterra la Reina sólo se legitima por la tradición y por el pasado glorioso de su país. En España esa legitimación es muy distinta, y arranca de unas pseudoelecciones del Franquismo, refrendadas por el testamento del anciano dictador. En medio quedan una república y casi cuarenta años de régimen cristiano/militar.

De una guerra ilegal se sucedió un régimen ilegal que dio paso a la Monarquía. La Constitución fue votada después, y siempre con una parte innegociable impuesta por Juan Carlos I.

De modo que la situación es bien clara: la Monarquía española se legitima en su inmensa popularidad. Es la voluntad de los españoles lo que la mantiene. Si esa voluntad cambiase, nada podría evitar la Tercera República.

Es un dato muy a tener en cuenta después de dos repúblicas aclamadas por el pueblo. Al clero ya nadie le hace caso, la "sangre azul" es un chiste pasado de moda, la nobleza española es humillada por cualquier paparazzi. A la Monarquía española la protegen los medios de comunicación. Hay un decorado versallesco detrás de cada noticia relacionada con la Casa Real. Los lacayos pronto aparecerán maquillados con polvos de arroz y peluca engominada.

La Constitución Española, como todas, tiene fecha de caducidad. Con su juventud, ya sufre ataques frontales desde el País Vasco y Cataluña. Un buen día se abrirá un proceso constituyente, y puede que no precisamente por la "vía legal", sino por la de la voluntad general. Ahí tendrá España que plantearse la Tercera República como única forma de entrar en el siglo XXI y olvidar los ensueños imperiales que tantos muertos españoles han causado.

Progresivamente, a una velocidad que muchos no esperaban, un mensaje soterrado va cuajando en España: las cosas deben de cambiar, los que nacimos en los 70 queremos hacer nuestra propia Transición.

La República no es ni de derechas ni de izquierdas, es la hermana pequeña de la Democracia, hija del Estado de Derecho. Da vergüenza ver a los representantes del liberalismo español loando a los monarcas. Cuando cambie la dirección del viento, a cada uno habrá que echarle cuentas de sus servidumbres. Hoy loan la estabilidad que representa la santa institución, que pende de un óvulo, y mañana pueden estar cambiando de chaqueta debajo de la mesa. Sabremos detectarlos.

15:45:00 ---------------------  

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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