10 de marzo de 2003
Las fosas del olvido
Ayer en el programa 30 minuts, de TV3, hablaron de los represaliados por el régimen de Franco justo después de la guerra civil. Sobre todo hablaron del general Sagardía, uno de los más sanguinarios de toda la contienda, que fue el encargado de avanzar desde Burgos en dirección a Barcelona, atravesando Aragón y las montañas de Lleida.

Contaban los viejos que en muchos pueblos Sagardía no dejó a nadie para contar las matanzas. Acababa con mujeres, niños y todo lo que se pusiese por delante, y los enterraba en inmensas fosas comunes. Otras veces sólo mataba a los cabezas de familia y a los que hubiesen estado en el frente.

Los mismos lugareños reconocen que Sagardía no se hubiese ensañado tanto si no hubiese recibido denuncias de la misma gente de allí, que por envidia o por cualquier enemistad no dudaban en delatar a algún vecino, sabiendo que le iban a pegar un tiro en la cabeza. Me hizo pensar bastante eso, porque siempre hemos dicho en Valencia que los castellanos son envidiosos y traicioneros, pero no pensaba que llegaran a tanto. Además, lo de Lleida no lo entiendo: unos pueblos perdidos dentro de las montañas, ¿qué coño le importaría a aquella gente la Guerra Civil? El cruce de denuncias debió de enmarañarse tanto que Sagardía debió de optar por acabar con todos.

Por cierto, todavía en la carretera de Burgos a Santander está el monumento que se levantó a Sagardía. Tiene algunas pintadas, pero nadie se ha ocupado de quitarlo de allí. Digo yo que por algo será. Me resulta impensable que un monumento a un genocida estuviese todavía en pie en Valencia, por más chapuzas que haya sido la transición.

Otra de las cosas que me gustó fue lo que dijo uno de los familiares de los desaparecidos: "Ha habido movida madrileña y felices 80, pero bailando sobre una España sembrada de cadáveres".

Pero los cadáveres se van desenterrando. En la zona de Lleida están sacando cientos de huesos que se van reconociendo poco a poco. La gente vivía al lado de las fosas, e incluso a veces las lluvias los sacaban a la superficie y aparecía algún perro con uno de esos huesos en la boca. La gente, aun sabiendo que podían ser de un familiar, callaba miserablemente. Ahora por fin se han atrevido a reclamarlos, pero el Gobierno no ha dado ni un duro para esos trabajos (a pesar de que en Chile, Guatemala, Alemania y todos los países que han tenido dictaduras el Estado ha corrido con todos los gastos, además de indemnizaciones), tal vez porque muchos de los diputados del PP son hijos de los vencedores.

Y por cierto, uno de los que mataron a cientos de personas fue entrevistado delante de las cámaras. Era un abuelete que vivía en un pueblo, pero todavía gastaba maneras militares. Cuando lo apretó el sobrino de uno de los asesinados, que andaba por allí investigando, todavía tenía rabia para no negarlo: "¿Si tanto sabe usted, por qué pregunta?". No le faltó más que decir "sí, yo lo hice". El chico le preguntó: "¿No tiene usted miedo, si existe Dios, de subir allá arriba y encontrarse con mi tío?" y el viejo respondió, enrabietado: "¡Ninguno! No tengo ningún miedo". Y se largó. Todo eso está grabado, y los familiares de las víctimas han vivido con él 50 años en el mismo pueblo, y nadie ha hecho nada.

Yo muchas veces creo que no sólo eran miserables los que mataban, sino los que dejaban que matasen a sus hijos sin hacer nada y luego vivían años y años con esa gente sin hacerles nada. Si alguien matase a mi hijo, por más dictadura que hubiera, yo le pegaría un tiro en la cabeza sin contemplaciones. No viviría 50 años en la puerta de enfrente viéndolo vivir feliz. Y con mucha más razón cuando está demostrado que el ensañamiento se hizo con gran placer, porque se organizaban fiestas después de las matanzas (en las que, por cierto, las madres o hermanas de los asesinados actuaban como cocineras).

Pero por allí a nadie le quedaron ganas de seguir luchando ni de vengar a sus seres queridos. La Transición, tan ensalzada por Santiago Carrillo (otro que tiene deudas pendientes con Paracuellos del Jarama) y por otros grandes demócratas, se hizo sin memoria histórica. Al español medio le puedes preguntar sobre la Segunda Guerra Mundial y sabe que fue una atrocidad, pero le preguntas sobre la Guerra Civil Española y cree que fue un conflicto bélico de segundo orden. Pero un millón de muertos, más otros 100.000 represaliados después de la guerra no son ninguna broma en un país como España. Ahí quedan los huesos, a ver si a alguien se le enciende la llama de la vergüenza y deja claro que la libertad democrática no es sólo acostarse con la golfa de turno o hacerse gay, también hay algo que se llama justicia y verdad histórica.

16:32:00 ---------------------  

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1 comentario:

Anónimo:
Me gustaría de que ahora antes de unos y otros mueran. Se digan las cosas claras.
Pero si tenemos que esperar a todos nuestros politicos...

Tiene que ser el pueblo que clame justicia y paz final a los muertos.

Joan Antoni
10 de enero de 2007 a las 15:24.  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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