13 de noviembre de 2002
Es posible una Universidad mejor
Siguiendo con una de las entradas anteriores, y de forma menos pedante, podría seguir hablando de la Universidad que yo he conocido y de los problemas que creo que va a tener que afrontar dentro de poco. En la novela hablo largamente sobre eso, pero no me detengo mucho en los problemas económicos y políticos.

Económicamente, la Universidad española es un reino de Taifa. Cada una va recibiendo las subvenciones pero no da cuentas de lo que hace con ellas. Hace algunos años, el Informe Bricall hablaba de que la Universidad española es la que más independencia tiene en cuanto al destino del dinero, pero la que menos en cuanto a los ingresos. Es decir, aunque no era la que más gastaba, era la que menos cuenta daba del dinero que recibía y la que menos ingresos alternativos tenía. Bricall defendía un modelo de subvención basado en becas a los estudiantes, y una gestión universitaria más cercana a la de una empresa privada. Por supuesto, rápidamente se alzaron voces críticas que decían que se acabaría con la independencia universitaria y se aniquilaría la investigación.

Eso de la investigación es una de las banderas que utilizan los profesores universitarios para seguir haciendo lo que les da la gana. En la mayoría de los casos, cada uno investiga lo que le gusta. Otras veces hay grupos buenos montados, pero no están enfocados hacia la rentabilidad económica. Bricall hablaba de hace rendir económicamente la investigación, puesto que ya se tiene mano de obra muy cualificada gratuitamente y se dispone de los mejores profesores. De hecho, que las empresas privadas consigan rentabilizar sus investigaciones es una bofetada a la Universidad, porque todos esos han salido de su seno, y parece increíble que no se haya podido hacer lo mismo en los departamentos. Pero todavía se concibe la investigación como algo inútil a corto plazo, cuando en realidad la mayoría de investigaciones podrían ser rentables en el corto plazo.

En la parte de las letras, la investigación vale de muy poco. Nadie compra los libros que se publican, la mayoría de las veces ni tan siquiera se consiguen publicar, otras se subvenciona la publicación. Lo que yo me pregunto es por qué hay que subvencionar la publicación de algo: si la gente lo quiere pagará por ello, y si no, mejor no tirar el dinero. Si un libro no gusta a la gente y no lo compra ni lo lee, ya puedes sacar cinco mil ejemplares, que seguirá sin ser leído.

La cuestión es que los ríos de dinero que reciben las universidades deberían de estar bien controlados desde el Gobierno. Estoy seguro de que muchos dirán que los políticos no deberían de meterse en los asuntos universitarios, pero los políticos han sido elegidos por los ciudadanos, y los rectores han sido elegidos por sus amigos. Yo nunca he votado a un rector, pero sí que he estado bajo su influencia. En cambio a Aznar no le he votado nunca, pero he podido hacerlo si hubiese querido, y eso basta. Yo defiendo la intervención del Estado en la Universidad, y acabar ya con esos privilegios medievales, completamente obsoletos, que sitúan a la Universidad como un ente ajena a los poderes políticos. Eso sería antes de la aparición del Estado moderno. A partir del siglo XVIII, todo tiene que estar bajo en control del poder central. Si los nobles dejaron de tener privilegios, ¿por qué las universidades siguieron con sus antiguos fueros? Es una completa locura, pero claro, se hace por el bien de la "investigación". Cuando se hicieron esas leyes, no se investigaba nada. Simplemente, si querías ser alguien en una sociedad debías tener leyes propias.

La Universidad, para ser independiente, debería de autofinanciarse, y si los alumnos no pueden pagar las matrículas, entonces el Estado entrar a ayudarles mediante becas o créditos. A mí me gustan más las becas, porque es dinero que te dan y no devuelves, mientras que el crédito, tal y como está el tema laboral todavía en España para los jóvenes, va a ser jodido de devolver y al final se convierte en un fastidio. Con tasas de paro de licenciados por debajo del tres por ciento, como pasa en EE UU, que den los créditos que quieran, pero aquí hay que dar becas.

Una vez cortadas las subvenciones, también deberían de cortar los salarios y las plazas de funcionarios. Los profesores serían trabajadores de una empresa privada y cobrarían según su valía y experiencia, y por supuesto, según su facturación por docencia e investigación, o lo que es lo mismo, según si los alumnos se matriculan en su asignatura o no, y según se venda lo que él ha inventado dentro de su empresa. También debería de haber como mínimo dos profesores para cada asignatura, para que pudiera establecerse una competencia. Si una asignatura es troncal y se obliga al alumno a pasar por el aro de un profesor, no vale de nada la privatización.

Los precios de las matrículas también deberían de ser flexibles y competitivos. Alguien podría matricularse sólo por el derecho a examen, sin ir a clase, y salirle mucho más barato. Y alguien podría matricularse y alquilar un ordenador tantas horas a la semana, para completar sus clases.

Y una vez que vamos a ponernos las pilas alcalinas, podría también entrar competencia de otras universidades, ya sean españolas o extranjeras. La Universidad de Oxford podría montar una delegación en Valencia e impartir algunas titulaciones con profesores suyos. La gente podría sacarse una licenciatura en Derecho por la Universidad de Oxford sin salir de Valencia.

También, por qué no, podría haber titulaciones cursadas en más de una universidad, para poder matricularse con los mejores profesores en cada centro y luego tener un título común. Ese título, por supuesto, tendría que estar firmado por el Estado, lo mismo que en una autoescuela te enseñan pero quien emite el carnet es el Estado.

La otra parte importante es la gestión interna. Si una universidad se gestionara como una empresa privada, el consejo de accionistas debería de estar formado por los profesores, y el consejo de administración ser votado por el consejo de accionistas. El consejo de administración elegiría al rector. Pero si todos los votos de los profesores valen igual, queda desvirtuado el modelo. Las universidades deberían de salir a Bolsa y lanzar OPVs por más del 50% de su capital. Los profesores podrían vender sus acciones o mantenerlas, en principio recibirían su parte proporcional, pero poco a poco los porcentajes irían cambiando hasta haber paquetes de acciones que diesen el control de la empresa. A partir de ahí, las universidades tendrían un dueño, pero estarían completamente solas ante los clientes, que son los alumnos, y esos serían los que más saldrían ganando.

Por supuesto, como empresas privadas que serían, no tendrían ninguna exclusividad, y cualquiera podría montar una universidad y conseguir sus alumnos. No como ahora, que unas universidades tienen subvención y las otras hacen lo que pueden, que es muy poco porque los precios han de ser necesariamente mayores. Habría, por supuesto, universidades de varios precios, pero todas deberían de satisfacer a sus clientes si querían sobrevivir.

Una vez tomada esa medida, el nivel educativo en España subiría exponencialmente, y las demás empresas se verían beneficiadas. La mayoría de empresas podrían establecer convenios con las universidades para incorporar de forma preferente a los alumnos, no solamente formándolos en sus instalaciones (cosa que suele acabar en explotación), sino dando dinero directamente a las universidades.

Seguro que a muchos esto que estoy diciendo les parece exagerado, pero hoy en día el paradigma empresarial lo ha absorbido todo. Se puede estudiar en una universidad, pero se tiene que trabajar en una empresa. ¿Por qué no estudiar en una empresa? Al fin y al cabo, todos nos hemos formado en empresas privadas, y ni nos han tratado mal ni nos han dejado de enseñar. Las academias privadas han demostrado ser mucho más ágiles que las escuelas públicas, y están ganando mucho dinero, mientras los colegios públicos siguen un proceso paulatino de decadencia. Estudiar es una chorrada que uno hace durante cuatro o cinco años de su vida. Unas cuantas empresas privadas podrían dar ese servicios y ahorrarnos todos un montón de impuestos.

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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