21 de noviembre de 2002
El caso Alierta y la publicidad en la prensa
Hace días que leo en El Mundo las revelaciones que va haciendo sobre el supuesto uso de información privilegiada por César Alierta para hacerse con acciones de Tabacalera, la empresa que presidía, para luego venderlas con plusvalías millonarias. Su sobrino anda metido también en la trama.

El caso me pareció uno más de los muchos que ha destapado El Mundo, y estaba preparando una entrada para este diario, cuando hoy leo que las represalias de Alierta no se han centrado únicamente en presentar una querella contra Pedro J. Ramírez. Alierta ha recortado casi totalmente la publicidad de Telefónica en El Mundo. Para alguien que no conoce la prensa por dentro esto podría sonar como una anécdota, pero realmente, el hecho de que el primer anunciante de España le retire su apoyo a un medio de comunicación no es ninguna broma. No sé exactamente el dinero que puede perder el diario por eso, pero seguro que al final escuece mucho más que todas las querellas que les puedan poner.

Esto no es nuevo. Villalonga ya lo hizo en su momento. Pero en este caso el dinero perdido es mucho más. Aquí tenemos otro ejemplo de por qué la publicidad ha hecho que los medios de comunicación dejen de servir a sus lectores para servir a los anunciantes, y cómo un euro por un periódico es un precio muy caro si la información está adulterada.

Para explicarme un poco mejor: yo puedo ahorrarse un par de euros al comprar un periódico por la publicidad, pero luego ir a comprar acciones de Terra porque el periódico dice que la empresa va bien y partirme las narices y dejarme allí medio milón de pesetas. Me ha salido carísimo el periódico. Y así con todo lo que esté financiado con publicidad, donde no hacemos más que perder el tiempo dejándonos controlar, tragando información de baja calidad, cuando no totalmente falsa, por no admitir que realmente sí que somos vulnerables a esos mensajes.

En el caso de El Mundo el problema es el contrario, que no se deja influir por la publicidad a la hora de dar su información. Eso lo ha colocado como el segundo periódico con más tirada en España y con el que tiene mayor potencial de difusión (hace tiempo que digo que la gente que lee El Mundo es más joven y está mejor formada que la que lee El País, habría que ver si alguien ha hecho una encuesta). Esa política puede tener una consecuencia paradójica: ser el periódico que más lectores tiene y el que más dinero pierde. Cuando cierre La Razón de una vez (15.000 millones al año de pérdidas no se pueden aguantar mucho tiempo) El Mundo, con sus pérdidas de 4.000 millones, podría ser el periódico con más pérdidas y al mismo tiempo el más leído (las estadísticas dicen que recorta terreno con El País cada año). Tal vez ahora que se ha cerrado la página web, o por lo menos se va a cobrar por acceder (con lo que, siendo optimistas, podríamos esperar que ni perdieran ni ganaran aquí), esas pérdidas se recorten. Los suplementos que no generen suficiente publicidad también podrían ir al agua.

Eso me lleva a una pregunta que me está rondando por la cabeza últimamente: "¿Es posible un periódico sin publicidad?". La respuesta de cualquier empresario sería que no, y pondría las cuentas encima de la mesa y habría que admitirlo. Pero esa pregunta no la deben de responder los empresarios, sino los periodistas, que son los que al fin y al cabo hacen los periódicos. ¿Por qué el lector no puede pagar lo que vale de hacer un periódico y tener una información que ha sido elaborada para él y no para una empresa anunciante? Los periódicos no tendrían por qué tener tantas páginas, todos los suplementos podrían suprimirse, puesto que no sirven para mucho más que atraer publicidad, y muchas páginas intrascendentes también, que sólo sirven para hacer hueco para poder meter la publicidad. Las plantillas de los periódicos podrían reducirse, teniendo sólo a los buenos periodistas.

Un modelo de periódico no publicitario podría tener 16 páginas al día, y valer dos euros. Es un precio razonable, y seguro que en esas 16 páginas podría haber información suficiente para justificar el precio. Así eran antiguamente los periódicos, mucho más caros y con pocas páginas, y así es como consiguieron el éxito y el prestigio del que gozan ahora. Los periódicos digitales ya van por ese camino, que los usuarios paguen el periódico, una vez que está claro que la publicidad en internet no funciona, y sólo falta que den el paso al papel, que es donde mejor se lee la información, para tener esos periódicos funcionando.

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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