7 de octubre de 2002
San José María Escrivá
El Opus Dei ha conseguido, con una sorprendente rapidez, convertir en santo a su fundador. Los tecnócratas de la Obra habían ido consiguiendo cada vez más poder en el Vaticano, y se habían marcado el objetivo de canonizar a Balaguer antes del cambio de milenio. No ha podido ser, pero dos años después ya está conseguido el objetivo.

De hecho, el Opus ha sido siempre especialista en hacer posible lo que parecía imposible. En España, como ya cuento en mi novela, los jóvenes Ullastre y Navarro Rubio se marcaron el objetivo de integrar plenamente España en Europa, en medio del franquismo, de los restos de la autarquía y de una Falange que todavía dominaba las decisiones de Franco. Trabajaron casi a espaldas del dictador y, después de casi treinta años, su propósito podemos decir que se ha cumplido.

En el Vaticano hicieron otro trabajo semejante. Una institución medieval, que tenía una deuda creciente y un nulo poder de reacción, fue transformada de la mano del Opus en una multinacional que genera suculentos beneficios cada año. Empezaron a vender estampitas, figuritas, retransmitir vía satélite las misas del Papa, organizar peregrinaciones a módico precio... Sanearon la economía vaticana y, por supuesto, se han afianzado en el poder para poder hacer y deshacer a su antojo.

Porque el Opus rara vez ataca directamente, pero trabaja despacio y sin parar hasta conseguir lo que quiere.

¿Qué es el Opus Dei?
En realidad, el Opus Dei es la mano civil de la Iglesia. La idea de Escrivá de Balaguer, después de ver cómo se quemaban iglesias durante la República, y cómo la Iglesia se iba empobreciendo inexorablemente, fue adaptar la Iglesia Católica al capitalismo del siglo XX. Los miembros de la Obra se mueven como peces en el agua en las empresas privadas, por más salvaje que sea el capitalismo, ellos siempre salen a flote. De hecho, el liberalismo los ayuda.

¿Cómo puede ser que gente tan creyente gane tanto dinero y consiga tanto poder en un modelo de sociedad totalmente laico?

Sólo hay un secreto, la idea genial de Escrivá: El trabajo santifica. Cada miembro de la Obra ocupa su puesto de trabajo como si fuese la única vía de salvación. Por lo que en entornos competitivos el resultado es espectacular, puesto que la motivación que tienen es la máxima: ir al cielo mediante su rendimiento laboral.

Además, el dinero se puede reinvertir en los fines de la Iglesia, ya sean donaciones a los negritos o activos para su propia institución, porque el Opus nunca olvida lo mal que lo pasaron antes de la Guerra Civil, y nunca entrega todo su dinero, por lo que pudiera pasar.

En cuanto a su organización interna, el Opus se divide en numerarios y supernumerarios. Los numerarios cumplen el celibato, la austeridad y todo lo demás como si fueran verdaderos sacerdotes, pero trabajan en empresas privadas. Este tipo de santos civiles es al que tengo más admiración. No existe nada igual en ninguna ideología actual, ni partido político. Los numerarios del Opus, cada vez con más fuerza en la sociedad, representan un tipo de ciudadano extremadamente peculiar en el capitalismo actual. A veces los he comparado con los antiguos templarios, que eran una mezcla de guerreros y sacerdotes cuya única misión era recuperar los lugares santos de Palestina. Los numerarios del Opus serían una especie de guerreros del capital, con el fin de devolver a la Iglesia su poder económico y político.

No me caen tan bien los supernumerarios. Estos viven tranquilamente con sus familias, practican la religión yendo a misa y demás como toda la vida, y realizan jugosas donaciones a la Obra según van ganando dinero. Aquí hay de todo. Están los que verdaderamente trabajan para poder servir a la sociedad en general y después a su Obra, están los que pisarían a su madre por dar más dinero a la Obra, y están los que aparecen por allí para conseguir enchufes. De hecho, el Opus Dei sigue una intensa política de recomendaciones y endogamia en los puestos de trabajo importantes. Cuando el Opus Dei entra en una institución o empresa, pongamos por ejemplo una universidad, la llena toda de gente suya y acaba haciéndose el amo. En este sentido, se parecen un poco a los judíos.

El mundo supernumerario del Opus es el que menos claro está. Se entiende que no se debería de practicar el sexo hasta casarse, o que habría que acudir a todas las concentraciones. Pero cada uno hace lo que quiere o puede. Después cada uno monta su propia coartada para quitarse el complejo de culpa.

Todo el mundo en la Obra tiene un director espiritual. En el caso de los jóvenes supernumerarios, los directores espirituales juegan un papel importante. Les conducen en las parejas que deben tener, en los estudios a realizar, en las empresas donde trabajar, e incluso en las amistades que deben tener. Esa es otra característica importante del Opus: la libertad individual no está contemplada. Las funciones de cada uno están muy delimitadas, y la libertad sólo debe de servir para tener una dosis razonable de felicidad para poder seguir trabajando. Otra cosa es que estos directores espirituales, con toda la experiencia que tienen, suelen dar buenos consejos y se suelen equivocar poco. Además, suelen prestar buen consejo también en los momentos difíciles.

En cuanto a las mujeres, se ha tendido a la equiparación de los sexos, porque el Opus entiende que si prescinde de la mitad de su capital humano va a tener problemas, y hoy en día las mujeres pueden ser numerarias, y a las supernumerarios se las incentiva para que estudien y consigan buenos trabajos. Pero, lamentablemente, el machismo extremo de Escrivá de Balaguer sigue funcionando y a las mujeres se las considera de segunda categoría, y casi no se enteran de nada de lo que sucede dentro de la Obra. Se las trata como niñas, con gracietas y chistes, y se organizan juegos en las concentraciones donde ellas expresan un deseo en voz alta o mandan un mensaje a una persona querida. Estas mujeres pueden tener 25 años. También se tiende a casarlas pronto, lo cual me parece un gran acierto, porque el matrimonio se debe de disfrutar de joven, sobre todo si ya se tiene dinero.

Otro de los elementos importantes, y uno de los motivos por los que algunos consideran al Opus una secta, son las concentraciones, o "convivencias", como ellos las llaman. Periódicamente se organizan concentraciones en distintas ciudades de España y acuden los miembros a conocerse entre ellos y a seguir una especie de terapia de grupo. Una de las cosas que allí se organizan son los futuros matrimonios entre miembros de la Obra. Los curas traman las relaciones y luego van conduciendo a unos y a otros hacia ellas. Rara vez se equivocan, funcionan mejor que las agencias matrimoniales, y generalmente los matrimonios del Opus no se rompen y son felices.

Un poco más discutible es la "vela del santo", que es poner a las muchachas y muchachos toda la noche velando a un santo y rezando. Se van haciendo turnos, y siempre hay una sola persona cada vez. Si el santo se queda solo o el que reza se duerme, se le da un buen broncazo. Después de esto, y de las reuniones en las que se expresan sus deseos en voz alta o las experiencias pasadas, la gente sale de allí sugestionada para seguir perteneciendo a la Obra. También se tienen encuentros con los directores espirituales, que suelen levantar la moral de los muchachos y hacerles seguir en la línea recta.

Si alguien se salta alguna concentración, se le da un toque de atención. Si alguien falla a dos concentraciones, suenan las alarmas, se hacen llamadas telefónicas, se habla con sus padres, se pregunta el motivo, se investiga a sus amigos, se mira con qué chicas o chicos va, se vigila por si hay promiscuidad, se pregunta por dónde sale, se le llama para convencerlo, y sólo cuando ha renegado totalmente se le deja de molestar, aunque quedará en la lista negra de renegados y no podrá pedir ningún favor a ningún miembro del Opus, y en cuanto puedan le devolverán la bofetada, porque los tentáculos del Opus son muy largos.

Otra cosa que no está clara es que haya matrimonios mixtos. No es que estén prohibidos, pero si la otra persona cree en Dios, rápidamente le hacen ver las ventajas de meterse en el Opus y acaban convenciéndola. Si la otra persona no cree en Dios, hay un problema, y lo más aconsejable es romper esa pareja. Las concentraciones son un buen momento para hacerle ver a esa persona que "va por mal camino" y que su salvación puede peligrar.

Bueno, ahora ya sabéis algo más del Opus Dei. Respecto a él, le tengo mucha admiración, pero también muchas reservas. Lo que sí que tengo claro es que esta gente no va de broma, si quieres vencerlos en cualquier terreno te tienes que aplicar a fondo.

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"Mirar el río hecho de tiempo y agua
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