8 de octubre de 2002
El fin de los directivos estrella (II)
Los abusos de los directivos de las grandes empresas a nivel internacional han tenido también su correlato en España. La euforia de los años 1999 y 2000 en el sector tecnológico ha sido un excelente caldo de cultivo para las ansias megalómanas de este tipo de directivos, que engordaban su salario con una voracidad nunca conocida.

Juan Villalonga, por ejemplo, en los tres primeros años en que estuvo al frente de Telefónica tuvo a bien multiplicar por 12 su salario. Pasó de ganar 45 millones de pesetas en 1996 a 270 millones en 1998, para pasar a 530 millones en 1999, antes de ser sustituido por César Alierta. Villalonga gastaba también los mismos modos grandilocuentes cuando dirigía su empresa. Cuando su filial de internet Terra salió a Bolsa en el año 2000 vio crecer el valor de sus acciones exponencialmente, y no se lo pensó dos veces y se fue a EE UU a comprar nada menos que el portal Lycos, uno de los más grandes de toda la Red. También empezó a cotizar en el Nasdaq. Todos conocemos ahora cuál ha sido el fin de Terra, sufriendo un lento desplome de sus acciones desde los 140 a los 5 euros y costando un montón de dinero a Telefónica.

Ramón Carranza, director general de la mutua asistencial catalana L?Aliança, vio cómo la Conselleria d?Economia los destituía tras detectar que se estaba tirando al bolsillo unos demenciales 360.000 euros al año, además de otras irregularidades en la gestión.

Las cosas se han puesto calientes por aquí y algunos ya están tomando medidas para incrementar la transparencia. El maestro de todos los banqueros, Emilio Botín, declaró tranquilamente ante su consejo de accionistas que su salario alcanzaba los 2,52 millones de euros al año, entre sueldo bruto y retribución variable por objetivos, más 841.000 euros para su fondo de pensiones. Lo que no recibió fueron stock options, porque con el 3% del banco que controla debe de tener suficiente (con eso tiene asegurado el control del Santander). No mencionó Botín que su consejo de administración se embolsó 155,46 millones de euros, lo que sale a 5,76 millones por persona. Tal vez de ahí los eufóricos aplausos que recibió al declarar su sueldo, por lo poco que gana. También es verdad que el Santander no es una punto com, y obtuvo 2.486 millones de euros de beneficios en 2001, lo que la ha colocado como empresa más rentable de España. A quien le parezca que Botín cobra mucho, que piense que se supone que José Manuel Parada, el de Cine de Barrio, gana unos tres millones de euros, y por ahí debe de andar también María Teresa Campos en Telecinco.

Los directivos españoles, no obstante, están entre los peor pagados de Europa. Ganan un 23,11% menos que los británicos, por ejemplo, con un salario base medio de 67.787 euros. Mientras que los norteamericanos se embolsan casi el doble, 112.306 euros.

Consejeros
No sólo los directivos están en el ojo del huracán. Los consejeros también tienen mucha tela que cortar. De momento, se han aumentado sus retribuciones un 20%, mientras que las empresas del Ibex perdieron un 3,28% de sus beneficios, la mayor caída de la última década.

En general lo que impera es el secretismo. Los consejeros se enfadan cuando se intentan hacer públicos sus salarios, pero si además se habla de publicar el número de acciones que tienen empiezan a sudar. Muchos consejeros están cobrando remuneraciones desmesuradas y ni tan siquiera tienen acciones de la compañía que dirigen. Muchos de los ?desaccionados? se llevan un buen puñado de millones por asistir a una reunión mensual.

En el BBVA antes del escándalo de las cuentas secretas todos los consejeros juntos no sumaban ni el 0,5% de las acciones del banco. Si se tiene en cuenta que el consejo de administración de una empresa debe de actuar en representación de los accionistas, no se entiende qué era lo que representaban los que estaban allí. Pero la situación no era nueva, dado que sus predecesores consiguieron quedarse en los sillones durante un siglo con el mecanismo de la cooptación, es decir, que cuando un consejero salía, los demás elegían al sustituto (normalmente algún miembro de las familias de Neguri que dominaban el banco). Además, no faltaban tanto planes de pensiones como primas de salida, con lo que aunque los echaran, entre indemnizaciones y pensiones se quedaban cobrando toda la vida. El escándalo en los consejos de administración no es el dinero que cobran sino el ridículo porcentaje que tienen en el accionariado.

Y, como siempre, en internet es donde se cuentan los chistes más gordos: los amigos del consejo de administración de Jazztel, al ver que al empezar 2001 su compañía se encaminaba hacia el desastre, no dudaron en cuadruplicarse las remuneraciones, hasta 1.200 millones de pesetas, mientras las acciones caían un 97%. La mayoría de sufridos accionistas debieron de quedarse leyendo el periódico en busca de la ?esperada recuperación?, mientras los consejeros huían con un saco de billetes rumbo al Caribe.

[Publicado en El Boletín de Empresas del próximo lunes]

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"Mirar el río hecho de tiempo y agua
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y que los rostros pasan como el agua".
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