17 de septiembre de 2002
Nuevo/viejo periodismo
Acabo de leer en un artículo una interesante exposición sobre lo que se ha venido en llamar Nuevo Periodismo, engendrado sobre todo en los Estados Unidos.

La idea es hacer noticia de lo no noticiable, penetrar en los pequeños acontecimientos con crónicas y reportajes e informar desde otra perspectiva más interesante para el ciudadano. También se utiliza el estilo literario realista, inventado por los mismos periodistas hace 150 años.

De hecho, lo que está ocurriendo es que la literatura le devuelve al periodismo lo que un día le dio: el estilo realista. El problema era que el periodismo se había enfangado en un estilo frío y aburrido que no interesa a nadie, bien sea por falta de tiempo, bien por copiar lo que escriben las agencias, bien por falta de talento de quienes trabajan en los periódicos.

Es completamente necesario subir la calidad de lo que se escribe, porque aburre hasta a las ostras. Se ha estado buscando promocionar a unos y a otros de tal manera que los periódicos sólo hablan de lo que dicen los políticos y de lo que ganan las empresas. Si acaso, se critica a los políticos y se critica a las empresas, para favorecer intereses de terceros. Al lector se le tiene poco en cuenta.

Los periodistas son más dados a ir a comidas, cenas y meriendas con los empresarios que a visitar las empresas por sorpresa para ver lo que allí se hace. Tampoco hablando nunca con los empleados. Cuando van a una rueda de prensa y les regalan una corbata (a mí hoy me tenían que haber regalado una pero el que las fabrica llegó tarde) ya se creen los amos del mundo.

Otra de las cosas que no me gusta nada de los periodistas actuales es que se creen que los contactos lo son todo, que por saludar de vez en cuando a un empresario o irse a comer con él ya tienen una fuente de información buena.

Cuando empecé, el dueño del periódico entraba de vez en cuando y me decía "¡periodista de calle!" y se largaba. Otra vez volvía a entrar y exclamaba "¡a la calle, la noticia está en la calle!". El único no periodista del periódico, el empresario, era el único que tenía algo de idea de periodismo. La directora del periódico y las demás muchachas lo único que querían era estar allí en la oficina, recibirlo todo por fax o mail, si acaso llamar por teléfono a las de las agencias para tener una charlita, y de vez en cuando aparecer en algún convite de esos fastuosos para dárselas de grandes periodistas. A mí se me encomendó salir a la calle, meterme en los despachos, visitar las ferias.

Y entonces fue cuando me di cuenta de que el mundo es más ancho que internet. La información, antes de estar en internet o en los periódicos, ha estado en la realidad, y eso es lo que no tienen en cuenta algunos. Unos meses después, dos de esas muchachas quedaron libres (que es como llaman los americanos al despido).

Los novelistas chapuzas se "documentan" leyendo periódicos y páginas web. Tom Wolf o Richard Ford no se "documentan", se "informan", que es distinto. Si mi jefe decía que "la noticia está en la calle", yo digo que "la novela está en la calle".

Para Estructuras de control, por supuesto, hice varios viajes a Ontinyent bolígrafo en mano. También varios recorridos en coche por Valencia, aunque ya la conozco de memoria. Luego, por supuesto, me "documenté", pero antes hay que ir a la calle.

Me está interesando cada vez más la fusión de literatura y periodismo. Me gusta la literatura que informa, y me gusta el periodismo bien escrito. No me canso de recordarles a los periodistas que una chorrada bien escrita no parece una chorrada. El mismo reportaje, bien escrito, tiene diez veces más lectores y sobre todo convence al auditorio.

Tú puedes decir "20.000 subsaharianos subsisten en España por debajo del nivel de pobreza", y la gente asiente pero no queda convencida. Pero puedes decir "20.000 personas de raza negra buscan en los contenedores, piden limosna en las calles céntricas, duermen debajo de cartones, y envejecen prematuramente en condiciones miserables". He utilizado más palabras, pero ahora la gente sabe de lo que estoy hablando. Ahora los ve en su mente, se acuerda de habérselos encontrado por la calle. Ahora estos negros tienen una cara, y antes eran un número. Ese es el Nuevo Periodismo, el que todavía no se entiende en España.

Por su parte, la novela creía que con un buen estilo ya lo tenía todo hecho. Vamos a suponer que los escritores españoles escriben bien, que ya es mucho suponer, pero ¿solamente eso? No vale sólo con escribir bien, hay que sacarle provecho a lo que se lee. El lector agradece que las cosas estén bien escritas, pero quiere extraer información válida. Ahora mismo, con imaginaciones demenciales al estilo de Cien años de soledad no te comes una rosca. Si la novela no tiene un valor muy fuerte de verdad no interesa y no se compra. Luego los críticos dicen que la novela es buena, y concluyen que a los españoles no les gusta lo bueno. Un error demasiado viejo. A la gente sí que le gusta lo bueno, lo que pasa es que no pueden conocer a todos los escritores, y ahí los críticos deberían de ayudar, pero si sólo promocionan al que más llora no hacemos nada.

Los críticos viejos sirven para lectores viejos. Pero nuestra generación necesita críticos propios. Poco a poco se irán convenciendo de la importancia del valor de verdad. Según la novela vaya agonizando tendrán que surgir escritores que escriban cosas que interesen a la gente. Me resulta muy difícil pensar que nadie es capaz de escribir un libro de ficción que sea útil, que informe, y que se venda.

Pero, por supuesto, siempre suele pasar que nos parece muy nuevo lo que es muy viejo. Este Nuevo Periodismo, con reportajes de tipo literario sobre personajes anónimos, es el mismo que hacía Larra en el XIX, y también Galdós. Los reportajes de Larra ya los querría Tom Wolfe. No solamente era un maestro del estilo, sino que tenía la perspicacia de captar el detalle noticiable entre todos los demás hechos ordinarios.

Hablando del Nuevo Periodismo estoy defendiendo el periodismo de Larra y de los otros que se encontraron con una prensa recién nacida (como nosotros nos encontramos con internet) y tuvieron que inventar una forma de escribir adaptada al nuevo medio. No se les ocurrió otra cosa que buscar lo interesante para los lectores, decir la verdad, opinar con honestidad y escribir lo mejor posible. Y eso es lo que deberíamos de hacer los periodistas de ahora, y menos publicidad, comidas, convites (mientras escribía esto me acaban de traer una invitación para ir el viernes por la noche a la mejor discoteca de Valencia a la presentación de un equipo de rallies, y no lo digo para presumir sino para que veáis lo que se mueve por aquí, de hecho la invitación era para mis jefes, pero no quieren ir porque es muy tarde) y demás mamonadas que sólo sirven para atontarnos y que no encontremos la noticia verdadera. Y al final la gente dejará de leer periódicos porque no les saca el provecho y dejarán de invitarnos, claro.

Arriba el nuevo/viejo periodismo, el periodismo clásico, abajo las agencias de prensa, los departamentos de comunicación, la publicidad y la prensa gratuita.

17:17:00 ---------------------  

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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