25 de agosto de 2002
No hay Nueva Economía
Igual sería una buena idea hacer un repaso a lo mucho que ha pasado durante estos meses, en los que ha quedado desmantelado totalmente el concepto de "Nueva Economía".

La mayor auditora del mundo, Andersen, se hundía como un castillo de naipes por culpa del escándalo Enron. Resulta que los amigos de Enron, la mayor eléctrica de Estados Unidos, habían estado falsificando sus cuentas de resultados para no perder valor en Bolsa y poder seguir teniendo créditos de los bancos en buenas condiciones.

El tema escandalizó a los inversores, sobre todo después de que se supiera que uno de los empleados de Andersen, auditora de Enron, se dedicó nada más saltar el escándalo a destruir documentos vinculantes para su empresa.

La justicia americana tomó cartas en el asunto y dictó finalmente pena de muerte para Enron y algunas otras cosas para Andersen, que ahora no recuerdo. La cuestión es que los dos gigantes están ahora mismo muertos. Algo que parecía impensable unas pocas semanas antes.

La quiebra de Enron fue la mayor quiebra de la historia, pero por poco tiempo, porque los amigos de WorldCom muy pronto superarán esa cifra, con unos bonitos 100.000 millones de dólares.

El tema de WorldCom afecta muy directamente a las empresas de internet. Estos son quizá el paradigma de lo que se ha estado haciendo y todavía se hace en todo el mundo.

Después de muchos años de ser considerada una empresa modelo en el mercado de la telefonía fija local en Estados Unidos, habiendo crecido de forma impresionante en la última década, saltó la noticia de que tenían un desfase contable de 8.000 millones de dólares. Se habían estado contabilizando gastos ordinarios como inversiones, con lo que quedaban fuera del resultado operativo bruto (en inglés, ebitda). Eso implicaba que se declararan unos beneficios que no existían, aunque el resultado neto al final fuese el mismo (puesto que, tanto como inversiones como gastos se lo habían gastado igual).

El objetivo de esta estratagema era que los inversores vieran cifras positivas y siguieran invirtiendo en su empresa, al mismo tiempo que los bancos confiaran en la viabilidad de la empresa y siguieran prestándoles dinero para seguir creciendo a lo loco.

El responsable de todo el chanchullo fue el contable, un tal Sullivan, considerado hoy en día como el gurú de la "contabilidad creativa".

En principio se habló de que el agujero se podría tapar y que no pasaría nada. Pero faltaba un pequeño detalle: los bancos, con las nuevas cifras, creían que se debían de devolver los créditos inmediatamente, que se firmaron sobre unas cuentas de resultados falsas. Y los inversores, por su parte, viendo cómo los habían timado, no estaban dispuestos a darles a Sullivan y Ebbers ni un duro más, con lo que WorldCom se quedaba sin liquidez, con un pasivo brutal y con un debacle en Bolsa.

Después de estos dos escándalos, mucha gente se ha estado planteando qué coño es lo que publican las empresas cotizadas en Bolsa. Si un contable manipula las cifras y la auditora de más prestigio certifica la veracidad de las cifras (seguramente mediante propinas o comisiones bajo mano), ¿cómo se puede invertir en Bolsa? El pequeño inversor basa sus movimientos en la ilusión de que con la información podrá evitar los desastres, pero si la información está falseada, se siente desarmado, y huye de la Bolsa. Eso es lo que ha estado pasando en los últimos meses, incluso en España.

Ya no se quiere saber la rentabilidad del negocio al margen de las amortizaciones (eso era el ebitda). Una empresa puede tener un ebitda positivo pero deber tanto dinero que muy pronto se encuentre en quiebra. De hecho, endeudarse cada vez más es una forma muy fácil de mantener un ebitda positivo, aunque se esté abocando en el desastre.

A las tecnológicas les está costando mucho captar más dinero. Tanto las ampliaciones de capital como los créditos están cada vez más difíciles, la fuente del capital se ha secado, y hay que empezar a tener rentabilidad o cerrar las puertas.

Con estos dos escándalos seguramente se ha puesto fin a la característica principal de la Nueva Economía, el "capitalismo popular", entendido como la capacidad de Manolo el del Bombo de invertir en Telefónica y obtener rentabilidad. Las masas ya no van a invertir en la Bolsa, los ejecutivos de una empresa no van a manejar a su antojo a la muchedumbre de inversores ignorantes. Seguramente se les va a recortar mucho poder a los directivos.

Otro de los personajes importantes de estos meses ha sido Jean Marie Messier, el director de Vivendi Universal. Este gurú convirtió a un pequeño grupo editorial en el segundo gigante mediático de Europa. Pero a costa de un endeudamiento colosal y de unos riesgos inasumibles.

Pero Messier no ha devuelto nada del dinero que ha cobrado, sino que además reclama indemnización por su despido. Ha llevado al desastre a la empresa, mientras él se enriquecía, y al final no es responsable de nada.

En España, se conoció que el BBVA mantenía cuentas ocultas en paraísos fiscales, desde las que estuvo comprando acciones propias. Como aquí la corrupción no nos asusta mucho, nadie parece haberse alterado, a pesar de que Garzón ha iniciado un largo y sangrante juicio para la entidad. En todo caso, un motivo más para que la gente huya de la Bolsa, algo que meterá la puntilla a las empresas tecnológicas.

Ante todo esto, los problemas del 11 de septiembre parecen pecata minuta. El sistema se ha revelado corrupto y la regeneración tendrá que ser fuerte. La recuperación de Greenspan anunció en invierno parece alejarse por el momento y la recesión está otra vez al acecho. Además, Europa demuestra que no es capaz de tomar el relevo de Estados Unidos cuando a éste le falta fuelle, y tiembla cuando el euro sube.

Mientras el gobierno de Aznar está inmerso en la batalla por la sucesión, los sindicatos organizaron una huelga general que, aunque fue un fracaso, representa el inicio de las hostilidades laborales en España. Cada vez es más necesaria una reforma laboral en profundidad para competir en el exterior (y para que la gente joven podamos tener empleos bien pagados), pero los sindicatos, centrados en los obreros industriales con contratos fijos y estupendos convenios, no quieren ni oír hablar de recortar las prestaciones, aunque eso haga más fácil encontrar un empleo para los que están en el paro.

La Nueva Economía aquí también brilla por su ausencia, los teletrabajadores y los free lance no parecen ser muy numerosos, y los obreros de las fábricas parecen ser los que llevan la voz cantante en el mercado de trabajo, igual que en el siglo XIX.

En cuanto a la famosa banda ancha y el UMTS, la batalla ha quedado decidida: ADSL para las empresas y algunos particulares, fiasco de la fibra óptica, y congelación de los proyectos de UMTS.

A la gente le gusta lo inalámbrico, pero ya tiene móvil, y no necesita ni enviar imágenes ni jugar a los marcianitos. Todavía son muy caras las tarifas, para que nos cambien de nuevo el estándar. Al final, todo será inalámbrico, pero habrá que esperar unos cuantos años.

Está claro que, barridas del mapa las punto com, seca la fuente inversora, y en quiebra compañías que parecían de una prosperidad a prueba de bomba, nada queda de las ilusiones que muchos nos hicimos hace dos años.

Por supuesto, no faltará quien diga que todavía falta tiempo, que hay señales de recuperación, que el ADSL cambiará las cosas... Pero el castañazo es evidente, y la cara de tontos que les ha quedado a muchos también. No hay nueva economía porque, solamente con tener vieja economía ya nos podríamos dar con un canto en los dientes. El problema va a ser que todo el dinero que se ha perdido con la fiebre tecnológica va a faltar para afrontar los demás problemas y la economía general se resentirá de verdad (hasta ahora no ha dado más que avisos).

Quizá la mejor inversión en tecnologías que puedan hacer ahora mismo las pymes sea cortar en seco toda inversión y guardar ese dinero ahorrado para no tener que recortar la plantilla cuando el consumo se resienta verdaderamente. A partir de ahí, cuando llegue la recuperación estará en mejores condiciones que sus competidores. Es una idea.

17:23:00 ---------------------  

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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