11 de junio de 2002
Los rehenes de ONO
En octubre pasado me cambié de piso y decidí aprovechar la conexión con ONO que tenía la antigua inquilina. En aquel momento me pareció barata su conexión: 2.500 pesetas por una tarifa plana 24 horas, con la única condición de dar de alta el teléfono.

Pero lo primero que hicieron mis amigos de ONO fue apuntar mal mi DNI y no dejarme encargar el cable hacia mi habitación. Tampoco podía darme de baja, de modo que no podía hacer nada más que seguir pagando y esperar a que se actualizara sola su base de datos. Al final, después de mil vicisitudes, que incluyeron llamadas de mi hermana haciéndose pasar por la antigua inquilina, conseguí averiguar que el DNI que figuraba era el de la chica, pero el nombre el mío, con lo que cuando me preguntaban mi DNI yo decía el de ella y pude por fin conectarme a internet, después de pagar dos meses sin haber utilizado nada.

Pero yo pensaba que se habían acabado los problemas y que podría estar tranquilo, hasta que decidí dar de baja mi conexión y línea telefónica. El motivo era que no quería pagar las 7.000 pesetas que me costaba, pero sobre todo la ralentización en la conexión y las presiones para que me comprara banda ancha. Yo no soy un niñato que cree que con banda ancha es lo mismo que tomarse una pastilla de éxtasis. Yo he navegado en la Universidad de Valencia a más de tres megas por segundo desde hace bastantes años y me parece perfecto, pero no quiero pagar más por eso.

ONO ralentizaba la conexión más de un minuto, y el ancho de banda se iba reduciendo hasta los 3K. Además, subió el precio unas 1.500 pesetas sin previo aviso y se puso a cobrar sin más. Me informé en mi casa de lo que se paga por la conexión del teléfono, y yo estaba pagando más del doble. De modo que la tarifa plana de internet era barata, pero la conexión del teléfono era una estafa, directamente, y sin teléfono no hay internet, claro. Estaba claro que sólo podía tomar dos decisiones: banda ancha o cerrar la conexión. Y opté por cerrar la conexión.

A partir de ahí comencé la odisea que me ha llevado a ser declarado persona non grata en ONO y a escribir esta columna, como un primer paso hacia los cañazos que le van a caer a esta compañía, no sólo en internet sino en prensa escrita.

Cuando llamé a ONO y elegí la opción para darme de baja, nadie respondía al teléfono, aunque estuviese esperando 20 minutos. Al final opté por llamar con la opción de darse de alta y enseguida apareció una amable voz femenina. Le expliqué el problema y me dijo que me pasaba. Acto seguido alguien me colgó. Volví a llamar, esta vez cabreado, y le conté el tema a la otra telefonista. Esta vez me pasaron con la persona correcta y me indicó que debía enviar un fax con mi DNI, mi nombre y mi firma. En dos semanas como máximo estaría dado de baja, y en caso contrario me devolverían el dinero que había gastado de más.

Una vez pasadas las dos semanas del envío del fax, volví a llamar para ver si estaba dado de baja y la respuesta fue que no les constaba que hubiese enviado ningún fax, que lo volviera a enviar junto con el resguardo del envío del primer fax. Así lo hice, y volví a llamar para que me confirmaran que el fax había llegado, pero la operadora me dijo que ella no tenía acceso a la bandeja de entrada del fax, que la única solución era esperar.

A todo esto, ellos seguían cobrando las mensualidades. De forma que me informé en mi banco sobre la cuestión y me dijeron que podían bloquearles el acceso.

A partir de ahí, ya no cobraron más, aunque siguieron prestando servicio durante un mes, y enviándome la factura. Hasta que se dieron cuenta de que no iban a cobrar y recibí una carta intimidatoria en la que se me dice que tengo una deuda pendiente con ellos y que si no la pago no podré volver a darme de alta con ellos a no ser que pague los atrasos más una penalización.

Así es como terminó mi cautiverio con la compañía más deshonesta que me he encontrado. Ellos no han cobrado, aunque ha prestado servicio durante un mes, yo me he convertido en enemigo suyo, y no podré volver a darme de alta, con lo que es imposible que vuelva a ser cliente suyo aunque tenga ganas.

Es una estrategia de marketing digna de una empresa de telecomunicaciones. La misma estrategia de marketing que utilizaron al proclamar a los cuatro vientos que estaban tendiendo cables en las ciudades, para que cada vez que alguien no pueda aparcar o se encuentre el coche lleno de polvo relacione esas obras con ONO. Ahora mismo en Valencia los de Colt están tendiendo otra vez cables, y todo el mundo dice que son los malditos de ONO. Colt ya ha tenido el cuidado de no vender unas molestas obras como un gran favor a la sociedad. Una vez puestos los cables, publicitará lo que haga falta.

Lo único que se me ocurre con todo este episodio es que el nivel de endeudamiento al que ONO está sometido, unido al poco incremento en la cifra de clientes, sobre todo de los de margen alto, porque es verdad que ganan clientes en servicios de gama baja, pero con esos clientes no ganan casi nada, los está llevando a convertir a sus clientes en rehenes que no pueden dejar de pagar cada mes.

No sé quién será el inventor de esta inteligente estrategia, pero desde luego que su publicidad con gente manifestándose por las calles puede convertirse en premonitoria de las rebeliones de usuarios que van a tener que protestar donde sea cuando no les dejen darse de baja.

ONO no tiene visos de rentabilidad. Ha gastado una inmensa fortuna en tender cables bajo tierra, mientras que las tecnologías por satélite cada vez van siendo mejores y más baratas. Al mismo tiempo, se va descubriendo que los viejos cables de cobre pueden lanzar datos a más velocidad de lo que un usuario doméstico va a necesitar en mucho tiempo. Además, los proyectos para utilizar la red eléctrica para enviar datos están muy maduros y van a salir al mercado en breve.

Los avances deberían de haberse centrado en aprovechar el cable que ya existía para lanzar cada vez un mayor volumen de datos, y no en recablear todas las ciudades, una obra faraónica y ridícula que ha quedado obsoleta incluso antes de estar terminada.

16:14:00 ---------------------  

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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